INTRODUCCIÓN.-
Este salmo, el primero de siete salmos penitenciales (6, 32, 38, 51, 102, 130 y 143; ver la pág. 629), es profundamente personal. Maclaren comenta sobre este salmo: "Si alguna vez el latido de la angustia personal se expresó mediante lágrimas y palabras, lo hizo en este salmo". Lutero lo llamó "una oración penitencial por la salud del cuerpo y del alma". El salmista expresó aquí su agonía corporal y su tormento espiritual, cuando era escarnecido por los que sostenían que Dios lo había abandonado. Aunque se encontraba al borde de la muerte, oró con fervor para pedir socorro e insistir en que Dios lo oyera y lo redimiera. Como el Sal. 3, este salmo contiene un repentino y dramático cambio: en los vers. 8-10 la profunda melancolía se convierte en exultación. Ver en el Sal. 30 la descripción de una experiencia conmovedora similar.
Ver en las págs. 622, 633, 634 el comentario acerca del sobrescrito.
1. No me reprendas.
En la antigüedad comúnmente se consideraban la calamidad y la enfermedad como castigos divino por el pecado. El salmista, lleno de angustia, supone que Dios está disgustado con él y que por eso lo castiga; por tanto, suplica que se le dé su bien merecida reprensión, pero con misericordia y no con enojo (ver Jer. 10: 24). Los escritores del AT con frecuencia describen las actitudes y las acciones de la Deidad en lenguaje humano (ver com. Sal. 2: 4). En hebreo, la última palabra del vers. 1 termina con el sonido de la vocal larga i . Este sonido predomina en todo el salmo, sobre todo al final de muchos de los versículos, y constituye una interesante correspondencia de sonidos vocálicos que forman una asonancia, lo cual imparte al salmo un tono penitencial (ver pág. 629).
2. Estoy enfermo.
Literalmente, "estoy 650 marchito". "Estoy desfallecido" (NC, vers. 3). Este verbo se aplica con frecuencia al marchitamiento de las plantas (Isa. 16: 8; 24: 4, 7; Joel 1: 12).
Sáname.
Un pedido directo de curación física, aunque no se menciona ninguna enfermedad específica. Los huesos del salmista "se estremecen" (RVR) o "están desmoronados" " (RVR 1977). Se ve en esta declaración el intenso sufrimiento físico del salmista. Tiene todo el cuerpo atormentado por el dolor.
3. Mi alma también está muy turbada.
Pero la agonía mental es aún mayor que el dolor físico. David no puede alejar su mente la idea de que está padeciendo por causa del desagrado de Dios. Eleva la penetrante exclamación: "Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?" " En medio de sus esfuerzos por expresar aunque sea una vislumbre de esperanza de que Dios lo sanará, su humanidad de pronto se da cuenta de lo desesperado de su situación, y clama: " "¿Cuánto tiempo seguirá esta agonía hasta que pueda encontrar alivio?" " (ver Job 7: 2-4). Le parece como si Dios lo hubiera abandonado en su enfermedad. El cristiano puede hallar consuelo en el pensamiento de que los sufrimientos terrenales son insignificantes en comparación con la dicha del cielo (ver Rom. 8: 18; 2 Cor. 4: 17, 18).
4. Vuélvete, oh Jehová.
Ahora el salmista clama por liberación. La frase "mi alma" es idiomática, y aquí equivaldría a decir "líbrame a mí". Recurre a la misericordia de Dios, uno de los atributos del carácter divino (ver Exo. 34: 6; Núm. 14: 18; Sal. 86: 15).
5. No hay memoria.
Este versículo refuta la doctrina de un estado consciente entre la muerte y la resurrección (ver Sal. 88: 10; 146: 4; Isa. 38: 18).
6. Inundo de llanto mi lecho.
El insomne salmista, que llora "todas las noches" a causa de sus sufrimientos, se vale de una atrevida hipérbole en los vers. 6 y 7 para expresar la intensidad de su angustia. Parece que lo que lo había extenuado era una profunda angustia mental, además del dolor físico. Si este salmo fue escrito después de los problemas motivados por la rebelión de Absalón, sería fácil entender la angustia del padre que se ve privado de su hijo, de cuya vil ingratitud se asombra (ver el lamento de David por Absalón, 2 Sam. 18: 33; 19: 1-4). Compárese la patética expresión de David con la siguiente tomada de un poema religioso ugarítico (ver pág. 624): "Se aferró en la noche de su cama, mientras lloraba y dormía en sus lágrimas".
