INTRODUCCIÓN.-
EL Sal. 13 comienza con un lamento (vers. 1, 2), sigue con una plegaria (vers. 3, 4), y termina con una alabanza (vers. 5, 6). En este salmo David, aparentemente olvidado por Dios, se desespera por la diaria persecución de la cual es objeto. Ora fervientemente para que Dios lo auxilie y, en respuesta a su oración recibe una nueva provisión de fe y esperanza. La dramática transición de una etapa a otra hace de éste un poema notable. Tal vez David lo compuso frente a las permanentes pruebas que sufrió a manos de Saúl. Ejemplifica el hecho de que cuando la gente piadosa se siente olvidada por Dios, tiene el privilegio de clamar a él y de sentir la dulce seguridad de su cuidado.
Con referencia al sobrescrito, ver las págs. 622, 633.
1. ¿Hasta cuándo?
El salmista, sumido en dificultades que le parece que nunca terminarán, lanza este lamento tan humano. Es el clamor natural del cristiano que por largo tiempo ha sufrido sin murmurar, pero que finalmente llega al punto en que no puede 667 resistir más. En esas circunstancias, un cristiano puede tener la esperanza de experimentar la satisfacción expresada por el salmista al final de este salmo (vers. 5, 6).
Se afirma que Lutero dijo: " "La esperanza se desespera, y sin embargo la desesperación espera". " La primera etapa de la dificultad del salmista es el pensamiento de que Dios lo ha olvidado (ver Sal. 42: 9; 44: 24). Desesperado clama mientras pregunta si esta situación puede seguir para siempre. En los vers. 1 y 2 aparece cuatro veces la pregunta "¿Hasta cuándo?", para referirse a cuatro distintos aspectos de las tribulaciones del salmista. La segunda etapa de su dificultad es la idea de que Dios ha escondido su rostro de él (ver Sal. 30: 7). No podemos gozar de bendición mayor que la luz del rostro divino. Cuando nos parece que esa luz se ha retirado, nos sumimos en la desesperación. Compárese con la segunda frase de la bendición aarónica (Núm. 6: 25).
2. Pondré consejos.
Se refiere a los métodos que el salmista debe inventar a fin de escapar de su enemigo, que tal vez era Saúl. Esta es la tercera etapa de sus aflicciones: ¿hasta cuándo debe seguir haciendo planes, sin otro fin que la tristeza y el dolor?
Tristezas.
El pesar y la ansiedad de una persona abrumada por sus propios pensamientos.
Será enaltecido.
He aquí la cuarta etapa de las dificultades del salmista, cuando deja de lado el clamor de la desesperanza para orar en procura de alivio. Cuando lo vemos todo oscuro, necesitamos elevar la vista hacia la luz; pero sin permitir que la angustia del alma degenere en impaciencia. No es bueno que nuestras dificultades absorban toda nuestra atención. Bunyan, autor de El Peregrino, declaró: "Percibo que es una antigua artimaña del diablo hacer que el hombre piense demasiado en sus pecados".
3. Mira, respóndeme.
El lenguaje es enfático. En contraste con el vers. 1, y a pesar de sentir que Dios lo ha olvidado, el salmista lo llama "Dios mío".
Alumbra mis ojos.
"El ojo es la luz del alma". El ojo refleja nuestros sentimientos íntimos. La oración es el telescopio del alma. Permite la verdadera percepción.
Que no duerma de muerte.
Muchas veces se describe la muerte como un sueño (Job 3: 13; 7: 2 l; 14: 12; Dan. 12: 2; cf. Juan 11: 11; 1 Tes. 4: 13, 14).
4. Mis enemigos.
El salmista amplía su oración, y pide que Dios lo libre de todos sus, adversarios, y no sólo del que es el tema de este salmo. La plegaria da paso a la confianza.
5. He confiado.
La oración persistente obtiene la victoria sobre la depresión de los vers. 1 y 2.
Salvación.
Se refiere en primer lugar a ser liberado de las aflicciones del momento.
6. Cantaré.
El salmista cambia la desesperación de su pregunta "¿Hasta cuándo?", por un canto de alabanza. Mediante la súplica emerge de la tristeza cantando. La hebra áurea de la gratitud se entreteje en todos los salmos.
