INTRODUCCIÓN.-
EL Sal. 51 es un salmo penitencial (ver pág. 629). David lo escribió "después de cometer su gran pecado [con Betsabé], en la angustia del remordimiento y la repugnancia de sí mismo" (Ed 160). "Es una expresión del arrepentimiento de David, cuando le llegó el mensaje de reprensión de parte de Dios; . . . un himno que había de cantarse en las asambleas públicas de su pueblo . . . [para] que otros se instruyeran por el conocimiento de la triste historia de su caída" (PP 784, 785). Es una oración en procura de perdón y de santificación mediante el Espíritu Santo. Acompañan a la petición votos de gratitud por la misericordia de Dios y promesas para el futuro. Quizá ningún otro pasaje del AT pinte un cuadro tan patético del pecador verdaderamente arrepentido que confía en el poder de Dios para perdonar y restaurar como esta descripción de la reacción de David. Este salmo debiera estudiarse en relación con 2 Sam. 12: 1-13 y Sal. 32.
El Sal. 51 fue uno de los preferidos de Juan Bunyan. Poco antes de ser ejecutada (1554), Lady jane Grey recitó este salmo de rodillas ante el cadalso.
Con referencia al sobrescrito, ver págs. 622, 633.
1. Ten piedad.
Con el corazón quebrantado al comprender su gran pecado contra Urías y Betsabé, y abrumado por el peso de su culpa, David clama a Dios implorando misericordia. En este ruego no hay ninguna excusa, ninguna disculpa, ningún intento de justificarse, ninguna queja contra la justicia de la ley que lo condenaba. Con verdadera humildad, David sólo se culpa a sí mismo.
Misericordia.
Ver la Nota Adicional, Sal. 36. Cuando no sentimos la enormidad del pecado, hablamos de justicia; cuando experimentamos la necesidad de un Salvador, hablamos de amor.
Multitud.
David podía confiar plenamente en la inmensa misericordia de Dios.
Borra.
Esto es, borrarlas del libro donde se conserva el registro de las acciones humanas (ver Exo. 32: 32, 33; Isa. 43: 25; 44: 22; Hech. 3: 19).
2. Lávame más y más.
O "lávame mucho" ; "lávame a fondo" (BJ) (ver Jer. 4: 14; Zac. 13: 1). El mismo verbo hebreo se usa también para hablar del lavado de las ropas (Gén. 49: 11; Exo. 19: 10).
Maldad.
Ver com. Sal. 32: 1, 2, donde aparecen los diversos términos con los cuales se describe el pecado en este versículo y en los siguientes. Se abarcan los diferentes aspectos del pecado.
4. Contra ti, contra ti solo.
David no pretendía decir con estas palabras que no había perjudicado a Urías y a Betsabé, sino que, en su sentido más profundo, todo pecado se comete contra Dios. Cuando Natán lo acusó, 765 David declaró: "Pequé contra Jehová" " (2 Sam. 12: 13). José también reconoció que, si cedía ante la tentación, pecaba contra Dios. " ¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?" " (Gén. 39: 9).
Lo malo delante de tus Ojos.
Cf. 2 Sam. 11: 27; 12: 9.
Para que seas reconocido justo.
Cuando Dios condena, no se puede acusarlo de injusticia (ver Rom. 3: 4).
5. En maldad he sido formado.
David reconoció que los niños heredan la propensión al mal (ver Job 14: 4; Sal. 58: 3; PP 45, 313; MC 288, 289; CS 588). Al aludir a su tendencia innata a hacer lo malo, no trataba de disculparse; simplemente explicaba su gran necesidad de la misericordia de Dios.
6. En lo íntimo.
Cf. Sal. 15: 2.
En lo secreto.
David anhela tener la sabiduría que lo guiará por un camino puro.
7. Purifícame.
De jata ', cuya forma simple (qal) significa "pecar", con la connotación de "errar el blanco". La forma del verbo jata' que se usa aquí (piel) significa "hacer expiación".
