LA LEY COMO MAESTRA Lucas, Jorge y Billy conversaban acaloradamente en el pasillo. Había una especie de agitación en el aire y los tres la sentían. ¿Qué causaba esa extraña sensación que hacía que sus corazones estuvieran más acelerados de lo normal? |
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-Bueno, ¿no te parece que el Jefe nos impone demasiadas reglas? -sugirió Lucas-, Lo que quiero decir es que somos suficientemente grandecitos como para saber qué hacer sin que se nos indique cada paso que debemos dar.
-No sé a qué reglas te refieres -dijo Billy un poco inseguro-. A ver, dinos.
-¿En serio? -dijo Lucas con escepticismo- ¿De verdad crees que puedes hacer aquí lo que se te venga en gana?
-Siento que puedo hacer lo que quiero -dijo Billy, encogiéndose de hombros-. Nadie me puede obligar a hacer nada.
-¿De verdad? -exclamó Lucas-. Bueno, ¿sabías que esta1 tarde nos llamaron a una reunión, no?
-Sí -dijo Billy.
-No vengas -añadió Lucas.
-Pero -dijo Billy un tanto nervioso-, yo no quiero faltar. ¡Quiero ir!
-¿Lo ves? -exclamó Lucas en tono triunfante- El Jefe te tiene tan engañado que crees que quieres hacer exactamente lo que él te pide que hagas. Estás esclavizado, y ni siquiera lo sabes.
-¡No lo estoy!
-Claro que sí.
-¡Claro que no!
-Bueno, entonces no vayas hoy a la reunión -volvió a decir Lucas.
-Perfecto, ¡no iré! -concluyó Billy.
La extraña sonrisa de Lucas hizo que Billy se sintiera incómodo.
-Ya veremos qué tan libre estás esta tarde -añadió Lucas.
Y con eso, se alejó, dejando a Billy y a Jorge solos.
Jorge habló primero:
-No me gustó nada esta conversación. Nunca te había escuchado hablar así. Me siento raro. No creo que debamos hablar así.
Billy permaneció callado un buen rato antes de decir:
-No sé. Tal vez Lucas tenga razón. Si nunca hacemos algo que el jefe desaprueba, ¿cómo podemos saber si somos realmente libres de hacer lo que queremos? Tal vez solo seamos esclavos: goncéntrate en tu trabajo, sonríe políticamente, haz esto* haz aquello. ¿Alguna vez te has sentido como un robot?
-¡No! -respondió Jorge.
-Bueno, mírate -dijo Billy- ¿Cuándo fue la última vez que decidiste hacer algo diferente de lo que quería el Jefe?
Jorge se quedó callado.
-Bueno... creo que nunca, supongo. Creo que nunca lo he hecho -dijo Jorge.
-¿Lo ves? -dijo ahora Billy triunfante- No estás pensando por ti mismo y ni siquiera te das cuenta de ello.
-Pero estoy de acuerdo con el Jefe -replicó Jorge.
-¿Cómo sabes que estás de acuerdo si no se te permite estar en desacuerdo?
-Bueno, bien podría estar en desacuerdo -dijo Jorge filante.
-¿Podrías?
-Creo que sí.
-¿Ves? Tienes miedo de estar en desacuerdo. El Jefe te ^ene en la palma de la mano.
Jorge se sintió entrampado. Estaban tergiversando lo ^Ue decía y se sentía cada vez más incómodo.
-No me gusta lo que estás diciendo -dijo.
-Y ¿sabes por qué no te gusta lo que digo? -respondió Üly.
-No. Simplemente me parece extraño.
-Mira, Jorge, eres solo un esclavo emocional de la Or-l^nización. No puedes pensar por ti mismo. No eres libre.
un robot. El hecho de que yo pueda hacer preguntas V ofrecer algunas críticas demuestra que soy un pensador ^dependiente. Jorge, ¿no te das cuenta de que Lucas tiene r5zón? Él quiere ayudar ai Jefe y a todos. Creo que las co-sas serían mucho mejores por aquí si hubiera un poco más libertad. Yo no voy a ir a esa reunión esta tarde.