CBA T3
EL Sal. 13 comienza con un lamento (vers. 1, 2), sigue con una plegaria (vers. 3, 4), y termina con una alabanza (vers. 5, 6). En este salmo David, aparentemente olvidado por Dios, se desespera por la diaria persecución de la cual es objeto. Ora fervientemente para que Dios lo auxilie y, en respuesta a su oración recibe una nueva provisión de fe y esperanza. La dramática transición de una etapa a otra hace de éste un poema notable. Tal vez David lo compuso frente a las permanentes pruebas que sufrió a manos de Saúl. Ejemplifica el hecho de que cuando la gente piadosa se siente olvidada por Dios, tiene el privilegio de clamar a él y de sentir la dulce seguridad de su cuidado.
Con referencia al sobrescrito, ver las págs. 622, 633.
1. ¿Hasta cuándo?
El salmista, sumido en dificultades que le parece que nunca terminarán, lanza este lamento tan humano. Es el clamor natural del cristiano que por largo tiempo ha sufrido sin murmurar, pero que finalmente llega al punto en que no puede 667 resistir más. En esas circunstancias, un cristiano puede tener la esperanza de experimentar la satisfacción expresada por el salmista al final de este salmo (vers. 5, 6).
Se afirma que Lutero dijo: " "La esperanza se desespera, y sin embargo la desesperación espera". " La primera etapa de la dificultad del salmista es el pensamiento de que Dios lo ha olvidado (ver Sal. 42: 9; 44: 24). Desesperado clama mientras pregunta si esta situación puede seguir para siempre. En los vers. 1 y 2 aparece cuatro veces la pregunta "¿Hasta cuándo?", para referirse a cuatro distintos aspectos de las tribulaciones del salmista. La segunda etapa de su dificultad es la idea de que Dios ha escondido su rostro de él (ver Sal. 30: 7). No podemos gozar de bendición mayor que la luz del rostro divino. Cuando nos parece que esa luz se ha retirado, nos sumimos en la desesperación. Compárese con la segunda frase de la bendición aarónica (Núm. 6: 25).
2. Pondré consejos.
Se refiere a los métodos que el salmista debe inventar a fin de escapar de su enemigo, que tal vez era Saúl. Esta es la tercera etapa de sus aflicciones: ¿hasta cuándo debe seguir haciendo planes, sin otro fin que la tristeza y el dolor?
Tristezas.
El pesar y la ansiedad de una persona abrumada por sus propios pensamientos.
Será enaltecido.
He aquí la cuarta etapa de las dificultades del salmista, cuando deja de lado el clamor de la desesperanza para orar en procura de alivio. Cuando lo vemos todo oscuro, necesitamos elevar la vista hacia la luz; pero sin permitir que la angustia del alma degenere en impaciencia. No es bueno que nuestras dificultades absorban toda nuestra atención. Bunyan, autor de El Peregrino, declaró: "Percibo que es una antigua artimaña del diablo hacer que el hombre piense demasiado en sus pecados".
3. Mira, respóndeme.
El lenguaje es enfático. En contraste con el vers. 1, y a pesar de sentir que Dios lo ha olvidado, el salmista lo llama "Dios mío".
Alumbra mis ojos.
"El ojo es la luz del alma". El ojo refleja nuestros sentimientos íntimos. La oración es el telescopio del alma. Permite la verdadera percepción.
Que no duerma de muerte.
Muchas veces se describe la muerte como un sueño (Job 3: 13; 7: 2 l; 14: 12; Dan. 12: 2; cf. Juan 11: 11; 1 Tes. 4: 13, 14).
4. Mis enemigos.
El salmista amplía su oración, y pide que Dios lo libre de todos sus, adversarios, y no sólo del que es el tema de este salmo. La plegaria da paso a la confianza.
5. He confiado.
La oración persistente obtiene la victoria sobre la depresión de los vers. 1 y 2.
Salvación.
Se refiere en primer lugar a ser liberado de las aflicciones del momento.
6. Cantaré.
El salmista cambia la desesperación de su pregunta "¿Hasta cuándo?", por un canto de alabanza. Mediante la súplica emerge de la tristeza cantando. La hebra áurea de la gratitud se entreteje en todos los salmos.
CBA T3

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