Con hisopo.
En la ley levítica se usaba el hisopo en las ceremonias de purificación (ver com. Exo. 12: 22; cf Lev. 14: 4; Núm. 19: 18). David reconocía que sólo un remedio de sumo poder purificador podía limpiarlo de su impureza.
Lávame.
Ver vers. 2; cf. Isa. 1: 16, 18. David estaba consciente del sentido espiritual de la ley ceremonial. El cristiano debe hacer suya esta oración de David cuando el pecado le hace errar el blanco (ver PVGM 162; PR 236).
8 Hazme oír gozo.
David anhelaba escuchar las dulces palabras del perdón divino (ver com. Sal. 32: 1, 2). Este era su deseo supremo.
Huesos.
Cf. Sal. 6: 2.
9. Esconde tu rostro.
Cf. Sal. 13: 1. David renueva su plegaria en busca de perdón con ferventísimos ruegos y con lágrimas.
Borra.
Ver com. vers. 1.
10. Crea.
Heb. bara' (ver com. Gén. 1: 1). Dios no solo limpia el corazón; crea en su hijo perdonado un nuevo corazón (ver Eze. 36: 26). "Las palabras 'os daré corazón nuevo significan:' Os daré una mente nueva'. Una clara convicción del deber cristiano siempre acompaña al cambio de corazón" (EGW RH 18-12-1913). El pedido de perdón siempre debería ir acompañado de un pedido para que Dios renueve y santifique el corazón (ver Jer. 24: 7; Eze: 11: 19; Rom. 12: 2; Efe. 2: 10; 4: 24).
Un espíritu recto.
"Un espíritu constante". David pide un espíritu que sea firme en su fe, constante en su obediencia. El salmista anhela poseer una naturaleza totalmente nueva, mental y moralmente. "David tenía el verdadero concepto del perdón" (DMJ 96) cuando pronunció esta oración. Esta debiera ser la petición de cada alma (PP 491).
11. No me eches.
Sólo se puede encontrar la verdadera felicidad en la presencia de Dios (ver Sal. 13: 1; 16: 1 ; 30: 7; cf. Gén. 4: 14).
Tu santo Espíritu.
Aunque comprendía que sus pecados habían contristado el Espíritu Santo, David pedía que no fuera privado de la conducción de ese Espíritu (ver Isa. 63: 10; cf. Efe. 4: 30).
12. Vuélveme.
David anhelaba que se le devolviera el gozo que había experimentado antes de su gran pecado.
Espíritu noble.
Mejor, "espíritu dispuesto". David pide a Dios que lo mantenga en un estado mental dispuesto a servirle.
13. Entonces enseñaré.
David se vuelve de los ruegos a las promesas. Promete enseñar a otros la malignidad del pecado para que abandonen sus malos caminos y busquen misericordia y perdón.
Tus caminos.
Ver Sal. 18: 21.
Se convertirán.
Gracias al ejemplo de David, muchos aprenderían que Dios concede misericordia a quienes abandonan sus pecados, sin tomar en cuenta las profundidades en que hubieran caído. Miguel Ángel escribió este texto como lema en su retrato de Savonarola.
14. Homicidios.
Sin duda ésta es una referencia directa al asesinato de Urías (ver 2 Sam. 11: 14-17). David ruega que la sentencia no recaiga sobre él.
Dios de mi salvación.
Ver Sal. 18: 46; 25: 5; 27: 9. David reconoce que sólo se puede encontrar salvación en Dios.
15. Abre mis labios.
El perdón del pecado y el alivio de la conciencia hacen que se abran los labios de los pecadores para pronunciar abundantes alabanzas (ver Sal. 40: 3).
16. No quieres sacrificio.
Ver com. Sal .40: 6-8; cf. Isa. 1: 11-17. La ley de Moisés prescribía la muerte como castigo para el homicida (Exo. 21: 12). Una simple ofrenda no bastaba.
