INTRODUCCIÓN.-
Acosado por sus enemigos, el salmista con frecuencia suplicaba, en ferviente oración el favor de Dios. El Sal. 17 es una de esas oraciones en procura de la vindicación de los justos. David (ver PP 481; 5T 397) afirma en ella su confianza en que Dios oirá su plegaria, ruega que sea guardado en un mundo impío, y medita en su satisfacción cuando por fin vea a Dios cara a cara.
Con referencia al sobrescrito, ver la pág. 622.
1. Una causa justa.
O "justicia". Como David confía en que la justicia está de su parte, puede pedir la ayuda de Dios.
Clamor.
Heb. rinnah . Se usa tanto para un grito de algazara (Isa. 14: 7; 35: 10; 44: 23; etc.), como para un clamor de ruego (1 Rey. 8 : 28; Isa. 43: 14; Jer. 7: 16).
Labios sin engaño.
Literalmente, "labios de falsedad".
2. Mi vindicación.
David ruega a Dios que lo vindique o defienda de sus enemigos.
Rectitud.
Dios es ecuánime con todos, sean santos o pecadores.
3. Has probado.
O "examinado", "experimentado". David sostiene que Dios, después de probarlo, lo ha encontrado inocente.
De noche.
Durante las horas de oscuridad es cuando mucha gente trama maldad (ver Sal. 36: 4).
Puesto a prueba.
Heb. tsaraf , "refinar", "fundir", "derretir", como se purifica el metal en el fuego.
Mi boca.
Ver Sant. 3: 2. La resolución de David afectaba tanto su pensamiento como su acción.
4. La palabra de tus labios.
David se había librado del pecado por haber acatado la Palabra de Dios, y no por su propia fuerza (ver Sal. 119: 9).
5. Tus caminos.
En contraste con "las sendas de los violentos" (vers. 4).
No resbalen.
O "no tambaleen". Cuando nos encontremos en una situación como la del salmista, haríamos bien en orar para ser "firmes y constantes" (1 Cor. 15: 58). Un pecado que se fomenta puede hacer resbalar (ver PP 481). Sólo los principios puros pueden guiar por el camino correcto (ver 5T 397).
6. Me oirás.
Con fe cabal sigue orando David. El sabe que Dios oye.
Palabra.
Se refiere a la oración pronunciada, 675 no a la oración mental. El fervor de esta oración prueba que la primera parte del salmo no es meramente una jactancia de justicia propia.
7. Muestra tus maravillosas misericordias.
O "Haz que se distingan tus favores".
Tú que salvas.
Es imposible dejar de advertir alusiones al Salvador en las oraciones del salmista (ver Sal. 106: 21; cf. Isa. 19: 20; 49: 26). David conocía a su Redentor.
8. La niña de tus ojos.
Heb. 'ishon; literalmente, "un hombrecito". Tal vez se use este término para designar la pupila, porque en ella, como en un espejo, puede verse retratado en miniatura el que allí mira. La plegaria pide que Dios guarde al salmista como una persona se protege la vista. Compárese con una metáfora similar en Deut. 32: 10 y Prov. 7: 2.
La sombra de tus alas.
Esta frase, tan común en los salmos, recuerda al ave que protege a sus polluelos. Compárese con imágenes similares en Deut. 32: 11, 12 y Mat. 23: 37.
10. Grosura.
Heb. jéleb. Probablemente, en sentido original, la grasa del diafragma, de la raíz conjetural jalab , "cubrir". Por esto algunos han supuesto que jalab aquí representa el asiento de las emociones. "Han cerrado su craso corazón" (BC). La autoindulgencia endurece los sentimientos de los hombres y los hace indiferentes al sufrimiento humano.
11. Tienen puestos sus Ojos para echarnos por tierra.
Literalmente, "pusieron los ojos para derribar por tierra". Una actitud paralela a la de Saúl y sus hombres que, como cazadores en pos de su presa, mantenían los ojos fijos en los caminos por donde habían pasado David y sus compañeros.
12. Como león.
Como leones, los perseguidores del salmista estaban listos para saltar sobre su presa (ver com. Sal. 10: 8, 9). Este versículo es un notable ejemplo de paralelismo sinónimo. La segunda parte repite y embellece la idea de la primera frase.
13. Sal a su encuentro.
Preferiblemente, "enfréntalo".
Póstrales.
Literalmente, "hazlo postrarse".
Mi alma.
