INTRODUCCIÓN.
Mientras se hallaba fugitivo en el desierto de Zif, David se reanimó al recibir
la inesperada visita de Jonatán. Los dos amigos conversaron libremente, y allí
"ambos hicieron pacto delante de Jehová" (1 Sam. 23: 16-18). Después
de esta visita, David entonó el Sal. 11 (ver PP 717, 718). David expresó aquí
su absoluta fe en Dios en momentos cuando su vida peligraba y se sentía
apremiado a seguir huyendo. La estructura de este salmo muestra un interesante
ejemplo de interrupción, figura de retórica en que se pasa rápidamente de una
idea a otra, dejando inconcluso el sentido gramatical de las frases comenzadas.
El tema central es la declaración de la confianza del salmista en el cuidado de
Dios. Esta idea es interrumpida por las amenazas de los incrédulos (Sal. 11:
1-3). En hebreo, el lenguaje de este corto salmo, en que se usa mucho la
asonancia, es vívido, pujante y directo. Los sonidos vocálicos predominantes en
las terminaciones de los versículos varían de un versículo a otro. Se dice que
María, reina de Escocia, recitó el Sal. 11 de rodillas sobre el cadalso
mientras aguardaba el momento de su ejecución. En la hora de la prueba, este
salmo también puede expresar nuestra confianza en Dios.
Con referencia al sobrescrito ver la pág, 622.
1. He confiado.
Heb. jasah,
"buscar refugio". El salmo comienza y concluye (vers. 7) con una
expresión de absoluta confianza. El pensamiento se interrumpe en la mitad del
primer versículo.
¿Cómo
decís?
¿Cómo
podéis aconsejarme así cuando he depositado mi confianza en Dios? Este consejo
se registra hasta el final del vers. 3.
Mi
alma.
O sea
"yo", en la inflexión "me". Ver com. Sal. 16: 10.
Escape
al monte cual ave.
Quizá
sea un proverbio, usado para aconsejar a alguien a que busque en la fuga su
única seguridad. ¿Quién podrá hallar al pajarillo que se esconde en el matorral
o en las rendijas de las 664 rocas? Para los hebreos, esta representación pudo
haber sido muy vívida, pues muchas veces se habían refugiado en cuevas. David
vive seguro porque se ha refugiado en Dios. Esta idea aparece con frecuencia en
los salmos.
2. En oculto.
Literalmente
"en oscuridad";" de ahí, pues, secreta, traidoramente, cuando la
víctima no está en guardia. "En la sombra" " (BJ).
3. Fundamentos.
Pueden representar los principios básicos de un buen gobierno: la verdad y la
justicia. Si éstos son destruidos, ¿qué más podrán hacer los justos? Si el rey
y sus consejeros desprecian lo que debieran exaltar, el colapso será
inevitable, y el justo desvalido sólo hallará seguridad mediante la fuga. Pero
el salmista refuta esto en los vers. 4-6.
4. En el cielo.
Cf.
Hab. 2: 20. Puesto que Dios está en el cielo, nada teme el salmista. Los
perseguidos tienen un Protector a quien pueden recurrir siempre. El salmista
responde a sus consejeros con una convicción inequívoca: conoce a su Dios.
Sus párpados examinan.
Dios
examina las acciones de sus hijos; pero este escrutinio divino no debe alarmar.
En su amor y justicia, ve la esencia misma de la verdad. El hecho de que Dios
esté en el cielo no es incompatible con su preocupación por los seres que creó
en la tierra (ver Isa. 57: 15).
5. Prueba al justo.
Dios
prueba a todos, aun a los rectos; pero cuando aprueba a éstos, les asegura que
los cuidará.
Los
aborrece.
Por su
misma naturaleza, Dios encuentra aborrecible el mal, cuya presencia le resulta
odiosa en sus hijos. Esta idea se expresa en lenguaje humano, según el cual se
identifican el pecado y el pecador (ver Isa. 1: 14; ver com. Sal. 2: 4).
6. Calamidades.
Heb. paj, "trampa". " La traducción "brasas" "
(BJ) se obtiene cambiando el Heb. de pajim (plural) a pajame. Ese cambio se
basa en una mera conjetura. La LXX sigue el hebreo. Posiblemente se aluda aquí
a la destrucción de Sodoma y Gomorra (Gén. 19: 24, 28). Compárese con la
destrucción de los impíos cuando Cristo venga (Luc. 17: 29, 30).
Cáliz.
En forma figurada, Dios extiende a los impíos una copa para que beban. En la
antigua Grecia solía ordenarse a los condenados que bebieran de una copa que
contenía veneno. En la Biblia, la copa o cáliz a veces representa el fin de los
impíos (ver Sal. 75: 8; Apoc. 14: 10; 16: 19).
7. Ama
la justicia.
Los justos no tienen razón para temer, pues pueden
depositar su confianza en Dios. De este modo David vuelve al pensamiento que
había expresado en el vers.1.
El hombre recto mirará su rostro.
Se admitirá a los piadosos en la presencia de Dios
(ver com. Sal. 4: 6; también com. 1 Juan 3: 2: Apoc. 22: 4). Dice un cántico
cristiano:
"Cara a cara espero verle cuando venga en gloria
y luz; cara a cara allá en el cielo he de ver a mi Jesús".
La esperanza de que al fin disfrutaría de comunión con
Dios en el cielo, sostenía la fe del salmista en el cuidado diario de Dios.
CBA T3

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