17. Los sacrificios de Dios.
Es decir, los sacrificios que Dios aprueba.
El espíritu quebrantado.
El gozo por haber recibido el perdón no impide que se sienta tristeza y contrición por haber pecado (ver PR 57).
18. A Sión.
David ora para que el desagrado causado a Dios por su pecado no caiga sobre Sión (ver com. Sal. 48: 2), la ciudad que amaba de corazón. Es característico del salmista incluir a su pueblo en su oración (ver Sal. 25: 22; 28: 9). Quizá David añadió a este salmo los vers. 18 y 19, a fin de que esta plegaria de arrepentimiento, intensamente personal, fuera apta para el culto público (ver PP 784, 785).
Edifica los muros.
David pidió que nada interfiriera con los trabajos de fortificación de la ciudad sagrada (ver 2 Sam. 5: 9; 1 Rey. 3: 1; 9: 15, 16). La frase podría referirse, en forma figurada, al favor de Dios y a sus bendiciones.
19. De justicia.
Estos sacrificios, que se contraponen a los que aparecen en los vers. 16 y 17, son los sacrificios que Dios acepta: sacrificios de justicia (ver Sal. 4: 5), ofrecidos con el debido espíritu y el debido motivo.
Holocausto.
Las formas externas de la religión tienen su lugar. Fue Cristo quien instituyó la ley ceremonial (ver PP 381-383). Los diversos servicios prescritos en esa ley tenían gran valor como medios de instrucción. El pecado del pueblo consistió en hacer de esas formas externas lo principal de la religión. David reconocía el significado y el valor de los ritos y ceremonias del culto público cuando eran manifestaciones externas de un espíritu sincero. Deberíamos vigilar para que las partes externas del culto público conserven el espíritu de la adoración humilde. No hay nada malo en seguir ciertas formas de culto; el mal consiste en que falte una religión sincera que inspire esas formas rituales.
CBA T3
EL Sal. 51 es un salmo penitencial (ver pág. 629). David lo escribió "después de cometer su gran pecado [con Betsabé], en la angustia del remordimiento y la repugnancia de sí mismo" (Ed 160). "Es una expresión del arrepentimiento de David, cuando le llegó el mensaje de reprensión de parte de Dios; . . . un himno que había de cantarse en las asambleas públicas de su pueblo . . . [para] que otros se instruyeran por el conocimiento de la triste historia de su caída" (PP 784, 785). Es una oración en procura de perdón y de santificación mediante el Espíritu Santo. Acompañan a la petición votos de gratitud por la misericordia de Dios y promesas para el futuro. Quizá ningún otro pasaje del AT pinte un cuadro tan patético del pecador verdaderamente arrepentido que confía en el poder de Dios para perdonar y restaurar como esta descripción de la reacción de David. Este salmo debiera estudiarse en relación con 2 Sam. 12: 1-13 y Sal. 32.
El Sal. 51 fue uno de los preferidos de Juan Bunyan. Poco antes de ser ejecutada (1554), Lady jane Grey recitó este salmo de rodillas ante el cadalso.
Con referencia al sobrescrito, ver págs. 622, 633.
1. Ten piedad.
Con el corazón quebrantado al comprender su gran pecado contra Urías y Betsabé, y abrumado por el peso de su culpa, David clama a Dios implorando misericordia. En este ruego no hay ninguna excusa, ninguna disculpa, ningún intento de justificarse, ninguna queja contra la justicia de la ley que lo condenaba. Con verdadera humildad, David sólo se culpa a sí mismo.
Misericordia.
Ver la Nota Adicional, Sal. 36. Cuando no sentimos la enormidad del pecado, hablamos de justicia; cuando experimentamos la necesidad de un Salvador, hablamos de amor.
Multitud.
David podía confiar plenamente en la inmensa misericordia de Dios.
Borra.