7. Todos mis angustiadores.
Quizá Absalón y sus compañeros.
8. Apartaos.
Una transición inmediata de la angustia al alivio. La luz irrumpe súbitamente en las tinieblas, como si el sol hubiera salido en la oscuridad de una noche sin luna. La confianza triunfa y el salmista, viendo por fe a sus enemigos esparcidos, les ordena que se retiren. Esta es fe en acción. Algunas veces Dios contesta nuestras oraciones antes de que terminemos de orar (ver Isa. 65: 24).
Jehová ha oído.
Dios oye el llanto causado por la aflicción y lo considera como la sincera oración del alma. Las palabras no son la parte esencial de la oración. Las lágrimas pueden expresar la indecible angustia del alma.
9. Jehová ha oído.
Es natural que el alma consagrada aumente su fuerza al repetir pensamientos de certidumbre y gozo. Por eso el salmista reitera su certeza a la que aludió en el vers. 8.
Ha recibido.
Ya que Dios ha oído su oración, el salmista descansa sin temor, sabiendo que Dios escuchará.
10. Se turbarán.
Heb. bahal. Es el mismo vocablo que se traduce "estremecen" en el vers. 2 y "turbada" en el vers. 3. El salmista pide que se confundan los planes de sus enemigos, también enemigos de Dios. Es correcto orar para que se entorpezcan las maquinaciones de los malos.
De repente.
Cuanto antes sean quebrantados los planes de los impíos, tanto mejor. El salmista ora para que sus enemigos retrocedan ante la frustración de sus esperanzas.
El Sal. 6 debería proporcionar un consuelo especial al que sufre por una intensa y aparentemente incurable angustia física o mental. "La oración cambia las cosas".
CBA T3
Este salmo, el primero de siete salmos penitenciales (6, 32, 38, 51, 102, 130 y 143; ver la pág. 629), es profundamente personal. Maclaren comenta sobre este salmo: "Si alguna vez el latido de la angustia personal se expresó mediante lágrimas y palabras, lo hizo en este salmo". Lutero lo llamó "una oración penitencial por la salud del cuerpo y del alma". El salmista expresó aquí su agonía corporal y su tormento espiritual, cuando era escarnecido por los que sostenían que Dios lo había abandonado. Aunque se encontraba al borde de la muerte, oró con fervor para pedir socorro e insistir en que Dios lo oyera y lo redimiera. Como el Sal. 3, este salmo contiene un repentino y dramático cambio: en los vers. 8-10 la profunda melancolía se convierte en exultación. Ver en el Sal. 30 la descripción de una experiencia conmovedora similar.
Ver en las págs. 622, 633, 634 el comentario acerca del sobrescrito.
1. No me reprendas.
En la antigüedad comúnmente se consideraban la calamidad y la enfermedad como castigos divino por el pecado. El salmista, lleno de angustia, supone que Dios está disgustado con él y que por eso lo castiga; por tanto, suplica que se le dé su bien merecida reprensión, pero con misericordia y no con enojo (ver Jer. 10: 24). Los escritores del AT con frecuencia describen las actitudes y las acciones de la Deidad en lenguaje humano (ver com. Sal. 2: 4). En hebreo, la última palabra del vers. 1 termina con el sonido de la vocal larga i . Este sonido predomina en todo el salmo, sobre todo al final de muchos de los versículos, y constituye una interesante correspondencia de sonidos vocálicos que forman una asonancia, lo cual imparte al salmo un tono penitencial (ver pág. 629).
2. Estoy enfermo.
Literalmente, "estoy 650 marchito". "Estoy desfallecido" (NC, vers. 3). Este verbo se aplica con frecuencia al marchitamiento de las plantas (Isa. 16: 8; 24: 4, 7; Joel 1: 12).
Sáname.
