1. Bildad.
Con esta breve respuesta de Bildad concluye lo que tenían para decir los tres amigos de Job, pues Zofar no intenta responder. El discurso parece ser el minucioso esfuerzo de uno que creyó que debía decir algo, pero que no sabía cómo refutar los argumentos de Job. Lejos de aceptar el desafío de éste, Bildad alude por completo al tema de la prosperidad de los impíos. Se limita a tratar sucintamente dos antiguos y gastados asuntos: el poder de Dios y la pecaminosidad común a todos los hombres. No proyecta, sin embargo, luz alguna sobre ninguno de estos puntos: mayormente repite lo que Elifaz ya había dicho (ver caps. 4: 17; 15: 14).
2. El señorío.
Job había reconocido plenamente la soberanía de Dios (cap. 23: 13); pero Bildad hacía declaraciones irreflexibles porque no sobrellevaba como Job, una prueba en la que estaba implicada su confianza en Dios.
El hace paz.
Esto parece señalar a Dios como la fuente de la armonía en las regiones celestes.
3. Ejércitos.
La más obvia interpretación de este término es que se refiere a las huestes de seres sobrenaturales (ver 2 Rey. 6: 16, 17; Sal. 68: 17; Dan. 7: 10; Mat. 26: 53; Heb. 12: 22). A semejanza de ejércitos, esas huestes llevan a cabo los mandatos de Dios.
¿Sobre quién no está su luz?
Ver Heb. 4: 13.
4. ¿Cómo pues se justificará el hombre?
Ni Bildad ni sus amigos ni Job podrían haber respondido a esta pregunta. Sólo en la era evangélica se recibió una revelación completa de los principios de la justificación por la fe (ver Rom. 3: 23- 25; Col. 1: 25-27).
5. Ni... será resplandeciente.
Bildad presume que tanto la luna como las estrellas son imperfectas cuando se las compara con Dios, su Creador. Siendo así, ¡cuán indigno debiera mostrarse el hombre! Lo que Bildad no sabía es que el ser humano a pesar de su fragilidad, es infinitamente más precioso a la vista de Dios que las obras inanimadas de la creación.
6. Que es un gusano.
Ver cap. 7: 5.
Con estas palabras, Bildad se proponía humillar a Job e impresionarlo con su pequeñez. Job necesitaba que lo animaran, no que se le recordara su debilidad. Así terminan los amigos de Job su defensa de la tradición: ¡hablando de gusanos! En su celo por defender una idea, se quedaron muy lejos de entender tanto a Dios como a su doliente amigo.
CBA T3
Con esta breve respuesta de Bildad concluye lo que tenían para decir los tres amigos de Job, pues Zofar no intenta responder. El discurso parece ser el minucioso esfuerzo de uno que creyó que debía decir algo, pero que no sabía cómo refutar los argumentos de Job. Lejos de aceptar el desafío de éste, Bildad alude por completo al tema de la prosperidad de los impíos. Se limita a tratar sucintamente dos antiguos y gastados asuntos: el poder de Dios y la pecaminosidad común a todos los hombres. No proyecta, sin embargo, luz alguna sobre ninguno de estos puntos: mayormente repite lo que Elifaz ya había dicho (ver caps. 4: 17; 15: 14).
2. El señorío.
Job había reconocido plenamente la soberanía de Dios (cap. 23: 13); pero Bildad hacía declaraciones irreflexibles porque no sobrellevaba como Job, una prueba en la que estaba implicada su confianza en Dios.
El hace paz.
Esto parece señalar a Dios como la fuente de la armonía en las regiones celestes.
3. Ejércitos.
La más obvia interpretación de este término es que se refiere a las huestes de seres sobrenaturales (ver 2 Rey. 6: 16, 17; Sal. 68: 17; Dan. 7: 10; Mat. 26: 53; Heb. 12: 22). A semejanza de ejércitos, esas huestes llevan a cabo los mandatos de Dios.
¿Sobre quién no está su luz?
Ver Heb. 4: 13.
4. ¿Cómo pues se justificará el hombre?
Ni Bildad ni sus amigos ni Job podrían haber respondido a esta pregunta. Sólo en la era evangélica se recibió una revelación completa de los principios de la justificación por la fe (ver Rom. 3: 23- 25; Col. 1: 25-27).
5. Ni... será resplandeciente.
Bildad presume que tanto la luna como las estrellas son imperfectas cuando se las compara con Dios, su Creador. Siendo así, ¡cuán indigno debiera mostrarse el hombre! Lo que Bildad no sabía es que el ser humano a pesar de su fragilidad, es infinitamente más precioso a la vista de Dios que las obras inanimadas de la creación.
6. Que es un gusano.
Ver cap. 7: 5.
Con estas palabras, Bildad se proponía humillar a Job e impresionarlo con su pequeñez. Job necesitaba que lo animaran, no que se le recordara su debilidad. Así terminan los amigos de Job su defensa de la tradición: ¡hablando de gusanos! En su celo por defender una idea, se quedaron muy lejos de entender tanto a Dios como a su doliente amigo.
CBA T3

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