Esto es, borrarlas del libro donde se conserva el registro de las acciones humanas (ver Exo. 32: 32, 33; Isa. 43: 25; 44: 22; Hech. 3: 19).
2. Lávame más y más.
O "lávame mucho" ; "lávame a fondo" (BJ) (ver Jer. 4: 14; Zac. 13: 1). El mismo verbo hebreo se usa también para hablar del lavado de las ropas (Gén. 49: 11; Exo. 19: 10).
Maldad.
Ver com. Sal. 32: 1, 2, donde aparecen los diversos términos con los cuales se describe el pecado en este versículo y en los siguientes. Se abarcan los diferentes aspectos del pecado.
4. Contra ti, contra ti solo.
David no pretendía decir con estas palabras que no había perjudicado a Urías y a Betsabé, sino que, en su sentido más profundo, todo pecado se comete contra Dios. Cuando Natán lo acusó, 765 David declaró: "Pequé contra Jehová" " (2 Sam. 12: 13). José también reconoció que, si cedía ante la tentación, pecaba contra Dios. " ¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?" " (Gén. 39: 9).
Lo malo delante de tus Ojos.
Cf. 2 Sam. 11: 27; 12: 9.
Para que seas reconocido justo.
Cuando Dios condena, no se puede acusarlo de injusticia (ver Rom. 3: 4).
5. En maldad he sido formado.
David reconoció que los niños heredan la propensión al mal (ver Job 14: 4; Sal. 58: 3; PP 45, 313; MC 288, 289; CS 588). Al aludir a su tendencia innata a hacer lo malo, no trataba de disculparse; simplemente explicaba su gran necesidad de la misericordia de Dios.
6. En lo íntimo.
Cf. Sal. 15: 2.
En lo secreto.
David anhela tener la sabiduría que lo guiará por un camino puro.
7. Purifícame.
De jata ', cuya forma simple (qal) significa "pecar", con la connotación de "errar el blanco". La forma del verbo jata' que se usa aquí (piel) significa "hacer expiación".
Con hisopo.
En la ley levítica se usaba el hisopo en las ceremonias de purificación (ver com. Exo. 12: 22; cf Lev. 14: 4; Núm. 19: 18). David reconocía que sólo un remedio de sumo poder purificador podía limpiarlo de su impureza.
Lávame.
Ver vers. 2; cf. Isa. 1: 16, 18. David estaba consciente del sentido espiritual de la ley ceremonial. El cristiano debe hacer suya esta oración de David cuando el pecado le hace errar el blanco (ver PVGM 162; PR 236).
8 Hazme oír gozo.
David anhelaba escuchar las dulces palabras del perdón divino (ver com. Sal. 32: 1, 2). Este era su deseo supremo.
Huesos.
Cf. Sal. 6: 2.
9. Esconde tu rostro.
Cf. Sal. 13: 1. David renueva su plegaria en busca de perdón con ferventísimos ruegos y con lágrimas.
Borra.
Ver com. vers. 1.
10. Crea.
Heb. bara' (ver com. Gén. 1: 1). Dios no solo limpia el corazón; crea en su hijo perdonado un nuevo corazón (ver Eze. 36: 26). "Las palabras 'os daré corazón nuevo significan:' Os daré una mente nueva'. Una clara convicción del deber cristiano siempre acompaña al cambio de corazón" (EGW RH 18-12-1913). El pedido de perdón siempre debería ir acompañado de un pedido para que Dios renueve y santifique el corazón (ver Jer. 24: 7; Eze: 11: 19; Rom. 12: 2; Efe. 2: 10; 4: 24).
Un espíritu recto.
"Un espíritu constante". David pide un espíritu que sea firme en su fe, constante en su obediencia. El salmista anhela poseer una naturaleza totalmente nueva, mental y moralmente. "David tenía el verdadero concepto del perdón" (DMJ 96) cuando pronunció esta oración. Esta debiera ser la petición de cada alma (PP 491).