Ver com. Sal. 16: 10.
14. En esta vida.
Tales personas tienen como fin de su existencia la gratificación material. La satisfacción sensual es su máxima ambición y su única esperanza de recompensa (ver Luc. 6: 24; 16: 25). Por esto subordinan todo a sus intereses presentes y dejan a Dios fuera de sus cálculos.
Cuyo vientre está lleno de tu tesoro.
Los impíos logran su propósito. Son materialistas y prosperan en las cosas de este mundo. La vida futura no tiene cabida en sus pensamientos. Han perdido su derecho a la satisfacción eterna porque les interesa más la complacencia transitoria. Aquí se encuentra la respuesta parcial a una de las más profundas preguntas del creyente en Dios: "¿Por qué prosperan los impíos?" Su prosperidad sólo dura el breve lapso de esta vida, lapso que no tiene ninguna importancia cuando se lo compara con la prosperidad eterna de los justos.
Hijos.
Los antiguos habitantes del Cercano Oriente consideraban que los hijos constituían una bendición y que, cuanto mayor fuera su número, tanto más bendecidos eran (ver Sal. 127: 3-5). Por el contrario, el mayor infortunio era no tener hijos (ver Gén. 30: 1).
Sobra.
Tienen suficiente para sí mismos y para dejar herencia a sus hijos. Ver en Job 21: 7-11 un cuadro de prosperidad mundana.
15. En cuanto a mí.
Se presenta un vivo contraste entre el salmista y el mundano. En vez de envidiar al impío por sus placeres pasajeros, el salmista anhela tener la alegría de ver a Dios cara a cara (ver com. Sal. 16: 10, 11; ver también com. Sal. 13: 1). El compañerismo con Dios, la comunión con el Creador, es la mayor satisfacción del alma piadosa. Adquirir la naturaleza moral de Dios es el más excelso anhelo humano (ver 1 Juan 3: 2). Los elementos de 1 Juan 3: 2 se encuentran también en Sal. 17: 15: la satisfacción suprema, una gran transformación y una visión dilatada (ver Mat. 5: 8; Rom. 8: 29; Fil. 3: 21; Apoc. 22: 4). Todo esto prueba que el salmista creía en la resurrección de los muertos y en la vida futura.
Acosado por sus enemigos, el salmista con frecuencia suplicaba, en ferviente oración el favor de Dios. El Sal. 17 es una de esas oraciones en procura de la vindicación de los justos. David (ver PP 481; 5T 397) afirma en ella su confianza en que Dios oirá su plegaria, ruega que sea guardado en un mundo impío, y medita en su satisfacción cuando por fin vea a Dios cara a cara.
Con referencia al sobrescrito, ver la pág. 622.
1. Una causa justa.
O "justicia". Como David confía en que la justicia está de su parte, puede pedir la ayuda de Dios.
Clamor.
Heb. rinnah . Se usa tanto para un grito de algazara (Isa. 14: 7; 35: 10; 44: 23; etc.), como para un clamor de ruego (1 Rey. 8 : 28; Isa. 43: 14; Jer. 7: 16).
Labios sin engaño.
Literalmente, "labios de falsedad".
2. Mi vindicación.
David ruega a Dios que lo vindique o defienda de sus enemigos.
Rectitud.
Dios es ecuánime con todos, sean santos o pecadores.
3. Has probado.
O "examinado", "experimentado". David sostiene que Dios, después de probarlo, lo ha encontrado inocente.
De noche.
Durante las horas de oscuridad es cuando mucha gente trama maldad (ver Sal. 36: 4).
Puesto a prueba.
Heb. tsaraf , "refinar", "fundir", "derretir", como se purifica el metal en el fuego.
Mi boca.
Ver Sant. 3: 2. La resolución de David afectaba tanto su pensamiento como su acción.
4. La palabra de tus labios.
David se había librado del pecado por haber acatado la Palabra de Dios, y no por su propia fuerza (ver Sal. 119: 9).
5. Tus caminos.
En contraste con "las sendas de los violentos" (vers. 4).
No resbalen.
O "no tambaleen". Cuando nos encontremos en una situación como la del salmista, haríamos bien en orar para ser "firmes y constantes" (1 Cor. 15: 58). Un pecado que se fomenta puede hacer resbalar (ver PP 481). Sólo los principios puros pueden guiar por el camino correcto (ver 5T 397).
6. Me oirás.
Con fe cabal sigue orando David. El sabe que Dios oye.
