Lección 6 | Lunes 2 de mayo
LA TENTACIÓN DE EGIPTO
Lee Génesis 12:10 al 20. ¿Por qué Abram dejó la Tierra Prometida para ir a Egipto? ¿Cómo se comportó el faraón en comparación con Abram?
Gén 12:10 Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra.
Gén 12:11 Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto;
Gén 12:12 y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.
Gén 12:13 Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.
Gén 12:14 Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera.
Gén 12:15 También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón.
Gén 12:16 E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos.
Gén 12:17 Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.
Gén 12:18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo?; ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?
Gén 12:19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete.
Gén 12:20 Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía.
Irónicamente, Abram, que acababa de llegar a la Tierra Prometida, decide dejarla y partir a Egipto porque había “hambre en la tierra” (Gén. 12:10). Las evidencias de gente de Canaán que partió a Egipto en tiempos de hambruna están bien documentadas en los textos del antiguo Egipto. En la enseñanza egipcia de Merikare, un texto compuesto durante el período del Reino Medio (2060-1700), al proveniente de Canaán se lo identifica como “asiático miserable” (aamu) y se lo describe como “canalla [...] escaso de agua [...] no habita en un solo lugar, la comida impulsa sus piernas” (M. Lichtheim, Ancient Egyptian Literature, Volume I: The Old and Middle Kingdoms, pp. 103, 104).
La tentación de Egipto a menudo era un problema para los antiguos israelitas (Núm. 14:3; Jer. 2:18). Por lo tanto, Egipto llegó a ser un símbolo de la humanidad que confía en la humanidad, y no en Dios (2 Rey. 18:21; Isa. 36:6, 9). En Egipto, donde se podía ver agua a diario, no se necesitaba fe, porque la promesa de la tierra se hacía visible de inmediato. En comparación con la tierra del hambre, Egipto parecía un buen lugar para estar, a pesar de lo que Dios le había dicho a Abram.
El Abram que ahora deja Canaán contrasta con el Abram que dejó Ur. Anteriormente, se describió a Abram como un hombre de fe que dejó Ur en respuesta al llamado de Dios; ahora, Abram deja la Tierra Prometida por su cuenta, por iniciativa propia. Antes, Abram confiaba en Dios; ahora se comporta como un político pragmático, manipulador y antiético, que solo depende de sí mismo. “Durante su estada en Egipto, Abraham dio evidencias de que no estaba libre de la debilidad y la imperfección humanas. Al ocultar el hecho de que Sara era su esposa, reveló desconfianza en el amparo divino, una falta de esa fe y ese valor elevadísimos tan frecuente y noblemente manifestados en su vida” (PP 123).
Por consiguiente, lo que vemos aquí es cómo hasta un gran hombre de Dios puede cometer un error y, no obstante, Dios no lo abandonó. Cuando el Nuevo Testamento habla de Abraham como un ejemplo de salvación por gracia, significa precisamente eso: gracia. Porque, si no fuera por la gracia, Abraham, como todos nosotros, no habría tenido esperanza.
¿Qué debería enseñarnos esta historia sobre lo fácil que es desviarse del camino correcto, incluso para los cristianos fieles? ¿Por qué la desobediencia nunca es una buena opción?
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