1. Joacim.
Varios manuscritos hebreos dicen
"Sedequías", lo cual es sin duda correcto, como lo muestran claramente los vers.
3, 12 (ver cap. 28: 1). Sedequías reinaba por consentimiento de Nabucodonosor,
quien lo había colocado en el trono (2 Rey. 24: 17-19); sin embargo, él y los
reyes vecinos que también pagaban tributo a Babilonia no habían perdido la
esperanza de librarse del yugo caldeo. Lo que se narra en este capítulo ocurrió
en el 4.º año de Sedequías, alrededor del año 593 a.C. (ver com. cap. 28: 1).
2. Coyundas y yugos.
La dramática
representación de predicciones simbólicas como ésta (Isa. 20: 2; Jer. 18; 19;
Eze. 12: 5-7; Hech. 21: 11) tenía el propósito de impresionar grandemente al
pueblo con lo que el futuro le tenía reservado, y para despertarlo, si fuera
posible, a fin de que comprendiera su necesidad espiritual. Actuando en tal
forma, como si fuera un esclavo encadenado o un animal de carga con el yugo
puesto, Jeremías cautivaría la atención de todos como jamás lo podría haber
logrado con sólo palabras. Las naciones implicadas en esta conspiración, y sobre
todo Sedequías, quedarían sin excusa para pensar que sus planes tenían alguna
perspectiva de éxito.
3. Los enviarás.
Según la última parte de este versículo, los reyes mencionados habían
enviado "mensajeros" o embajadores a Sedequías para instarlo a formar una
alianza con ellos contra Nabucodonosor. Estas naciones se mencionan en el mismo
orden en el que figuran en el cap. 25: 21-22, en un mensaje dado 11 años antes.
Esta predicción anterior ya se había cumplido parcialmente. Sin embargo, por
algún motivo esos reyes acariciaban la esperanza de que podrían rebelarse con
éxito contra Nabucodonosor.
4. Les
mandarás.
A Jeremías se le ordenó que dijera a los representantes de los
reyes mencionados en el vers. 3 que sus esfuerzos serían vanos, y que en la
providencia de Dios Babilonia sería la irresistible vencedora de las naciones,
el instrumento divino que habría de castigar su iniquidad.
Jehová de los
ejércitos.
Ver com. cap. 7: 3. Este título que se aplica al "Dios de
Israel", debía impresionar especialmente a las naciones que no conocían al Señor
con el hecho de que el verdadero Dios, el Dios de los "ejércitos" del cielo, era
incomparablemente superior a los ejércitos terrenales (ver com. Jos.
5:
14; Sal. 24: 10).
5. La di.
Se
recuerda a las naciones que el Dios que creó la tierra (Amós 4: 13; 9: 6) es
Aquel que controla su destino, el que "quita reyes y pone reyes" (ver Sal. 83:
18; Dan. 2: 21; 5: 18-19; com. cap. 4: 17).
6. Mi siervo.
Ver com. cap. 25: 9.
Las bestias del
campo.
Los ejércitos vencedores tomaban particularmente los caballos y
el ganado de los pueblos conquistados, agravando así la angustia y la
desesperación de los vencidos.
7. A su
hijo, y al hijo de su hijo.
Ver Nota Adicional de Dan. 5. Esto puede
insinuar la corta duración del Imperio Neobabilónico, después del reinado de
Nabucodonosor, pues sus sucesores no pasaron más allá de la segunda generación
después del gran rey, ni en línea directa ni indirecta (ver t. III, p. 49). "Su
hijo, y al hijo de su hijo" posiblemente se refiere a Nabonido y a Belsasar
(yerno de Nabucodonosor e hijo de Nabonido, respectivamente), los dos reyes más
destacados después de Nabucodonosor, aunque no es necesario que el pasaje se
interprete en esta forma. Tal vez no se refiera a sucesores específicos de
Nabucodonosor, sino que sencillamente deba interpretarse que el reino existiría
por un tiempo indefinido.
La reduzcan a servidumbre.
A pesar de
que "todas las naciones" le servirían, Nabucodonosor, rey de Babilonia, no
establecería un imperio de larga duración, pues los persas y otras naciones
subyugarían al rey babilonio (cf. cap. 51: 11, 27-29).
