Domingo 30 de enero | Lección 6
UN SACERDOTE EN REPRESENTACIÓN DE LOS SERES HUMANOS
Lee Hebreos 5:1 al 10. ¿Cuál es el papel del sacerdocio? Y, según este pasaje, ¿cómo cumple Jesús ese papel?
Heb 5:1 Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados;
Heb 5:2 para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad;
Heb 5:3 y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo.
Heb 5:4 Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón.
Heb 5:5 Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo:
Tú eres mi Hijo,
Yo te he engendrado hoy.
Heb 5:6 Como también dice en otro lugar:
Tú eres sacerdote para siempre,
Según el orden de Melquisedec.
Heb 5:7 Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.
Heb 5:8 Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia;
Heb 5:9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen;
Heb 5:10 y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.
El propósito básico de un sacerdote es mediar entre los pecadores y Dios. Los sacerdotes fueron designados por Dios para ministrar en favor de los seres humanos; por lo tanto, debían ser misericordiosos y comprender las debilidades humanas.
En Hebreos 5:5 al 10, Pablo muestra que Jesús cumple perfectamente con esos propósitos: Dios lo designó (Heb. 5:5, 6) y, además, Jesús nos entiende porque él también ha sufrido (Heb. 5:7, 8).
Sin embargo, existen algunas diferencias importantes. Jesús no fue “tomado de entre los hombres” (Heb. 5:1). Jesús era de procedencia divina pero adoptó la naturaleza humana para, entre otras cosas, servir como sacerdote en nuestro favor. Jesús no ofreció sacrificios por sus pecados (Heb. 5:3), sino solo por nuestros pecados, porque él no tenía pecado (Heb. 4:15; 7:26-28).
Hebreos dice que Jesús oró “al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado” (Heb. 5:7, NVI). Hebreos se refiere a la Segunda Muerte, de la cual Dios liberó a Jesús cuando lo resucitó (Heb. 13:20). Hebreos también dice que Jesús “por lo que padeció aprendió la obediencia” (Heb. 5:8). La obediencia era nueva para Jesús, no porque fuera desobediente, sino porque era Dios. Como Soberano del Universo, Jesús no obedecía a nadie; todos obedecían a él.
Los sufrimientos y la muerte de Jesús en la Cruz son una parte esencial de su ministerio sacerdotal. Los sufrimientos no perfeccionaron a Jesús en el sentido de que haya mejorado moral o éticamente. Los sufrimientos no lo hicieron misericordioso. Al contrario, Jesús vino a esta Tierra porque siempre fue misericordioso, por eso tuvo compasión de nosotros (Heb. 2:17). Lo que Hebreos quiere decir es que fue a través de los sufrimientos que la realidad del amor fraternal de Jesús, la autenticidad de su naturaleza humana y la profundidad de su sumisión como representante de la humanidad a la voluntad del Padre se expresaron y se revelaron verdaderamente. Fue “perfeccionado” en el sentido de que sus sufrimientos lo calificaron para ser nuestro Sumo Sacerdote. Fue su vida de perfecta obediencia, y luego su muerte en la Cruz, lo que constituye la ofrenda de sacrificio que Jesús presentó ante el Padre como nuestro Sacerdote.
Primera de Pedro 2:9 dice que somos “real sacerdocio”. ¿Qué te dice la vida de Jesús en cuanto a cómo debería ser tu relación con los demás seres humanos por tener este rol sagrado?
1Pe 2:9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;
Comentarios
Publicar un comentario