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"ESCOGE, PUES, LA VIDA" - Libro complementario


 Capítulo 8

ESCOGE LA VIDA

El libro del Deuteronomio contiene los tres fervorosos discursos de despedida de Moisés antes de su muerte (Deut. 1-4; 5-28; 29,30). Su último discurso surge de un corazón amoroso y de una profunda devoción al Señor. En este sermón, Moisés expresa sus mejores deseos para los hijos de Israel y les exhorta a que sirvan al Señor de todo corazón. El Señor e Israel se comprometen a una lealtad y fidelidad exclusivas entre sí, y Moisés explica de qué modo los creyentes pueden permanecer fieles al pacto. Este sermón describe el pacto como la relación de amor de Dios con su pueblo

Dios llama a personas para que colaboren con él, pero su propósito final con ellas es salvarlas (Éxo. 19:4; Isa. 45:22; Mat. 11:28,29; Juan 12:32). El faraón y Ciro son dos ejemplos clásicos de cómo Dios utiliza incluso a reyes poderosos para cumplir sus propósitos. Ciro, un ejemplo positivo, colaboró con él y fue prosperado (Isa. 45:1-5), pero el faraón es un modelo negativo. El rey de Egipto no solo menospreció la palabra del Señor, sino que se opuso obstinadamente a su voluntad, como resultado, cosechó desgracias (Éxo. 5:i, 2; 12:29; 14:28; 15:3-5).

DEUTERONOMIO

EL TERCER SERMÓN: RENOVACIÓN DEL PACTO EN MOAB

Con solo dos capítulos (Deut. 29; 30), el tercer y último sermón es el más corto. Pero es el último llamamiento sincero de Moisés para que Israel tome la firme determinación de amar a Dios y obedecer su Ley. Esta es la única manera de garantizar su futuro y la bendición del Señor. Dios es bueno con Israel y ha hecho un pacto con ellos. De este modo, la fidelidad a Dios les traerá prosperidad. Moisés repasa y explica este pacto con Dios y hace un llamado final.

Dado que Moisés exhorta fervientemente a los israelitas a escoger la vida, el libro del Deuteronomio podría titularse de la siguiente manera: "Escoge la vida: ama, obedece y teme al Señor". La frase "escoge, pues, la vida" aparece en la conclusión de su último sermón (Deut. 30:19).

Este discurso es un llamado a la acción porque Moisés sabe que estará con ellos por poco tiempo. Ya tiene 120 años y solo le quedan unas pocas semanas de vida. Lo sabe porque el Señor se lo había revelado (Deut. 4:21,22; 31:2).

La palabra clave en este discurso es "hoy" (del hebreo hayyom, literalmente "el día"), que aparece catorce veces. Esta palabra aparece setenta y cuatro veces en todo el libro. Hoy es "el día" para tomar una decisión. Evoca un sentido de urgencia. Los israelitas no deben retrasar su decisión de seguir y servir sinceramente a Dios. Deben hacerlo ahora.

Otra expresión clave es "pacto", que aparece en esta sección del libro siete veces. Su propósito es presentar al Dios del pacto que juró dar la-tierra a Abraham, Isaac y Jacob (Deut. 30:20).

El último discurso de Moisés puede dividirse en cinco secciones:

1. Exhortación para que Israel entre en el pacto (Deut. 29:1-15).

a. Resumen retrospectivo: la liberación de Egipto, la experiencia del Éxodo (Deut. 29:1-8). Moisés comienza haciendo un repaso de la historia reciente de Israel y de las proezas de Dios por su pueblo. Han presenciado lo que el Señor hizo por ellos en Egipto y cómo los sacó milagrosamente de la tierra de su esclavitud. Moisés les recuerda lo que su amoroso Señor ha hecho por ellos. No solo les dio libertad, sino que los sostuvo por su misericordia durante los años en el desierto, donde no les faltó nada. Dios es su Creador y Sustentador. Además, les ha demostrado su gran poder al derrotar a dos poderosos reyes de la región de Transjordania: Sehón, el rey de Hesbón, y Og, el rey de Basán. Previamente Moisés también había hecho memoria de la derrota de estos dos reyes en su primer sermón (Deut. 2:24-3:8).

