LA ADORACION EN LA EDUCACIÓN
Daniel y sus compañeros no tenían una gran educación según los estándares del mundo, así que Na-bucodpnosor les dio lo mejor que el mundo podía ofrecer. "Selecciona solo a jóvenes sanos, fuertes y bien parecidos -le dijo [Nabucodonosor]-. Asegúrate de que sean instruidos en todas las ramas del saber, que estén dotados de conocimiento y de buen juicio y que sean aptos para servir en el palacio real. Enseña a estos jóvenes el idioma y la literatura de Babilonia" (Dan. 1:4, NTV).
Otra prueba de su disposición a ajustarse a la cultura babilónica ocurrió cuando el rey erigió una estatua de oro, de 27 metros de alto y 3 de ancho, en la llanura de Dura. Luego envió un mensaje a todos de que en la ceremonia de dedicación, todos debían postrarse y adorar la estatua. Un desafío eterno de los gobiernos, las empresas y las iglesias es lograr la unidad entre la gente, y Nabucodonosor sintió que había encontrado la actividad unificadora perfecta. Si todos adoraban al mismo dios, especialmente si él era ese dios, todo fluiría mucho mejor en su reino.
La orquesta comenzó a tocar, marcando el comienzo del servicio de adoración. Todos cayeron al suelo y adoraron, excepto los tres dignos hebreos: Sadrac, Mesac y Abed-nego. Los israelitas recién graduados ignoraron las instrucciones del rey y se mantuvieron de pie. La multitud se postró sobre su rostro, dejando tres figuras solitarias en el horizonte.
El acto de desobediencia fue reportado al rey, que al principio pensó que los jóvenes hebreos tal vez tuvieron problemas para escuchar la orden. Generosamente decidió darles una segunda oportunidad, advirtiéndoles nuevamente sobre el horno ardiente que tendrían que enfrentar si desobedecían.
Sorprendentemente, Sadrac, Mesac y Abed-nego no querían una segunda oportunidad. Eueron firmes e inquebrantables en su decisión. "Oh Nabucodonosor, no necesitamos defendernos delante de usted. Si nos arrojan al horno ardiente, el Dios a quien servimos es capaz de salvarnos. Él nos rescatará de su poder, su Majestad; pero aunque no lo hiciera, deseamos dejar en claro ante usted que jamás serviremos a sus dioses ni rendiremos culto a la estatua de oro que usted ha levantado" (vers. 16-18, NTV).
Sus principios eran los que los mantenían en pie, como un mensaje al rey que decía: "Puede que hayas capturado nuestros cuerpos, pero nuestros corazones están en Jeru-salén". Este era su mensaje de "resistencia" escrito en las paredes de la prisión. Sadrac, Mesac y Abed-nego estaban negando las religiones del mundo antiguo y la autoridad del rey.
Las paredes de piedra no hacen una prisión,
Ni las barras de hierro una jaula;
Una mente inocente y tranquila las
considerará como una ermita;
Tengo libertad en mi amor;
Y soy libre en mi alma,
Solo los ángeles que se elevan en las alturas,
Disfrutan de semejante libertad.1
Su adoración no se basaba en demandas externas sino en un compromiso interno con el Dios verdadero. El rey Nabucodonosor les advirtió: "Si se niegan, serán inmediatamente arrojados al horno ardiente y entonces, ¿qué dios podrá rescatarlos de mi poder?" (vers. 15, NTV).
Los dioses de los antiguos eran vistos como los benefactores de sus seguidores. Si se llevaban a cabo los sacrificios apropiados, cuidaban de ellos. El dios de la lluvia traía la lluvia, el dios de la fertilidad traía hijos, el dios del pulgar verde traía buenas cosechas y el dios de la guerra traía la victoria en la batalla. Tenían un dios para cada necesidad. Si su dios no estaba trabajando para ellos, entonces lo cambiaban. Si la tribu vecina tenía mejores cultivos, entonces tenían un dios mejor. Si el reino de al lado recibía más lluvia, entonces su dios era mejor. No se les ocurriría servir a un dios que no pudiera darles nada. ¿De qué sirve un dios que no hace nada por uno?