11. No me eches.
Sólo se puede encontrar la verdadera felicidad en la presencia de Dios (ver Sal. 13: 1; 16: 1 ; 30: 7; cf. Gén. 4: 14).
Tu santo Espíritu.
Aunque comprendía que sus pecados habían contristado el Espíritu Santo, David pedía que no fuera privado de la conducción de ese Espíritu (ver Isa. 63: 10; cf. Efe. 4: 30).
12. Vuélveme.
David anhelaba que se le devolviera el gozo que había experimentado antes de su gran pecado.
Espíritu noble.
Mejor, "espíritu dispuesto". David pide a Dios que lo mantenga en un estado mental dispuesto a servirle.
13. Entonces enseñaré.
David se vuelve de los ruegos a las promesas. Promete enseñar a otros la malignidad del pecado para que abandonen sus malos caminos y busquen misericordia y perdón.
Tus caminos.
Ver Sal. 18: 21.
Se convertirán.
Gracias al ejemplo de David, muchos aprenderían que Dios concede misericordia a quienes abandonan sus pecados, sin tomar en cuenta las profundidades en que hubieran caído. Miguel Ángel escribió este texto como lema en su retrato de Savonarola.
14. Homicidios.
Sin duda ésta es una referencia directa al asesinato de Urías (ver 2 Sam. 11: 14-17). David ruega que la sentencia no recaiga sobre él.
Dios de mi salvación.
Ver Sal. 18: 46; 25: 5; 27: 9. David reconoce que sólo se puede encontrar salvación en Dios.
15. Abre mis labios.
El perdón del pecado y el alivio de la conciencia hacen que se abran los labios de los pecadores para pronunciar abundantes alabanzas (ver Sal. 40: 3).
16. No quieres sacrificio.
Ver com. Sal .40: 6-8; cf. Isa. 1: 11-17. La ley de Moisés prescribía la muerte como castigo para el homicida (Exo. 21: 12). Una simple ofrenda no bastaba.
17. Los sacrificios de Dios.
Es decir, los sacrificios que Dios aprueba.
El espíritu quebrantado.
El gozo por haber recibido el perdón no impide que se sienta tristeza y contrición por haber pecado (ver PR 57).
18. A Sión.
David ora para que el desagrado causado a Dios por su pecado no caiga sobre Sión (ver com. Sal. 48: 2), la ciudad que amaba de corazón. Es característico del salmista incluir a su pueblo en su oración (ver Sal. 25: 22; 28: 9). Quizá David añadió a este salmo los vers. 18 y 19, a fin de que esta plegaria de arrepentimiento, intensamente personal, fuera apta para el culto público (ver PP 784, 785).
Edifica los muros.
David pidió que nada interfiriera con los trabajos de fortificación de la ciudad sagrada (ver 2 Sam. 5: 9; 1 Rey. 3: 1; 9: 15, 16). La frase podría referirse, en forma figurada, al favor de Dios y a sus bendiciones.
19. De justicia.
Estos sacrificios, que se contraponen a los que aparecen en los vers. 16 y 17, son los sacrificios que Dios acepta: sacrificios de justicia (ver Sal. 4: 5), ofrecidos con el debido espíritu y el debido motivo.
Holocausto.
Las formas externas de la religión tienen su lugar. Fue Cristo quien instituyó la ley ceremonial (ver PP 381-383). Los diversos servicios prescritos en esa ley tenían gran valor como medios de instrucción. El pecado del pueblo consistió en hacer de esas formas externas lo principal de la religión. David reconocía el significado y el valor de los ritos y ceremonias del culto público cuando eran manifestaciones externas de un espíritu sincero. Deberíamos vigilar para que las partes externas del culto público conserven el espíritu de la adoración humilde. No hay nada malo en seguir ciertas formas de culto; el mal consiste en que falte una religión sincera que inspire esas formas rituales.
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