Capítulo 4
Isaías y su esposa no necesitaban buscar un nombre para su nuevo bebé. Incluso antes de concebir a su Hijo, Dios les había dicho cómo llamarlo: Maher-salal-hasbaz (Isa. 8:1). Este nombre largo significa "El despojo se apresura, la presa se precipita".1 El desarrollo infantil del niño fue profético: "Porque antes que el niño sepa decir: padre mío, y madre mía, será quitada la riqueza de Damasco y los despojos de Samaria delante del rey de Asiria" (vers. 4).
La profecía de Maher-salal-hasbaz reforzó la predicción de Isaías sobre la desaparición de la alianza sirio-israelita, como lo indicaba el nacimiento y el desarrollo del niño Emanuel: "Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno. Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será abandonada" (7:15,16).
Esa era una buena noticia, pero la falta de fe de Acaz traería un peligro mucho mayor para Judá: la superpotencia asiria (Isa. 8:5-8; comparar con 7:17-20). Sin embargo, el poder militar y la conspiración de los enemigos de Emanuel y de su pueblo, incluidos los asirios, no perdurarían (8:9,10; comparar con 7:7), "porque Dios está con nosotros" (8:10) Entonces, los judíos deben aprender de su amarga experiencia y confiar en que Dios los librará.
Isaías da su testimonio personal: "Esperaré, pues, a Jehová, el cual escondió su rostro de la casa de Jacob, y en él confiaré" (vers. 17). Siglos antes, Dios había ordenado a sus sacerdotes que pronunciaran una bendición sobre los israelitas, que incluía las siguientes palabras: "Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz" (Núm. 6:25, 26). Pero ahora estaba escondiendo su rostro, una señal de desagrado y de que estaba reteniendo bendiciones (ver Isa. 54:8; 57:17; 59:2; 64:7). No obstante,. Isaías atesoraba la esperanza de que esto fuera temporal, porque sabía que la misericordia de Dios es "eterna" (54:8).
Si el pueblo de Judá dudara de Dios en este tema, más tarde aprendería, a partir de las profecías escritas de Isaías, que el Señor sostiene la historia y la providencia firmemente entre sus poderosas manos todo el tiempo. Por lo tanto, Isaías certificó y resguardó entre sus discípulos un registro oficial de sus enseñanzas proféticas (Isa. 8:16), para que sirvieran como un testimonio creíble del juicio y la esperanza en el futuro. ,
El equilibrio entre el juicio y la esperanza impregnó los mensajes de los profetas hebreos y permitió que sobreviviera un remanente del pueblo de Dios. Ese equilibrio se necesita hoy más que nunca. Por un lado, vemos una epidemia de desesperación, con altas tasas de suicidio. La gente necesita desesperadamente esperanza, esperanza que les salve la vida. Por otro lado, muchos no sienten responsabilidad ante nadie ni nada, más que ante ellos mismos. Estas personas necesitan captar el concepto del juicio, que es parte del evangelio de Dios (buenas noticias), porque los llama a someterse a él, el Creador, quien es la única Fuente de vida (Apoc. 14:6,7).
Tanto la esperanza como el juicio son necesarios en la vida de la gente. La esperanza nos mantiene activos, y el juicio nos impide desviarnos. Sin esperanza, renunciamos a la posibilidad de progreso; sin juicio, terminamos descarrilándonos. Una de las principales enfermedades de nuestra época es que muchas personas rechazan las correcciones que la¿ ayudarían; en cambio, afirman ser demasiado susceptibles (con lo que les pasa a ellos, aunque no necesariamente con lo que les pasa a los demás) y se desaniman fácilmente.
El miedo es un poderoso motivador que necesitamos para mantenernos vivos. Por ejemplo, si accidentalmente dejas caer tu teléfono móvil en la vía de un tren subterráneo, ¿qué te impide saltar a la vía para recuperarlo? El miedo. Los trenes subterráneos son buenos, pero sabemos lo que nos pueden hacer si no respetamos sus límites. Es bueno tenerle miedo a lo que hay que temer.
El miedo fuera de lugar puede ser problemático, especialmente si te hace pasar por alto o subestimar un peligro mayor. Por ejemplo, el miedo a un insecto que puede picarte mientras conduces tu automóvil puede distraerte, de manera que mientras intentas aplastar el insecto pierdes el control del vehículo y tienes un accidente. Ciertas clases de miedo sencillamente son falsos. Los estafadores usan mentiras para aprovecharse de las personas, amenazando con graves consecuencias si no revelan información personal o no pagan. Las teorías conspirativas inventadas generan actitudes equivocadas y decisiones perjudiciales. El miedo a lo incorrecto es malo. Por lo tanto, debemos evaluar las decisiones y sus peligros potenciales, y tomar decisiones conscientes, en lugar de responder impulsivamente.