El rey desafió al Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego a un duelo. "Su Dios no los rescatará; mi dios es mejor que el suyo". Como el niño que dice: "Mi papá puede golpear a tu papá". El horno era el desafío para el perdedor. Pero Sa-drac, Mesac y Abed-nego presentaron un concepto nuevo y sorprendente de Dios y de la adoración. La respuesta de los tres amigos de Daniel le dio a Nabucodonosor una imagen drásticamente nueva de Dios. "Nuestro Dios, a quien servimos, puede librarnos del horno de fuego ardiente; y de tus manos, rey, nos librará. Y si no, has de saber, oh rey, que no serviremos a tus dioses ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado" (vers. 17,18). En otras palabras, "nuestro Dios puede rescatarnos, pero no es una pata de conejo que vamos a frotar cuando estemos en problemas. Nuestro Dios puede rescatarnos, pero él puede decidir no hacerlo, y eso no cambiará nuestro compromiso con él".
Según la mentalidad de Nabucodonosor, el dios que perdiera este duelo no era digno de adoración, ni digno de ser un dios en absoluto. Era un dios perdedor si no proporcionaba protección. Si no proporciona lluvia, si no evita el accidente, si no proporciona hijos, si no consigue un trabajo, si no cura del cáncer, si no da la victoria en la batalla, entonces ¿quién lo aecesita? Para Nabucodonosor, cualquier dios que nó hiciera su voluntad no era digno de ser un dios. Pero para Sadrac, Mesac y Abed-nego, su Dios era más que un genio en una botella o un Santa Claus celestial.
El Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego era EL DIOS, el Dios Creador que debían servir y adorar porque él es Dios, no porque él proporcionara protección. Debían amarlo por lo que él era, y no por lo que podía hacer por ellos. Ellos recibieron su educación en los salones sencillos de Jerusalén. Fue allí donde recibieron por primera vez una educación que los hizo diez veces más sabios que los graduados de la Universidad de Babilonia. Fue allí, en Jerusalén, donde aprendieron sobre un Dios que no está hecho a imagen de las necesidades del hombre. El suyo no era un dios creado por el hombre para complacer al hombre y hacerlo sentir cómodo.
La educación cristiana, como la de Jerusalén, nos da un Dios que es digno de adoración, independientemente de qué tipo de conflictos enfrentemos. La estatua de oro de la educación secular ignora al Dios verdadero y fabrica dioses de sabiduría humana que no proporcionan una base moral.
El Batallón 101 de la Policía de Reserva tenía su base en Hamburgo, Alemania, pero servían en Polonia. El grupo estaba compuesto en su mayoría por hombres de familia de mediana edad de las clases trabajadora y media baja de la ciudad de Hamburgo. Como se consideraban demasiado viejos para ser de utilidad para el ejército alemán, los habían reclutados en la Policía de Orden Público. Eran reclutas sin experiencia previa en el territorio ocupado por los alemanes.
El 13 de julio de 1942, el Batallón 101 de la Policía de Reserva estaba en el límite de la ciudad polaca de Józefów. Estaban a punto de recibir instrucciones sobre su primera acción importante. El pueblo de Józefów era un típico pueblo polaco de modestas casas blancas con techos de paja. Entre sus habitantes había 1.800 judíos.
Temprano en la mañana, cuando el sol estaba saliendo, los hombres del Batallón 101 de la Policía de Reserva bajaron de sus camiones y se reunieron en semicírculo alrededor de su comandante. Con sus rifles en sus manos, esperaban instrucciones sobre lo que deberían hacer en esta misteriosa misión. Debían escuchar al mayor Wilhelm Trapp, un policía de carrera de 53 años. Él les explicaría su tarea.
El comandante Trapp estaba pálido y nervioso, con voz ahogada y lágrimas en los ojos. El batallón tenía que realizar una tarea terriblemente desagradable, dijo. La tarea no era de su agrado; de hecho, era muy lamentable, pero las órdenes venían de las más altas esferas.
