Lección 9 | Martes 28 de febrero
EL CORAZÓN DE JUDAS
Una de las historias más trágicas de la Biblia es la de Judas Iscariote. Este hombre tuvo un privilegio que solo han tenido otras once personas en toda la historia del mundo: haber estado con Jesús en persona todo ese tiempo y haber aprendido las verdades eternas directamente del Maestro. Qué triste es que muchos que nunca tuvieron nada ni remotamente parecido a las oportunidades que tuvo Judas se salvarán, mientras que ahora sabemos de Judas que está destinado a la destrucción eterna.
¿Qué sucedió? La respuesta la hallamos en una palabra: codicia, los deseos de su corazón.
Lee Juan 12:1 al 8. ¿Qué hizo María que llamó tanto la atención durante la fiesta? ¿Cómo reaccionó Judas? ¿Por qué? ¿Cuál fue la respuesta de Jesús?
Jua 12:1 Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos.
Jua 12:2 Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él.
Jua 12:3 Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos;(A) y la casa se llenó del olor del perfume.
Jua 12:4 Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar:
Jua 12:5 ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?
Jua 12:6 Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella.
Jua 12:7 Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto.
Jua 12:8 Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros,(B) mas a mí no siempre me tendréis.
La amable reprensión del Salvador al comentario codicioso de Judas lo llevó a abandonar la fiesta e ir directamente al palacio del sumo sacerdote, donde estaban reunidos los enemigos de Jesús. Ofreció entregar a Jesús en sus manos por una suma mucho menor que el regalo de María. (Ver Mat. 26:14–16.)
¿Qué le pasó a Judas? Después de tener tantas oportunidades maravillosas, tantos privilegios excepcionales, ¿por qué haría algo tan malo? Según Elena de White, Judas “amó al gran Maestro y deseó estar con él. Sintió un deseo de ser transformado en su carácter y su vida, y quiso experimentarlo relacionándose con Jesús. El Salvador no rechazó a Judas. Le dio un lugar entre los Doce. Le confió realizar la obra de un evangelista. Lo dotó de poder para sanar a los enfermos y expulsar a los demonios. Pero Judas no llegó al punto de entregarse por entero a Cristo” (DTG 664).
Al fin y al cabo, todos tenemos defectos de carácter que, si nos rendimos, podremos superar mediante el poder de Dios que obra en nosotros. Pero Judas no se entregó completamente a Cristo, y el pecado de la avaricia, que podría haber vencido con el poder de Cristo, lo venció a él, con resultados trágicos. ¿Quién de nosotros no lucha contra la codicia por una cosa u otra? En este caso, lo que codiciaba era el dinero, y esa avaricia, un problema del corazón, lo llevó a robar (Juan 12:6), y finalmente lo llevó a traicionar a Jesús.
Qué terrible lección para todos nosotros sobre el peligro que puede ocasionar la codicia. Lo que parece una cosa pequeña, un simple deseo del corazón, puede llevar a la calamidad y a la pérdida eterna.

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