b. Generación actual: llamado a renovar el pacto (Deut. 29:9-15). Todos los miembros de esta generación necesitan renovar su compromiso con Dios y cumplir "con cuidado las condiciones de este pacto" (vers. 9) para que el Señor sea su Dios (vers. 13). Asimismo, las generaciones futuras deben mantenerse completamente consagradas a él (vers. 14,15).

2. Advertencia contra peligros futuros: la desobediencia será castigada (Deut 29:16-28).

a. Advertencia contra ¡a idolatría (Deut. 29:16-21). Moisés continúa su sermón con una fuerte amonestación contra la idolatría, descrita como "raíz venenosa y amarga" (vers. 18, NVI). La idolatría será la tentación constante de los israelitas. Deben estar atentos; de lo contrario, destruirá su relación con su Hacedor, desarraigará su prosperidad y los conducirá a prácticas detestables relacionadas con la falsa adoración. Como resultado, solo se producirán maldiciones.

b. Una lección para las generaciones futuras (Deut 29:22-28). La posteridad de Israel necesita seguir las enseñanzas de Dios para experimentar la presencia y la bendición de Dios. Si abandonan el pacto con Dios, les sobrevendrán desastres y calamidades, y tendrán el destino de Sodoma y Gomorra. Si se entregan a un estilo de vida perverso, avergonzarán a su Dios. Otras naciones los dominarán, y serán dispersados entre las naciones y perderán su patria (Deut. 30:1,3,5).

3. Los secretos de Dios y las cosas reveladas (Deut 29:29). En el centro del quiasmo de este discurso, Moisés subraya el contraste entre Dios y el ser humano. Dios es omnisciente; conoce las cosas ocultas y secretas porque es el Dios de la sabiduría (Dan. 2:20-23, 28, 29, 47). El ser humano solo puede entender lo que Dios le revela, y lo que él revela de sus caminos y voluntad es suficiente para que tomen las decisiones correctas y lo obedezcan y adoren.

4. Apostasía y perdón (Deut. 30:1-10). El Dios de Israel es un Dios misericordioso y clemente. Si su pueblo infiel se arrepiente (en hebreo shub, "volver, arrepentirse") y le obedece de todo corazón, entonces el Señor se compadecerá de él, lo restaurará y lo reunirá de entre todas las naciones (vers. 2,3). ¡Qué hermoso es el Dios del Antiguo Testamento! Se deleita en su pueblo y quiere hacer prosperar su obra.

5. Llamado final para escoger la vida y las bendiciones (Deut 30:11-20). Los mandatos de Dios son fáciles de seguir (vers. 11-14) porque él capacita a las personas para obedecerlos. Pueden seguir a su Dios porque él está con ellos y ha demostrado que los ama. Esto proporciona la motivación y el poder adecuados para estar conectados con él. El llamado final de Moisés a aceptar el compromiso se hace por medio de contrastes (vers. 15-20)., En un lado están la muerte, la destrucción y las maldiciones, mientras que en el otro se encuentran la vida, la prosperidad y las bendiciones. Esta antítesis vida-muerte está directamente relacionada con las bendiciones del pacto (la vida) y las maldiciones (la muerte).

Todo esto es parte de la batalla espiritual, por tanto, Moisés exhorta a los israelitas a que escojan la vida y un futuro brillante con el Señor, su Dios. Moisés es muy personal: Dios te ama, así que ahora escoge la vida para que puedas vivir. ¿Qué significa escoger la vida? Significa amar al Señor (en hebreo ahab; la petición de amarlo se menciona tres veces [vers. 6,16,20]), escuchar su voz (en hebreo shamá, "escuchar, obedecer") y aferrarse á él (en hebreo dabaq, "mantenerse firme", "aferrarse", "unirse" [Gén. 2:24]). Entonces Moisés concluye su llamamiento con las siguientes palabras: "A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, de que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia, amando a Jehová, tu Dios, atendiendo a su voz y siguiéndolo a él, pues él es tu vida, así como la prolongación de tus días, a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar" (Deut. 30:19,20).