Un pedido directo de curación física, aunque no se menciona ninguna enfermedad específica. Los huesos del salmista "se estremecen" (RVR) o "están desmoronados" " (RVR 1977). Se ve en esta declaración el intenso sufrimiento físico del salmista. Tiene todo el cuerpo atormentado por el dolor.
3. Mi alma también está muy turbada.
Pero la agonía mental es aún mayor que el dolor físico. David no puede alejar su mente la idea de que está padeciendo por causa del desagrado de Dios. Eleva la penetrante exclamación: "Y tú, Jehová, ¿hasta cuándo?" " En medio de sus esfuerzos por expresar aunque sea una vislumbre de esperanza de que Dios lo sanará, su humanidad de pronto se da cuenta de lo desesperado de su situación, y clama: " "¿Cuánto tiempo seguirá esta agonía hasta que pueda encontrar alivio?" " (ver Job 7: 2-4). Le parece como si Dios lo hubiera abandonado en su enfermedad. El cristiano puede hallar consuelo en el pensamiento de que los sufrimientos terrenales son insignificantes en comparación con la dicha del cielo (ver Rom. 8: 18; 2 Cor. 4: 17, 18).
4. Vuélvete, oh Jehová.
Ahora el salmista clama por liberación. La frase "mi alma" es idiomática, y aquí equivaldría a decir "líbrame a mí". Recurre a la misericordia de Dios, uno de los atributos del carácter divino (ver Exo. 34: 6; Núm. 14: 18; Sal. 86: 15).
5. No hay memoria.
Este versículo refuta la doctrina de un estado consciente entre la muerte y la resurrección (ver Sal. 88: 10; 146: 4; Isa. 38: 18).
6. Inundo de llanto mi lecho.
El insomne salmista, que llora "todas las noches" a causa de sus sufrimientos, se vale de una atrevida hipérbole en los vers. 6 y 7 para expresar la intensidad de su angustia. Parece que lo que lo había extenuado era una profunda angustia mental, además del dolor físico. Si este salmo fue escrito después de los problemas motivados por la rebelión de Absalón, sería fácil entender la angustia del padre que se ve privado de su hijo, de cuya vil ingratitud se asombra (ver el lamento de David por Absalón, 2 Sam. 18: 33; 19: 1-4). Compárese la patética expresión de David con la siguiente tomada de un poema religioso ugarítico (ver pág. 624): "Se aferró en la noche de su cama, mientras lloraba y dormía en sus lágrimas".
7. Todos mis angustiadores.
Quizá Absalón y sus compañeros.
8. Apartaos.
Una transición inmediata de la angustia al alivio. La luz irrumpe súbitamente en las tinieblas, como si el sol hubiera salido en la oscuridad de una noche sin luna. La confianza triunfa y el salmista, viendo por fe a sus enemigos esparcidos, les ordena que se retiren. Esta es fe en acción. Algunas veces Dios contesta nuestras oraciones antes de que terminemos de orar (ver Isa. 65: 24).
Jehová ha oído.
Dios oye el llanto causado por la aflicción y lo considera como la sincera oración del alma. Las palabras no son la parte esencial de la oración. Las lágrimas pueden expresar la indecible angustia del alma.
9. Jehová ha oído.
Es natural que el alma consagrada aumente su fuerza al repetir pensamientos de certidumbre y gozo. Por eso el salmista reitera su certeza a la que aludió en el vers. 8.
Ha recibido.
Ya que Dios ha oído su oración, el salmista descansa sin temor, sabiendo que Dios escuchará.
10. Se turbarán.
Heb. bahal. Es el mismo vocablo que se traduce "estremecen" en el vers. 2 y "turbada" en el vers. 3. El salmista pide que se confundan los planes de sus enemigos, también enemigos de Dios. Es correcto orar para que se entorpezcan las maquinaciones de los malos.
De repente.
Cuanto antes sean quebrantados los planes de los impíos, tanto mejor. El salmista ora para que sus enemigos retrocedan ante la frustración de sus esperanzas.
El Sal. 6 debería proporcionar un consuelo especial al que sufre por una intensa y aparentemente incurable angustia física o mental. "La oración cambia las cosas".
CBA T3

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