Al batallón se le ordenó reunir a los judíos. Los varones judíos en edad de trabajar debían ser separados y llevados a un campo de trabajo. Los judíos restantes, las mujeres, los niños y los ancianos, serían baleados en el acto por el batallón. Después de explicar cuál era su tarea, el Mayor Trap^? les hizo una oferta: si alguno de los hombres mayores entre ellos no se sentía capaz de llevar a cabo la tarea que tenía ante sí, podía retirarse. Entre el diez y el veinte por ciento del batallón salió, entregó sus rifles y se les dijo que esperaran una nueva asignación. El mayor Trapp se quejó de sus órdenes y lloró amargamente, pero sus hombres procedieron a llevar a cabo la tarea del batallón.
Equipos de búsqueda de 2,3 y 4 entraron en la sección judía de Józefów y otros vigilaron las calles que iban al mercado. Los judíos fueron detenidos y enviados al mercado. Un médico del batallón explicó con precisión cómo debían disparar para provocar la muerte inmediata. Esbozó el contorno superior de un cuerpo humano en el suelo e indicó con precisión el punto en el que colocarían la bayoneta fija como guía de puntería, justo detrás de la cabeza.
Los hombres jóvenes y sanos fueron llevados a un campo de trabajos forzados y las mujeres, niños y ancianos fueron llevados al bosque, donde fueron obligados a acostarse boca abajo en fila y les dispararon. Luego, llevaron más personas desde la plaza del pueblo y se produjo la misma secuencia de disparos.2
Mil quinientas personas fueron asesinadas ese día, 13 de julio de 1942, en el pequeño pueblo polaco de Józefów. Fueron asesinados por hombres "comunes". Aquellos hombres grises es el título del libro de Christopher Browning que relata esta historia.3 Solo del 10 al 20 por ciento de los hombres, cuando se les dio la opción, se negaron a llevar a cabo la asignación inmoral. La mayoría de los que tuvieron la opción de negarse eligieron seguir a la multitud.
Estos eran hombres comunes, hombres con esposas e hijos. Tenían trabajos comunes en Hamburgo. Eran barberos, mecánicos y granjeros. Algunos de ellos, sin duda, se consideraban cristianos. ¿Por qué estos "hombres co-muñes" cometieron estos horrores inenarrables? Se han propuesto explicaciones válidas, pero su educación aparentemente no creó en ellos una base moral sólida que les permitiera oponerse a órdenes inmorales. El dios que adoraban no era el Dios Creador. No, tenían un dios hecho a su propia medida, un dios que era bueno para la iglesia y agradable para oraciones ocasionales, pero no un Dios que pudiera hacer que permanecieran de pie por sus principios como los jóvenes en la llanura de Dura.
¿Es nuestro Dios un dios hecho a nuestra medida, creado a nuestra imagen y que responde como el genio de la lámpara a nuestras necesidades? ¿Es un dios que solo satisface lo que queremos y que va tachando nuestros deseos en una lista? ¿Tenemos un dios diseñado por nosotros mismos, fabricado con la arcilla de los sentimientos, horneado en el horno de nuestros deseos, y finalizado en el horno de nuestra imaginación? Si es así, tenemos entonces un dios de origen pagano, tanto como el dios que Nabucodonosor erigió ert la llanura de Dura.
Si nuestro dios íio hace demandas, no pide favores y no cierra puertas a nuestros deseos mundanos, entonces nuestro dios es un dios diseñado por nosotros mismos, un dios pagano y condicionado por la sociedad. El simple hecho de que lo llamemos Jesús no lo hace diferente a la estatua de oro en la llanura de Dura, a una pata de conejo, o a un hechizo, que nos sirva para aprobar lo que exigen los deseos mundanos.