La reunión se realizó según lo planeado, y Billy no fue. :°rge estaba presente, pero su mente estaba en otra parte.
preguntaba qué estaría pensando el Jefe y qué estaría faciendo Billy. No esperaba ver a Lucas, pero allí estaba, [°do sonriente. Como líder, habría sido demasiado obvio si hubiera faltado.
La emoción que Billy había experimentado esa mañana se desvaneció un poco mientras se preguntaba qué ^acer con su vida mientras todos estaban en la reunión.
sentía incómodo, allí solo, mientras todos los demás estaban en la reunión. Pensó en meterse debajo de su escritorio, pero ¿y si alguien lo veía? Quedaría como un tonto. Así que, simplemente se sentó, preguntándose qué estaría basando en la reunión.
Y así, Lucas, o Lucifer, extendió el descontento en un ambiente celestial perfecto, y la emoción del pecado cautivó a algunos. A todos los ángeles les quedó claro que había una ley en el cielo. Lucifer afirmó que no había necesidad de una ley, que los ángeles deberían ser libres de seguir su propia voluntad en lugar de estar sujetos a restricciones innecesarias. Por primera vez, hubo conflicto en el cielo y se rompió la armonía perfecta del Reino celestial.
"El pecado se originó en el egoísmo. Lucifer, el querubín cubridor, deseó ser el primero en el cielo -nos dice Elena de White-. Trató de obtener el control de los seres celestiales, apartándolos de su Creador, y granjearse su homenaje para sí mismo. Para ello, representó falsamente a Dios, atribuyéndole el deseo de la autoexaltación".1 El egoísmo es el núcleo de todo pecado; el agujero negro de la búsqueda del predominio, ya sea en una relación matrimonial, en un negocio o al conducir de manera agresiva tu automóvil.
Lucifer continúa hoy retratando el gobierno de Dios como opresivo, a la ley de Dios como un pesado yugo de esclavitud y a la voluntad de Dios como dictatorial.
La ley de Dios no es un decreto abstracto de una deidad distante o una lista de prohibiciones talladas en piedra. Es una expresión de quién es Dios, una expresión de su carácter.2 Experimentar a Dios es experimentar la ley de Dios; por lo tanto, la Ley es la maestra que nos enseña sobre Dios. Conocer a Dios es conocer la Ley y conocer la Ley es conocer a Dios.
Los ángeles en el cielo no conocían la Ley; solo conocían a Dios. Vivían en armonía con la ley de Dios porque vivían en armonía con Dios. Elena de White dice: "Los principios de la ley de Dios se deben presentar ante la gente tan eternos e inexorables como el carácter de Dios mismo".2 Educar sobre Dios es enseñar sobre la ley de Dios, y la suma de la Ley es el amor. La Ley describe cómo luce el amor. Los primeros cuatro Mandamientos nos enseñan cómo amar a Dios, y los últimos seis nos enseñan cómo amar a nuestro prójimo. La educación, entonces, consiste en enseñar a los estudiantes sobre la Ley, que es automáticamente enseñarles sobre Dios. Elena de White señaló que "los padres y las madres debían instruir a sus hijos que la ley de Dios es una expresión de su carácter, y que al recibir los principios de la Ley en el corazón, la imagen de Dios se grababa en la mente y el alma".3
En una serie de evangelización a la que asistí de niño, el orador tuvo una manera creativa de ilustrar el papel que juega la Ley en nuestra vida. Se limpió la frente con un pañuelo, volvió a colocar el pañuelo en el bolsillo y continuó hablando. El público se incomodó, porque ahora tenía una marca negra en la cara que todos podían ver. El orador actuó como si no supiera lo que estaba pasando y preguntó cuál era el problema. Luego, sacó un espejo y se miró la cara, "dándose cuenta" de la mancha negra. Antes de la reunión, había puesto un poco de carbón en su pañuelo para hacer una ilustración. Luego le preguntó a la audiencia si era posible quitar la mancha con el espejo. Cuando todos estuvieron de acuerdo en que no era posible, tomó un poco de agua y un paño limpio para limpiarse. El espejo solo servía para mostrarle la mancha, pero se necesitaba algo más para eliminarla.
El espejo es la Ley. Ella puede revelarnos cuáles son los problemas, pero no los elimina. La única forma de quitar la mancha es ir a Jesús. "Lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne" (Rom. 8:3).