Palabra.
Se refiere a la oración pronunciada, 675 no a la oración mental. El fervor de esta oración prueba que la primera parte del salmo no es meramente una jactancia de justicia propia.
7. Muestra tus maravillosas misericordias.
O "Haz que se distingan tus favores".
Tú que salvas.
Es imposible dejar de advertir alusiones al Salvador en las oraciones del salmista (ver Sal. 106: 21; cf. Isa. 19: 20; 49: 26). David conocía a su Redentor.
8. La niña de tus ojos.
Heb. 'ishon; literalmente, "un hombrecito". Tal vez se use este término para designar la pupila, porque en ella, como en un espejo, puede verse retratado en miniatura el que allí mira. La plegaria pide que Dios guarde al salmista como una persona se protege la vista. Compárese con una metáfora similar en Deut. 32: 10 y Prov. 7: 2.
La sombra de tus alas.
Esta frase, tan común en los salmos, recuerda al ave que protege a sus polluelos. Compárese con imágenes similares en Deut. 32: 11, 12 y Mat. 23: 37.
10. Grosura.
Heb. jéleb. Probablemente, en sentido original, la grasa del diafragma, de la raíz conjetural jalab , "cubrir". Por esto algunos han supuesto que jalab aquí representa el asiento de las emociones. "Han cerrado su craso corazón" (BC). La autoindulgencia endurece los sentimientos de los hombres y los hace indiferentes al sufrimiento humano.
11. Tienen puestos sus Ojos para echarnos por tierra.
Literalmente, "pusieron los ojos para derribar por tierra". Una actitud paralela a la de Saúl y sus hombres que, como cazadores en pos de su presa, mantenían los ojos fijos en los caminos por donde habían pasado David y sus compañeros.
12. Como león.
Como leones, los perseguidores del salmista estaban listos para saltar sobre su presa (ver com. Sal. 10: 8, 9). Este versículo es un notable ejemplo de paralelismo sinónimo. La segunda parte repite y embellece la idea de la primera frase.
13. Sal a su encuentro.
Preferiblemente, "enfréntalo".
Póstrales.
Literalmente, "hazlo postrarse".
Mi alma.
Ver com. Sal. 16: 10.
14. En esta vida.
Tales personas tienen como fin de su existencia la gratificación material. La satisfacción sensual es su máxima ambición y su única esperanza de recompensa (ver Luc. 6: 24; 16: 25). Por esto subordinan todo a sus intereses presentes y dejan a Dios fuera de sus cálculos.
Cuyo vientre está lleno de tu tesoro.
Los impíos logran su propósito. Son materialistas y prosperan en las cosas de este mundo. La vida futura no tiene cabida en sus pensamientos. Han perdido su derecho a la satisfacción eterna porque les interesa más la complacencia transitoria. Aquí se encuentra la respuesta parcial a una de las más profundas preguntas del creyente en Dios: "¿Por qué prosperan los impíos?" Su prosperidad sólo dura el breve lapso de esta vida, lapso que no tiene ninguna importancia cuando se lo compara con la prosperidad eterna de los justos.
Hijos.
Los antiguos habitantes del Cercano Oriente consideraban que los hijos constituían una bendición y que, cuanto mayor fuera su número, tanto más bendecidos eran (ver Sal. 127: 3-5). Por el contrario, el mayor infortunio era no tener hijos (ver Gén. 30: 1).
Sobra.
Tienen suficiente para sí mismos y para dejar herencia a sus hijos. Ver en Job 21: 7-11 un cuadro de prosperidad mundana.
15. En cuanto a mí.
Se presenta un vivo contraste entre el salmista y el mundano. En vez de envidiar al impío por sus placeres pasajeros, el salmista anhela tener la alegría de ver a Dios cara a cara (ver com. Sal. 16: 10, 11; ver también com. Sal. 13: 1). El compañerismo con Dios, la comunión con el Creador, es la mayor satisfacción del alma piadosa. Adquirir la naturaleza moral de Dios es el más excelso anhelo humano (ver 1 Juan 3: 2). Los elementos de 1 Juan 3: 2 se encuentran también en Sal. 17: 15: la satisfacción suprema, una gran transformación y una visión dilatada (ver Mat. 5: 8; Rom. 8: 29; Fil. 3: 21; Apoc. 22: 4). Todo esto prueba que el salmista creía en la resurrección de los muertos y en la vida futura.
CBA T3

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