La educación que recibieron Sadrac, Mesac y Abed-nego en Jerusalén permaneció con ellos cuando fueron llevados cautivos a Babilonia. No abandonaron sus convicciones cuando entraron en la llanura de Dura. No permitamos que nuestros hijos rindan culto a los pies de una educación mundana, aceptando doctrinas concebidas por una sociedad poscristiana en los laboratorios de la Nueva Era de la sociedad pagana.
Babilonia necesita jóvenes como Sadrac, Mesac y Abed-nego; no estudiantes comunes y corrientes, sino hombres y mujeres extraordinarios que permanezcan erguidos en la llanura de Dura cuando todos los demás se inclinen. ¡Jóvenes que vivan con valor moral en un mundo inmoral! Walker Percy advirtió en su libro The Second Corning [La segunda venida] que es posible obtener las mejores calificaciones estudiantiles y reprobar en la vida.3
Actualmente, se necesita más que inteligencia académica para vivir una vida espiritual en Babilonia. Se necesita más que el adventismo tradicional para ser cristianos en la Babilonia de hoy. Nada puede ocultar el hecho de que la religión cristiana se centra en la cruz. Los cristianos que proclaman a Cristo sin cruz no están proclamando nada. No podemos esperar que Dios haga más por nosotros que lo que hizo por Jesús, y Dios lo llevó a la cruz. El cristianismo es un llamado al heroísmo. Es un movimiento contra-cultural que no tolera a dioses hechos a nuestra medida.
Una vez, en las profundidades del bosque de Fenton, en una parte tan oscura del bosque que Freddy el zorro rara vez se atrevía a adentrarse en ella y el cervatillo Saltarín no conocía por miedo, mucho más allá de la calle Universidad y de la Octava Carrera, donde ya no había senderos ni moradas, en un área que asustaría a cualquiera, justo al lado de un viejo roble nudoso enorme, junto a algunas piedras cubiertas de musgos, brotó una flor.
Era una hermosa flor, con pétalos amarillos felpudos y un tallo verde pálido. Esta flor levantó la cabeza sobre el oscuro y húmedo suelo del bosque y abrió sus pétalos hacia la escasa luz que se filtraba a través de los árboles hasta donde ella estaba en la base del viejo roble.
Allí estaba ella, como un solitario punto amarillo, como una salpicadura de pintura en el oscuro paisaje del suelo del bosque primitivo. Cada vez que soplaba una ligera brisa, ella enviaba su deliciosa fragancia con la esperanza de que alguna abeja que pudiera haberse desviado de su ruta de vuelo siguiera el aroma y la alcanzara.
Allí creció, con gotas de rocío que brillaban en sus pétalos de color canario. Día tras día permanecía allí, en la parte más profunda y oscura del bosque de Fenton. Semana tras semana, permanecía en los oscuros recovecos del bosque. Durante toda su vida permaneció allí, floreciendo.
Ninguna abeja errante encontró allí su delicioso néctar junto al gran roble, ningún pájaro nómada vio la pequeña mota amarilla, y ningún habitante serpenteante del bosque observó la belleza que ella le proporcionaba a su pequeña cañada oscura.
Su vida llegó a su fin cuando sus pétalos de azafrán dorado se desvanecieron en la alfombra incolora del suelo del bosque para proporcionar nutrientes para una futura generación de flores.
Mientras se desvanecía por última vez, el viejo roble le dijo: "Tu vida apenas valió la pena. Tanto color desperdiciado en la profunda oscuridad del bosque".
Su respuesta al morir junto a las raíces del antiguo roble fue:
"Simplemente florezco donde estoy plantada, y Dios lo ve".
1 Richard Lovelace,"ToAlthea,fromPrison", 1642, disponibleen: https:// www.poetryfoundation.org/poems/ 44657/to-althea-from-prison
2 "When Is Someone Accountable for Their Own Actions Who", HIST 338, Colorado State University, disponible en: https://www.coursehe-ro.com/file/p7fvlk8/When-is-someone-accountable-for-their-own-ac-tions-Who-are-these-ordinary-men/
3 Walker Percy, The Second Corning (Nueva York: Picador, 1980), pp. 32, 93.
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