INTRODUCCIÓN.-
Algunos han llamado al Sal. 29 el "Canto de la tormenta" o "Canto de los siete truenos". Representa a todos los salmos hebreos referentes a la naturaleza. El poeta hebreo nunca se satisface con describir únicamente la naturaleza: siempre ve en ella el poder y la gloria de su Creador. (El nombre de Dios [ Yahveh ] aparece 18 veces en este salmo.) Aquí se describe en forma vibrante una tempestad: su comienzo y su máxima intensidad, hasta que desaparece. La 707 estructura del poema presenta una esmerada simetría que puede apreciarse en el preludio (vers. 1, 2), en la descripción de la tormenta, en donde se repite siete veces la frase "voz de Jehová" (vers. 3-9), y en la conclusión (vers. 10, 11). Es toda una joya literaria.
Este salmo describe la furia de una gran tormenta que se origina en el mar, y va acompañada por vientos tempestuosos, truenos retumbantes y brillantes fulgores de relámpagos. La tormenta arranca del Mediterráneo, pasa por sobre las montañas del Líbano y del Antilíbano, y luego desaparece en el desierto oriental. En los documentos ugaríticos se encuentran numerosos paralelos con este poema (ver págs. 624, 625). Entre otros, pueden mencionarse la triple repetición de los vers. 1 y 2: dad. . . dad. . . dad. "Rendid. . . rendid. . . rendid" " (BJ). (En la RVR: "tributad", "dad", "dad".) En los vers. 4, 5 se repite tres veces seguidas la frase "voz de Jehová". También el empleo de los nombres "Líbano" y "Sirión" (ver com. Deut. 3: 9), en el vers. 6, se entiende mejor gracias al ugarítico. Por ese idioma se han aclarado algunos otros detalles de los vers. 6 y 8.
La tradición sostiene que durante el período del segundo templo se cantaba este salmo el último día de la fiesta de los tabernáculos. Hoy es uno de los salmos que se usa para recibir el sábado. En la sinagoga se lo recita el día sábado al devolver la Torah al arca ( Authorized Book of Daily Prayer , págs. 354, 355).
Con referencia al sobrescrito, ver págs. 622, 633.
1. Hijos de los poderosos.
Heb. bene'elim ; su traducción es incierta. La LXX traduce: "hijos de Dios" , lo cual posiblemente podría significar ángeles (ver com. Job 1: 6). La expresión paralela de Sal. 89: 6 (único pasaje adicional en los Salmos en donde aparece esta frase) parecería apoyar esta idea.
Gloria.
El salmista reconoce al Señor como el Dios de gloria y poder. El sustantivo "gloria" se emplea en el vers. 9 como culminación del salmo (ver Sal. 68: 34).
2. Hermosura de la santidad.
Literalmente, "en atavíos de santidad". Esta frase aparece de nuevo en Sal. 96: 9. Por sobre el adorno del cuerpo está la belleza del alma. Ninguna hermosura exterior puede compararse con la belleza de un carácter santo (ver 1 Ped. 3: 3, 4). Si la frase "hijos de los poderosos" se refiere a los ángeles (ver com. Sal. 29: 1), el salmista nos eleva hasta el cielo al pedir a los ángeles que alaben a Aquel cuyo poder se manifiesta en la tormenta, que inmediatamente se describirá.
3. Voz de Jehová.
En la enumeración sinfónica de los verbos de los vers. 3-9, el salmista sin duda describe lo que ha contemplado: la tormenta que sale del Mediterráneo, se desata con furia sobre el Líbano, luego desaparece en el este y deja finalmente el desierto en calma. Para él, el trueno es "voz de Jehová" (ver Sal. 18: 13), frase que se repite siete veces en los vers. 3-9.
Dios de gloria.
Cf. la expresión "Rey de gloria" (Sal. 24: 7-10). La palabra "gloria" se repite tres veces en Sal. 29: 1-3.
Muchas aguas.
O "grandes aguas" . " "inmensidad de las aguas" " (NC).
4. Con potencia.
El salmista ve ciertos atributos divinos manifestados en la tormenta.
Con gloria.
Literalmente, "en majestad". Comienza a oírse el retumbar de los truenos.
5. Quebranta los cedros.
La tormenta azota las montañas del Líbano, famosas por sus cedros; y la borrasca derriba esos inmensos árboles. Los rayos pueden haberse sumado a la destrucción haciendo añicos muchos imponentes cedros.
