Miércoles 27 de octubre | Lección 5
“JUZGAD JUSTAMENTE”
Como creyentes, hemos sido llamados a reflejar el carácter de Dios. Pablo escribió: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gál. 4:19). Después de todo, originalmente habíamos sido hechos “a imagen de Dios” (Gén. 1:27), una imagen que
luego el pecado desfiguró. Y, como vimos, cuando Moisés habló del poder y la majestad de Dios, también dijo que Dios no aceptaba sobornos y que se preocupaba por los débiles y los marginados. Dios hace esto; por lo tanto, nosotros también debemos hacer lo mismo.
Lee los siguientes pasajes de Deuteronomio. ¿Cuál es el tema común entre todos ellos? Deuteronomio 1:16; 16:19; 24:17; 27:19.
Deu 1:16 Y entonces mandé a vuestros jueces, diciendo: Oíd entre vuestros hermanos, y juzgad justamente entre el hombre y su hermano, y el extranjero.
Deu 16:19 No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos.
Deu 24:17 No torcerás el derecho del extranjero ni del huérfano, ni tomarás en prenda la ropa de la viuda,
Deu 27:19 Maldito el que pervirtiere el derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda.(H) Y dirá todo el pueblo: Amén.
Es casi proverbial el hecho de que los débiles, los pobres y los marginados no obtengan el mismo tipo de “justicia” en la mayoría de los tribunales humanos que quienes tienen dinero, poder y conexiones. No importa el país, la época, la cultura, ni cuán elevados sean los principios de justicia y equidad consagrados en constituciones o leyes, o lo que sea; la realidad sigue siendo la misma: los pobres, los débiles y los marginados casi nunca obtienen la justicia que otros reciben.
Por eso, es notable lo que el Señor mismo estaba diciendo aquí. Esta injusticia, que está en todas partes, no debe cometerse en Israel, entre el pueblo de Dios, los que lo representarán ante el mundo. En cierto sentido, para usar un término de la era moderna, el Señor quería que hubiera “igualdad ante la ley” en el antiguo Israel.
Pero, esto va más profundo que un asunto de mera jurisprudencia. “Santos seréis, porque santo soy yo Jehová vuestro Dios” (Lev. 19:2). Ellos sabían quién era el Dios verdadero, tenían las formas correctas de adoración y daban las ofrendas correctas. Eso está bien. Pero, en definitiva, ¿de qué servía todo eso si maltrataban a los débiles y los pobres de entre ellos? Vez tras vez, en los escritos de los profetas, el Señor critica a los opresores de los pobres y los necesitados de Israel. ¿Cómo ser “santo” y maltratar a los demás al mismo tiempo? No se puede, sin importar cuán estricta sea la adhesión a los ritos religiosos correctos.
Lee Amós 2:6; 4:1; 5:11; Isaías 3:14 y 15; 10:1 y 2; y Jeremías 2:34. ¿Qué dicen los profetas que refleja lo que el Señor había advertido sobre el antiguo Israel? Estas palabras ¿qué nos dicen a nosotros hoy?
Amó 2:6 Así ha dicho Jehová: Por tres pecados de Israel, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque vendieron por dinero al justo, y al pobre por un par de zapatos.
Amó 4:1 Oíd esta palabra, vacas de Basán, que estáis en el monte de Samaria, que oprimís a los pobres y quebrantáis a los menesterosos, que decís a vuestros señores: Traed, y beberemos.
Amó 5:11 Por tanto, puesto que vejáis al pobre y recibís de él carga de trigo, edificasteis casas de piedra labrada, mas no las habitaréis; plantasteis hermosas viñas, mas no beberéis el vino de ellas. Isa 3:14 Jehová vendrá a juicio contra los ancianos de su pueblo y contra sus príncipes; porque vosotros habéis devorado la viña, y el despojo del pobre está en vuestras casas.
Isa 3:15 ¿Qué pensáis vosotros que majáis mi pueblo y moléis las caras de los pobres? dice el Señor, Jehová de los ejércitos.
Isa 10:1 ¡Ay de los que dictan leyes injustas, y prescriben tiranía,
Isa 10:2 para apartar del juicio a los pobres, y para quitar el derecho a los afligidos de mi pueblo; para despojar a las viudas, y robar a los huérfanos!
Jer 2:34 Aun en tus faldas se halló la sangre de los pobres, de los inocentes. No los hallaste en ningún delito; sin embargo, en todas estas cosas dices:
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