Cuando compré mi automóvil, vino con un manual, al que acudo para asegurarme de que lo estoy cuidando adecuadamente. Yo tengo la libertad de ignorar los consejos del manual y poner agua en el motor en lugar de aceite, pero con seguridad lo dañaré. Elijo seguir las instrucciones proporcionadas por aquellos que hicieron el automóvil, ya que ellos saben lo que lo mantendrá funcionando.
Dios es nuestro creador. Él nos hizo, y sabe lo que es mejor para nosotros. "Pues este es el amor a Dios: que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos" (1 Juan 53). Sus mandamientos no solo no son gravosos, sino también dan vida y sostienen a sus seres creados de la manera ijiás plena y feliz.
Debo admitir que; cuando tengo la oportunidad de conducir un automóvil potente, no me gusta mucho la ley. No me gusta que la ley de tránsito me enseñe lo que es mejor para mí. Prefiero hacer lo mío y conducir tan rápido como quiera. Pero la ley me enseña que el camino es estrecho y tiene muchas curvas, y me protege de conducir a una velocidad peligrosa.
Enseñar la Ley sin conocer al Legislador es peligroso. Incluso el conocimiento de la Biblia sin el amor de Dios resulta en orgullo y legalismo. El peligro más significativo del legalismo es que nadie se ve a sí mismo como legalista: creen que son cristianos celosos. Los fariseos juraban que estaban exaltando la Ley, pero en realidad la estaban degradando porque guardaban los mandamientos sin conocer al que los había dado. La Ley puede resultar peligrosa en manos de alguien que no conoce al Legislador, tan peligrosa como un bisturí en manos de alguien que nunca ha estudiado cirugía.
Los fariseos no sentían convicción por sus pecados, porque separaron la Ley del Autor de la Ley. Cuando Jesús, el Autor de la Ley, vino a ellos, lo crucificaron. El lega-lismo es una trampa diseñada por Satanás para hacer que las personas piensen que están honrando la Ley cuando la están destruyendo.
La Shemá es la oración diaria más antigua del judaismo, y se ha recitado mañana y tarde desde la antigüedad. Se llama así porque la primera palabra hebrea en la oración es shemá: "escucha". Se encuentra en Deuteronomio y nos habla de la Ley como maestra. "Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Debes comprometerte con todo tu ser a cumplir cada uno de estos mandatos que hoy te entrego" (Deut. 6:5,6, NTV).
Observe cómo el pasaje asocia el amor con los Mandamientos. Son inseparables. Enseñar la Ley de Dios es enseñar sobre Dios. Por supuesto, hay personas cuyo enfoque de la Ley y los métodos que usan para enseñarla dejan fuera del panorama el amor de Dios, y el resultado es un legalismo sin amor que fomenta la rebelión.
La Ley es una revelación de la voluntad y el carácter de su Autor. Dios es amor, y su Ley es amor. Sus dos grandes principios son el amor a Dios y a la humanidad. Elena de White dice:" 'El cumplimiento de la ley es el amor' (Rom. 13:10). El carácter de Dios es justicia y verdad; tal es la naturaleza de su Ley".4
Jorge se encontró con Billy después de la reunión.
-Bueno, cuéntame cómo te sientes con tu recién adquirida libertad.
Billy guardó silencio.
-¿Sabias que Lucas fue a la reunión? -acotó Jorge.
Billy levantó la vista enojado. Jorge sintió una punzada en el pecho al observar lo mal que se sintió Billy. Jorge continuó:
-Pensaba que esta libertad era una experiencia extraordinaria que resultaría en un gran beneficio para todos. Pero la verdad es que no pareces muy feliz. ¿Qué hiciste durante la reunión?
-No es asunto tuyo. Hice lo que quise.
En ese momento, llegó Lucas, y Billy dijo:
-Yo no fui a la reunión tal como había dicho que haría. Ahora, ¿cómo es eso de que tú fuiste?
-Bueno, nunca dije que no iba a ir -dijo Lucas haciéndose el sorprendido- Solo dije que no pensaba que eras lo suficientemente libre como para no ir.
-¡Me engañaste! -dijo Billy molesto.
-No, no. Estoy orgulloso de ti por ser tan independiente. Tú y yo haremos grandes cosas juntos. Eres mi tipo de ángel. Sabes que soy responsable de las rotaciones, y puedo hacer algo por ti.