8. Espada.
Se enumeran de nuevo los azotes de la guerra:
espada, hambre y pestilencia (ver com. cap. 14: 12).
9. Adivinos.
Los que echaban suertes o empleaban otros
recursos para conocer el futuro (ver com. Eze. 21: 21; Dan. 1: 20).
Agoreros.
Ver com. Lev. 19: 26.
Encantadores.
Ver com. Exo. 7: 11; Dan. 2: 2; cf. Isa. 47: 9, 12. Las predicciones de
todos estos pronosticadores paganos evidentemente concordaban en incitar a las
cinco naciones a rebelarse contra Nabucodonosor.
10. Haceros alejar.
Por inspiración divina, Jeremías sabía
cuál sería el resultado si los reyes mencionados seguían el falso consejo de los
oráculos paganos. Esos reyes irían con sus 486 ejércitos a la batalla y
perecerían, como le sucedió a Acab cuando obedeció al "espíritu de mentira en
boca de todos" los falsos profetas (1 Rey. 22: 15-37).
12. Someted vuestros cuellos.
El mismo consejo que se dio a
las naciones vecinas (vers. 11) se le dirige también a "Sedequías rey de Judá" .
Como rey que era, si lo hubiera deseado podría haber hecho que la nación se
sometiera a Babilonia (ver PE 337).
13. Espada.
Ver com. cap. 14: 12; 27: 8.
La nación.
No se refiere a una nación, sino a cualquier pueblo que no se sometiera
a Babilonia.
14. Profetizan mentira.
En cuanto a la obra engañosa de estos falsos profetas, ver com. cap. 14:
13; 23: 1-2, 11, 21, 23, 30-31, 33-34.
15. Para que.
Heb. lemá'an , que por lo general indica
propósito: "a fin de que", pero que aquí significa más bien una consecuencia:
"de modo que". Aquí se realza el resultado de la desobediencia de Judá, y no el
propósito de Dios. Dios aparece con frecuencia en la Biblia como si hiciera
aquello que no impide (ver com. 1 Rey. 22: 22).
16. Ahora pronto.
Nabucodonosor se había llevado los
"utensilios de la casa de Jehová" antes de que Sedequías subiera al trono (2
Rey. 24: 10-13; 2 Crón. 36: 7), y para consolar al pueblo que lamentaba mucho
esa gran pérdida, los falsas profetas predecían que esos sagrados vasos pronto
serían devueltos a Jerusalén. Sin embargo, esos vasos no fueron traídos de
vuelta hasta que Ciro se los devolvió a los judíos (Esd. 1: 7-11).
17. ¿Por qué ha de ser desolada esta
ciudad?
Es evidente que esta falsa predicción del pronto retorno de los
utensilios del templo era una profecía que incitaba a la rebelión. Jeremías
comprendía que una revuelta sólo podía causar la devastación de Jerusalén y como
consecuencia la destrucción del templo.
18. Oren ahora.
Jeremías aconseja a los falsos profetas que
rueguen a Dios para que los vasos que Nabucodonosor había dejado no fueran
llevados a Babilonia, en lugar de perder el tiempo en vanos esfuerzos por
recuperar los vasos que ya habían sido sacados del templo.
19. Aquellas columnas.
Las dos
columnas de bronce, llamadas Jaquín y Boaz, que estaban a cada lado del pórtico
del templo (ver com. 1 Rey. 7: 15). El "mar" o fuente gigantesca descansaba
sobre doce bueyes, ver com. 1 Rey. 7: 23. Las diez "basas" de las diez fuentes
se describen en 1 Rey. 7:27-37. Aunque aquí no se menciona el arca, ésta aún
estaba en el templo. Aquí permaneció hasta que fue sacada y escondida durante el
sitio final de Jerusalén (ver PR 334).
20. Jeconías.
Ver com. cap. 22: 24.
22. A Babilonia serán transportados.
El cumplimiento de
esta profecía se registra en 2 Rey. 25: 13-15.
Hasta el día.
Se
alude a la finalización de los 70 años de cautiverio (Jer. 25: 11-12; 29: 10;
Dan. 9: 2).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE T4
Comentarios
Publicar un comentario