6. Los.
Este pronombre aparece en hebreo con la grafía - em y como un sufijo del verbo. Este enclítico es una forma gramatical arcaica que no fue comprendida por los eruditos judíos, los cuales desde el siglo Vll DC le añadieron las vocales al texto hebreo consonántico. En hebreo el pronombre personal tiene la misma escritura. El ugarítico (ver pág. 624) ha demostrado que el sufijo - em no debería traducirse. La traducción entonces sería: " "El hacer saltar al Líbano como un ternero, y al Sirión como un becerro salvaje". " (Ver BJ, BC, NC.) Bajo el impacto de la tormenta, las montañas del Líbano y el Sirión parecen saltar o hacer cabriolas.
Saltar como becerros. Ver Sal. 68: 16; 114: 4.
Sirión.
Nombre sidonio del monte Hermón, el más alto de la cadena del Antilíbano, cuya cima se eleva a unos 3.000 m sobre el nivel del mar (ver com. Deut. 3: 9).
Búfalos.
O "buey salvaje" (ver com. Sal. 22: 21).
7. Derrama llamas de fuego.
Literalmente, "corta", "separa con hachazos". Este versículo describe la velocidad zigzagueante de los relámpagos.
8. Desierto de Cades.
Antes de que se descubrieran los textos ugaríticos, se pensaba que este pasaje describía una tormenta que pasaba sobre toda Palestina, desde el Líbano por el norte, hasta Cades en el extremo sur, a unos 70 km al suroeste de Beerseba (ver Núm. 20: 16). Se creía que Cades era Cadesbarnea, lugar desde donde los hebreos enviaron espías a Canaán (Núm. 13: 17-20) y desde el cual el pueblo tuvo que volver al desierto por causa de sus murmuraciones (Núm. 14). Pero el ugarítico ha demostrado (ver pág. 624) que el "desierto de Cades" es otro nombre del desierto de Siria (ver com. vers. 3).
9. Desgaja las encinas.
El hebreo dice "hace parir las ciervos". Esto ocurriría evidentemente por temor a la tormenta. Ciertos poetas árabes, y también Plutarco y Plinio, registraron este fenómeno.
"Encinas" (RVR, Bj, BC, NC) en lugar de "ciervas" presenta un mejor paralelismo; pero es dudoso que 'ayyaloth, "ciervas", pueda considerarse como plural de 'ayil , "encina". Normalmente el plural de 'ayil es 'elim (ver Isa. 1: 29).
Su templo.
Es probable que no se refiera al tabernáculo, sino al mundo de las cosas creadas.
Todo.
O "todas las cosas": el trueno, los relámpagos, los árboles que caen, el estremecimiento del desierto, las hojas arrancadas de los árboles. Todo declara el poder y la gloria de Dios. "La tierra con sus mil voces alaba a Dios" (S. Taylor Coleridge). Cf. Sal. 19: 2. Es bueno que contemplemos con pavor los violentos fenómenos de la naturaleza, y que elevemos el corazón en alabanza al Dios de majestad y poder. El coro universal de alabanza nos recuerda la continua adoración de los serafines de la visión de Isaías (ver Isa. 6: 2, 3). Después del pináculo de la descripción de este versículo, la tormenta entra en bonanza, y el salmista vuelve a su tranquila meditación, afirma la soberanía de Dios y enaltece su maravilloso don de la paz.
10. Diluvio.
Algunos consideran que se refiere al diluvio de Noé, pero parece más natural considerar que el "diluvio" es la fuerte lluvia que acompaña a la tormenta y sus resultados.
Rey para siempre.
Así como Dios estaba en la tormenta que acaba de pasar, así también estará, para siempre, para presidir como absoluto soberano. En esta declaración se expresa una convicción que proporciona calma y confianza al alma después de la consternación y el tumulto de la tormenta.
11. Poder.
Ese Dios, cuyo poder se ve tan notablemente en la tormenta, es capaz, hasta lo sumo, de sostener a su pueblo (ver Isa. 40: 29-31).
Paz.
El más benigno de los dones que el cielo puede conceder a los mortales (ver Sal. 85: 8, 10; Juan 14: 27; Fil. 4: 7; 1 Tes. 5: 23). No hay palabra más dulce en ningún idioma. "Las tormentas de la guerra podrán rugir afuera, y la tierra ser azotada por la furia de sus ventarrones, pero en nuestros corazones . . . hay paz" (Winston Churchill). "La sinfonía que había llegado a un crescendo ensordecedor acaba con el más suave pianísimo" ( Comentario de Soncino, Sal. 29, pág. 84).