-Bueno, me siento bien pensando por mí mismo -dijo Billy más relajado- Me imagino que el Jefe necesita más gente que piense por sí misma.
-¡Claro que sí! -dijo Lucas- ¿Cómo crees que él llegó a donde está?
-Bueno, nunca lo había visto de esa manera -dijo Billy—. ¿Quieres decir que piensas que él está donde está porque alguna vez fue como nosotros y luego comenzó a pensar por sí mismo?
-Es posible -dijo Lucas.
Como Jorge había escuchado atentamente la conversación, Lucas se volvió a él.
-¡Bien, Jorge! ¿Qué opinas? Mucha información junta, ¿no? ¿Crees que puedes manejarla?
Cuando Jorge iba a abrir la boca para hablar, cambió de opinión. Se dio la vuelta y corrió, o voló.
La Ley es nuestra cerca. Ella nos protege y nos enseña acerca de Dios.
Era un precipicio peligroso, todos estaban de acuerdo. Pero caminar cerca de su cumbre era tan placentero; aun cuando por el terrible despeñadero habían resbalado un duque y muchísimos campesinos. Así que, la gente coincidió en que se tenía que hacer algo, pero sus proyectos no llegaron a nada. Algunos dijeron: "Cerquemos el precipicio"; otros: "Pongamos una ambulancia en el fondo del valle".
Predominó el clamor por la ambulancia, cierto. Una cerca podría ser útil o no, mas el corazón de la gente, de piedad rebosaba por quienes habían por el farallón resbalado; y los habitantes junto al camino y los del callejón donaron mucho o poco, mas no para un vallado, sino para una ambulancia en el fondo del valle.
"El precipicio no es peligroso, si se tiene cuidado -dijeron-. Y, aun cuando alguien resbalare y se despeñase, no sería el resbalón lo que más dolor le causaría, sino el impacto de estrellarse contra el suelo". Así que, día tras día, al ocurrir los accidentes, prestamente salían los socorristas a rescatar a las víctimas que caían por el despeñadero, con su ambulancia en el fondo del valle.
Luego un anciano comentó: "No deja de asombrarme, a mí, que la gente dedique una mayor atención a la reparación de los resultados que a evitar la causa, cuando mucho mejor sería prevenir el mal. Resolvamos la raíz del problema -exclamó- Vengan, vecinos y amigos, unámonos; si cercamos el despeñadero, casi podremos prescindir de la ambulancia en el fondo del valle".
"Él es un fanático -los otros se unieron-; ¿prescindir de la ambulancia? ¡Jamás! También prescindiría de todas las obras de caridad, si pudiera; ¡no! ¡no! Los apoyaremos para siempre. ¿No estamos recogiendo a la gente tan rápido como cae? ¿Y este hombre nos dará instrucciones? ¿Lo hará? ¿Por qué alguien sensato se detendría para poner una valla si la ambulancia está |rabaj ando en el fondo del valle?
"Pero los pocos sensibles, que también son prácticos, no aguantarán esta tontería durante mucho tiempo; creen que prevenir es mejor que curar, y los que así lo creen pronto serán más fuertes. Anímalos entonces, con tu plata, tu voz y tu pluma, y mientras otros filántropos se entretienen, ellos despreciarán toda pretensión y levantarán una valla resistente en el acantilado que se levanta sobre el valle".
Es mejor dirigir bien al joven que rescatarlo cuando sea viejo, pues nos llama la voz de la verdadera sabiduría: "Rescatar al caído es bueno, más aún es mejor evitar que otros lleguen a caer". Es mejor cerrar la fuente de tentación y delitos que liberar de la prisión o de las galeras; es mejor cercar el despeñadero que tener una ambulancia en el fondo del valle.5
1 Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 13.
2 Elena de White, "A Lesson for the Times, Number Two", Health Reformen 1o de agosto de 1878, p. 237.
3 Elena de White, El Desudo de todas las gentes, p. 50.
4 Elena de White, "La Ley es una revelación de la voluntad y del carácter de Dios", Reflejemos a Jesús, p. 33.
5 Joseph Malins, "Una ambulancia en el valle" (1895), disponible en https://institutoedison.edu. mx/download.php?f=1322366036.pdf
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