LA TRAMPA DE LA IDOLATRÍA

Dios habló a Israel desde el Horeb (Sinaí), y todos vieron el solemne y magnífico despliegue de su gloria. Pero los israelitas no vieron la forma de Dios, solo oyeron su voz (Deut. 4:12,13; 5:22). Dios escogió este método de comunicación porque no quería que crearan un ídolo de él de ninguna forma (Deut. 4:15-24). Dios amonestó a su pueblo contra la idolatría, que es una de las raíces de todo mal y un grave pecado del que surgen vilezas. La idolatría está en el centro de toda la miseria del pueblo de Dios. Moisés y los profetas utilizaron el lenguaje más fuerte para persuadir al pueblo de su vacuidad y dependencia, pero el pueblo no quiso escuchar (Deut. 4:16-19, 23; Isa. 44:6-24; Jer. 4:1; 7:30; Eze. 5:ii; 8:6; 20:7,8,18,31).

Resulta chocante que la idolatría fuera la mayor ofensa contra Dios y, sin embargo, el pueblo de Dios cayera repetidamente en ella.

"Sacrificaron a los demonios, y no a Dios;

a dioses que no habían conocido,

a nuevos dioses venidos de cerca,

que no habían temido vuestros padres" (Deut. 32:17).

A menudo nos preguntamos por qué los antiguos creyentes eran tan ingenuos e incorregibles cuando se dedicaban a adorar a diferentes ídolos creados por,el hombre. Estamos muy seguros de que nosotros nunca haríamos algo así. ¿Es esto cierto? Tal vez no en la forma simplista de inclinarse ante los objetos, pero ¿qué hay de depender de cosas o conceptos que cautivan nuestra conducta o pensamientos?

¿Es posible que la idolatría sea un peligro para los adventistas en este mundo posmoderno? Un niño le dijo una vez a su padre:

-Papá, sé cuál de los mandamientos nunca hemos transgredido.

Su padre sintió curiosidad y entonces escuchó la explicación: •

- Nunca hicimos ni adoramos un ídolo; siempre hemos obedecido el mandato de Dios: "No tendrás otros dioses delante de mí".

Es posible que, a primera vista, lleguemos a la conclusión de que el pecado de la idolatría no nos concierne. Podríamos pensar que solo es relevante para los que practican el hinduismo, pero quizá deberíamos pensarlo de nuevo. Los ídolos de hoy en día pueden tener formas diferentes, pero un atractivo similar. No admitimos fácilmente que podamos ser esclavos de los ídolos, negamos incluso la posibilidad de que ese sea un problema. Sin embargo, aunque no tengamos ídolos literales, nos sentimos fácilmente atraídos por programas de televisión populares, como American Ido!. Así que vale la pena preguntarse, ¿estamos realmente libres de ídolos?

La pregunta clave para entender el mandamiento es: ¿Qué es la idolatría? Y quizá más importante, ¿qué hace que la idolatría sea tan fascinante que caigamos en ella a pesar de todas las advertencias?

La idolatría es extremadamente peligrosa y degrada nuestra concepción de Dios, además de degradarnos a nosotros mismos. Nos transformamos en lo que contemplamos (Sal. 115:8; Jer. 2:5; comparar 2 Rey. 17:15). Nada en esta vida distrae y desvía nuestra atención más que los ídolos. Por eso la idolatría corrompe más que cualquier otra cosa, porque ella hace que dejemos de lado al Dios vivo y lo reemplacemos por dioses de la imaginación humana. La idolatría destruye el verdadero sentido de la vida en todos los sentidos, degrada al ser humano, porque lo que adoramos tiene un impacto enorme en nuestra vida. El Dios creador se convierte en nuestra mascota, que podemos manipular. La pregunta pertinente es, ¿qué ocupa nuestros pensamientos? ¿Qué modelos de pensamiento seguimos?