CBA T3
Algunos han llamado al Sal. 29 el "Canto de la tormenta" o "Canto de los siete truenos". Representa a todos los salmos hebreos referentes a la naturaleza. El poeta hebreo nunca se satisface con describir únicamente la naturaleza: siempre ve en ella el poder y la gloria de su Creador. (El nombre de Dios [ Yahveh ] aparece 18 veces en este salmo.) Aquí se describe en forma vibrante una tempestad: su comienzo y su máxima intensidad, hasta que desaparece. La 707 estructura del poema presenta una esmerada simetría que puede apreciarse en el preludio (vers. 1, 2), en la descripción de la tormenta, en donde se repite siete veces la frase "voz de Jehová" (vers. 3-9), y en la conclusión (vers. 10, 11). Es toda una joya literaria.
Este salmo describe la furia de una gran tormenta que se origina en el mar, y va acompañada por vientos tempestuosos, truenos retumbantes y brillantes fulgores de relámpagos. La tormenta arranca del Mediterráneo, pasa por sobre las montañas del Líbano y del Antilíbano, y luego desaparece en el desierto oriental. En los documentos ugaríticos se encuentran numerosos paralelos con este poema (ver págs. 624, 625). Entre otros, pueden mencionarse la triple repetición de los vers. 1 y 2: dad. . . dad. . . dad. "Rendid. . . rendid. . . rendid" " (BJ). (En la RVR: "tributad", "dad", "dad".) En los vers. 4, 5 se repite tres veces seguidas la frase "voz de Jehová". También el empleo de los nombres "Líbano" y "Sirión" (ver com. Deut. 3: 9), en el vers. 6, se entiende mejor gracias al ugarítico. Por ese idioma se han aclarado algunos otros detalles de los vers. 6 y 8.
La tradición sostiene que durante el período del segundo templo se cantaba este salmo el último día de la fiesta de los tabernáculos. Hoy es uno de los salmos que se usa para recibir el sábado. En la sinagoga se lo recita el día sábado al devolver la Torah al arca ( Authorized Book of Daily Prayer , págs. 354, 355).
Con referencia al sobrescrito, ver págs. 622, 633.
1. Hijos de los poderosos.
Heb. bene'elim ; su traducción es incierta. La LXX traduce: "hijos de Dios" , lo cual posiblemente podría significar ángeles (ver com. Job 1: 6). La expresión paralela de Sal. 89: 6 (único pasaje adicional en los Salmos en donde aparece esta frase) parecería apoyar esta idea.
Gloria.
El salmista reconoce al Señor como el Dios de gloria y poder. El sustantivo "gloria" se emplea en el vers. 9 como culminación del salmo (ver Sal. 68: 34).
2. Hermosura de la santidad.
Literalmente, "en atavíos de santidad". Esta frase aparece de nuevo en Sal. 96: 9. Por sobre el adorno del cuerpo está la belleza del alma. Ninguna hermosura exterior puede compararse con la belleza de un carácter santo (ver 1 Ped. 3: 3, 4). Si la frase "hijos de los poderosos" se refiere a los ángeles (ver com. Sal. 29: 1), el salmista nos eleva hasta el cielo al pedir a los ángeles que alaben a Aquel cuyo poder se manifiesta en la tormenta, que inmediatamente se describirá.
3. Voz de Jehová.
En la enumeración sinfónica de los verbos de los vers. 3-9, el salmista sin duda describe lo que ha contemplado: la tormenta que sale del Mediterráneo, se desata con furia sobre el Líbano, luego desaparece en el este y deja finalmente el desierto en calma. Para él, el trueno es "voz de Jehová" (ver Sal. 18: 13), frase que se repite siete veces en los vers. 3-9.
Dios de gloria.
Cf. la expresión "Rey de gloria" (Sal. 24: 7-10). La palabra "gloria" se repite tres veces en Sal. 29: 1-3.
Muchas aguas.
O "grandes aguas" . " "inmensidad de las aguas" " (NC).
4. Con potencia.
El salmista ve ciertos atributos divinos manifestados en la tormenta.
Con gloria.
Literalmente, "en majestad". Comienza a oírse el retumbar de los truenos.
5. Quebranta los cedros.
La tormenta azota las montañas del Líbano, famosas por sus cedros; y la borrasca derriba esos inmensos árboles. Los rayos pueden haberse sumado a la destrucción haciendo añicos muchos imponentes cedros.