Isaías se enfrentó a varios peligros, por lo que el Señor le advirtió que temiera solo a lo que hay que temer: "Porque Jehová me dijo de esta manera con mano fuerte, y me enseñó que no caminase por el camino de este pueblo, diciendo: No llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración; ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo. A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo" (Isa. 8:11-13).
Dios le ordenó a Isaías que lo temiera a él, no a las amenazas humanas, lo que indica que el miedo no es solo una emoción, sino también una decisión. Los judíos tenían miedo a cosas equivocadas, incluidas las conspiraciones, como los complots contra ellos por parte de las autoridades de Siria e Israel, el Reino del Norte (Isa. 7:5,6). Incluso si las conspiraciones son reales, pueden distraer a la gente de peligros más importantes; como Asiria, en el caso de Judá. Las conspiraciones humanas, ya sean en el ámbito gubernamental o de los manejos políticos dentro de la iglesia, pueden absorber a los cristianos modernos, haciéndoles perder la fe en el poder divino para protegerlos. Quedan así atrapados en los planes de Satanás para separarlos de Dios. Es fácil temer lo que fodos los demás temen, pero el verdadero pueblo de Dios debería mirar más alto, hacia él.
Para Isaías, no había comparación entre el poder y la gloria de Dios (Isa. 6) y cualquier fuerza amenazante que los débiles seres humanos pudieran reunir. Así que, no tenía razón para temer a los problemas terrenales que aterraban a sus conciudadanos.
¿Qué hacen los incrédulos cuando quieren conocer los eventos futuros, pero no les agrada la información que Dios les da? Una opción es buscar fuentes alternativas de conocimiento oculto, como lo hizo el Rey Saúl (i Sam. 28).
Incluso si alguna información de una fuente oculta resultara ser objetiva, la fuente de esa información continúa siendo peligrosa. Confiar en otra cosa que no sea la Palabra de Dios nos coloca bajo la influencia mortal del poder satánico. Por lo tantofla ley bíblica descarta categóricamente las fuentes ocultas de conocimiento (Éxo. 22:18; Lev. 19:26, 31; 20:6,27; Deut. 18:9-14).
El rey Acaz era un pagano practicante (2 Rey. 16:3,4). Aunque la Biblia no declara explícitamente que recurrió al conocimiento oculto (como se dice del rey Manasés en 2 Crón. 33:6), es probable que él y otros de Judá al menos estuvieran tentados a hacerlo. Dos factores refuerzan esta posibilidad. En primer lugar, la religión pagana era de naturaleza oculta. Deuterono-mio 32:17 y 1 Corintios 10:20 describen los sacrificios paganos como sacrificios a los demonios. Por lo tanto, ambicionar el conocimiento oculto sería un pequeño paso para alguien como Acaz, quien ya había ofrecido sacrificios paganos (2 Rey. 16:3,4). En segundo lugar, Isaías enfatiza enérgicamente la condenación de los médiums ocultos, de una manera que parece advertir a Acaz: "Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos? ¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido" (Isa. 8:19,20).
"Esto" es "la ley" y "el testimonio", refiriéndose en orden inverso (quiástico) al "testimonio" y la "ley" proféticos de Isaías (vers. 16). El pueblo de Judá había recibido los magníficos oráculos del Dios viviente, por lo que no había una buena razón para que fueran tras los encantos y los susurros de los espiritistas.
No tiene sentido "consultar a los muertos por los vivos" (vers. 19) porque "los muertos nada saben" (Ecl. 9:5). Por lo tanto, si crees que puedes comunicarte con uno de tus seres queridos que han muerto para recibir un consejo sabio e información confiable, estás cayendo en engaño y en una trampa.
Para quienes no hablan en armonía con la Palabra de Dios, "no les ha amanecido". En otras palabras, permanecen en la oscuridad perpetua (Isa. 8:22), que puede ser interpretada como oscuridad y desesperación espiritual, mental y emocional, que vienen acompañadas por angustia, hambre (o vacío), furia y maldiciones contra su rey y su Dios o sus dioses (vers. 21).
Las influencias ocultas están inundando nuestro mundo moderno, y como resultado la sociedad se está volviendo cada vez más peligrosa. Nuestra única seguridad está en la enseñanza y el testimonio de Dios, que nos dan esperanza y nos indican dónde colocar nuestro miedo.
Tú, ¿a quién le temes?
1 David J. A. Clines, ed„ The Dictionary of Classical Hebrew, Mem-Nun (Sheffield, UK: Sheffield Phoenix Press, 2001), p. 168.
Buenos días
ResponderEliminarSería bueno que enviaran la lección 5 del libro complementario de Isaías.