Juan advierte enérgicamente a los cristianos: "Hijitos, guardaos de los ídolos" (i Juan 5:21). Este versículo de la epístola de Juan es sorprendente. ¿Por qué necesita Juan amonestar a los seguidores de Cristo a rechazar la idolatría? En el Imperio Romano, había muchas religiones con una multitud de ídolos literales, incluso los Césares se autopro-clamaban dioses. La cuestión fundamental era a quién debían seguir: a Cristo o al César.

Sin embargo, en nuestro entorno, ¿qué es un ídolo? Un ídolo es algo que reemplaza a Dios, y aunque sabemos que no es correcto, lo seguimos haciendo, a menudo repetidamente. Un ídolo es cualquier cosa o persona que cautiva nuestra imaginación, afecto, tiempo y pensamientos más que Dios. De este modo, la idolatría es lo contrario de una vida teocéntrica. Si Dios no está en el centro de nuestra vida, otros dioses ocuparán su lugar. Si no disfrutamos y cultivamos la presencia viva de Dios en nuestra vida, disfrutaremos y dedicaremos nuestra vida a algo o a alguien más. Esta sustitución de Cristo puede tener diferentes apariencias: el orgullo, el egocentrismo, el dinero, el poder, el sexo, la comida, los placeres, el trabajo, los deportes, lafamilia, los juegos, las películas, las compras, las ideas, la*pQlítica, la posición, los grados académicos, las calificaciones, etc. Un ídolo es algo que absorbe nuestros afectos y esclaviza nuestros pensamientos. Siempre es superficial. Un ídolo nos roba el tiempo, absorbe nuestra concentración y nos distrae del verdadero enfoque de la vida. Así que lo servimos y seguimos su ideología, su encanto y su fuerza. Puedes ser un adorador de ídolos si revisas tus correos electrónicos o tus sitios Web favoritos antes de pasar tiempo con Jesús en la mañana.

El problema es que los seres humanos somos expertos creando ídolos. Somos creativos e inventivo^ en este sentido. Las drogas, el alcohol, los pensamientos impuros, el engaño, la pornografía, los videojuegos y la.música pueden estar en una lista de ídolos que no tiene fin. Somos capaces de convertir todo lo bueno, lo bello y lo significativo en ídolos. La idolatría cambia nuestra personalidad, nuestra forma de pensar, nuestros afectos y nuestra vida social. Trastorna nuestras identidades y sustituye las relaciones personales auténticas por interacciones falsas.

Así que surge la pregunta: ¿Quién o qué llena y controla nuestros pensamientos? Recuerda que el gran conflicto comienza en tu cerebro. Pregúntate: "¿A quién estoy sirviendo?"

Nadie puede servir a dos señores. "Bienaventurado el varón [...] que en la ley de Jehová está su delicia y en su Ley medita de día y de noche" (Sal. 1:1,2).

Durante el día, reflexiona en la siguiente pregunta: ¿A qué dedico más tiempo: a mi Dios o a otra cosa? Las diversiones pueden ser "inocentes" o pecaminosas y adictivas. Pero cualquier cosa que robe tu tiempo, afectos, imaginación y deseo de disfrutar de la presencia de Dios se convierte en un ídolo, y te conduce a un terreno peligroso. Cualquier cosa que cautive tu imaginación más que Dios es tu ídolo. Sé sincero/a contigo mismo/a. ¿Estás en sintonía con él, o hay algo que lo está reemplazando? Si algo está desplazando la primacía de Dios en tu vida, entonces estás en una pendiente extremadamente resbaladiza.

Solo una relación significativa con Cristo puede liberarnos de nuestra dependencia a la idolatría: "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8:32). Jesús nos invita porque quiere cambiarnos: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar" (Mat. 11:28).

 

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