6. Los.
Este pronombre aparece en hebreo con la grafía - em y como un sufijo del verbo. Este enclítico es una forma gramatical arcaica que no fue comprendida por los eruditos judíos, los cuales desde el siglo Vll DC le añadieron las vocales al texto hebreo consonántico. En hebreo el pronombre personal tiene la misma escritura. El ugarítico (ver pág. 624) ha demostrado que el sufijo - em no debería traducirse. La traducción entonces sería: " "El hacer saltar al Líbano como un ternero, y al Sirión como un becerro salvaje". " (Ver BJ, BC, NC.) Bajo el impacto de la tormenta, las montañas del Líbano y el Sirión parecen saltar o hacer cabriolas.
Saltar como becerros. Ver Sal. 68: 16; 114: 4.
Sirión.
Nombre sidonio del monte Hermón, el más alto de la cadena del Antilíbano, cuya cima se eleva a unos 3.000 m sobre el nivel del mar (ver com. Deut. 3: 9).
Búfalos.
O "buey salvaje" (ver com. Sal. 22: 21).
7. Derrama llamas de fuego.
Literalmente, "corta", "separa con hachazos". Este versículo describe la velocidad zigzagueante de los relámpagos.
8. Desierto de Cades.
Antes de que se descubrieran los textos ugaríticos, se pensaba que este pasaje describía una tormenta que pasaba sobre toda Palestina, desde el Líbano por el norte, hasta Cades en el extremo sur, a unos 70 km al suroeste de Beerseba (ver Núm. 20: 16). Se creía que Cades era Cadesbarnea, lugar desde donde los hebreos enviaron espías a Canaán (Núm. 13: 17-20) y desde el cual el pueblo tuvo que volver al desierto por causa de sus murmuraciones (Núm. 14). Pero el ugarítico ha demostrado (ver pág. 624) que el "desierto de Cades" es otro nombre del desierto de Siria (ver com. vers. 3).
9. Desgaja las encinas.
El hebreo dice "hace parir las ciervos". Esto ocurriría evidentemente por temor a la tormenta. Ciertos poetas árabes, y también Plutarco y Plinio, registraron este fenómeno.
"Encinas" (RVR, Bj, BC, NC) en lugar de "ciervas" presenta un mejor paralelismo; pero es dudoso que 'ayyaloth, "ciervas", pueda considerarse como plural de 'ayil , "encina". Normalmente el plural de 'ayil es 'elim (ver Isa. 1: 29).
Su templo.
Es probable que no se refiera al tabernáculo, sino al mundo de las cosas creadas.
Todo.
O "todas las cosas": el trueno, los relámpagos, los árboles que caen, el estremecimiento del desierto, las hojas arrancadas de los árboles. Todo declara el poder y la gloria de Dios. "La tierra con sus mil voces alaba a Dios" (S. Taylor Coleridge). Cf. Sal. 19: 2. Es bueno que contemplemos con pavor los violentos fenómenos de la naturaleza, y que elevemos el corazón en alabanza al Dios de majestad y poder. El coro universal de alabanza nos recuerda la continua adoración de los serafines de la visión de Isaías (ver Isa. 6: 2, 3). Después del pináculo de la descripción de este versículo, la tormenta entra en bonanza, y el salmista vuelve a su tranquila meditación, afirma la soberanía de Dios y enaltece su maravilloso don de la paz.
10. Diluvio.
Algunos consideran que se refiere al diluvio de Noé, pero parece más natural considerar que el "diluvio" es la fuerte lluvia que acompaña a la tormenta y sus resultados.
Rey para siempre.
Así como Dios estaba en la tormenta que acaba de pasar, así también estará, para siempre, para presidir como absoluto soberano. En esta declaración se expresa una convicción que proporciona calma y confianza al alma después de la consternación y el tumulto de la tormenta.
11. Poder.
Ese Dios, cuyo poder se ve tan notablemente en la tormenta, es capaz, hasta lo sumo, de sostener a su pueblo (ver Isa. 40: 29-31).
Paz.
El más benigno de los dones que el cielo puede conceder a los mortales (ver Sal. 85: 8, 10; Juan 14: 27; Fil. 4: 7; 1 Tes. 5: 23). No hay palabra más dulce en ningún idioma. "Las tormentas de la guerra podrán rugir afuera, y la tierra ser azotada por la furia de sus ventarrones, pero en nuestros corazones . . . hay paz" (Winston Churchill). "La sinfonía que había llegado a un crescendo ensordecedor acaba con el más suave pianísimo" ( Comentario de Soncino, Sal. 29, pág. 84).
CBA T3

Comentarios
Publicar un comentario