Lección 4:
RESEÑA
La semana pasada, la lección se centró en el llamado de Dios a los
seres humanos para que se asociaran con él en la tarea de compartir su amor con
el mundo. Esta misión tiene sus raíces en la Creación y se reitera a lo largo
de las Escrituras. La lección de esta semana trata acerca de participar de la
misión de Dios. Comienza con un llamado, pero no termina ahí; sin la acción de
compartir, el llamado sería de poca utilidad.
Primera de Juan 4:8 describe que Dios es amor. En esa misma carta de
Juan se afirma que los que han sido testigos del amor de Dios compartirán ese
amor con el mundo en general. Si lo que la gente comparte no es una
demostración de amor, entonces no forma parte de la misión de Dios y no debería
compartirse. A continuación, se presentan varios ejemplos de formas de
compartir el amor de Dios que pueden servir de guía en lo que significa
compartir hoy el amor de Dios con quienes nos rodean y aún no han experimentado
plenamente su amor.
COMENTARIO
El mejor lugar para empezar a estudiar la manera en que podemos
compartir el amor de Dios son los evangelios. Cuando Dios se encarnó en Jesús
aquí, en la Tierra, su encarnación fue un profundo ejemplo de amor. Aunque,
obviamente, ninguno de nosotros puede reproducir la Encarnación en su
exactitud, somos llamados a seguir el ejemplo dado por Jesús, especialmente en
la forma en que se relacionó con otras personas y demostró amor. Incluso una
lectura superficial de los evangelios rápidamente revela temas que se repiten
en el ministerio de Jesús. Estos temas nos ayudan a evaluar cómo compartimos el
amor de Dios.
Jesús tuvo compasión ya fuera hacia personas necesitadas o hacia
multitudes enteras. A veces, esta compasión llevó a Jesús a tocar y curar a una
persona (Luc. 5:12, 13); otras veces, lo llevó a alimentar a una multitud de
forma creativa (Juan 6:1-14); y otras tantas se tradujo en una palabra o un
relato amable (Mat. 19:14). La compasión y la participación en la misión de
Dios son inseparables. Si al hacer un análisis propio no encontramos muchos
momentos de compasión en nuestra vida o en las actividades de nuestra iglesia,
debemos revaluar cómo estamos compartiendo la misión de Dios; o incluso si es
que no la estamos cumpliendo en lo absoluto.
Jesús también buscó a personas que estuvieran abiertas a recibir una
bendición. Al participar de la misión de Dios, debemos seguir su ejemplo.
Tenemos el privilegio de buscar a los más vulnerables de nuestra comunidad y
compartir con ellos el amor de Dios de manera creativa. Servir de esta manera
sería seguir los pasos de Jesús y cumplir lo que él desea, como se desprende de
Mateo 25:31 al 46. Jesús se dedicó a reparar relaciones quebrantadas, y pasó la
mayor parte de su tiempo en la Tierra restaurando vínculos rotos. Aunque todos
somos imperfectos, los que han experimentado el amor y el perdón de Jesús deben
demostrar ese amor y ese perdón con el resto del mundo. Esta demostración forma
parte de lo que significa participar de la misión de Dios
Los eruditos a menudo han debatido si la principal preocupación de
Jesús era trabajar entre los judíos o en favor del resto del mundo. Algunos
sostienen que, dado que Jesús pasó la mayor parte de su tiempo con los judíos y
les dijo a sus discípulos que hicieran lo mismo, al menos mientras estuvo con
ellos, los judíos fueron su eje central (Mat. 15:24). Hay algo de verdad en
esta idea, pero también existen numerosos casos en los que Jesús demostró que
su amor se extendía más allá del pueblo judío. Varias veces citó relatos del
Antiguo Testamento que destacaban la fe de personas no judías, como las
historias de la viuda de Sarepta, Naamán y la reina de Saba (Luc. 4:24-27, Mat.
12:42). Jesús pasó tiempo fuera de Judea con gente que no era judía, incluyendo
algunas noches en un pueblo samaritano (Juan 4:40) y una visita a la región de
Tiro y Sidón (Mar. 7:24), sin mencionar Decápolis, ciudad poblada por gentiles
(Mar. 7:31-36).
Jesús vivió la misión y manifestó su amor de maneras que desafiaron la
estrechez de miras de muchos de los suyos durante aquella época. Al demostrar
este amor y vivir su misión, Jesús preparó el terreno para lo que vendría
después de que él muriera, resucitara y ascendiera. Jesús esperaba que, durante
su paso por la Tierra, sus seguidores experimentaran su amor de tal manera que
llevaran esa experiencia a todo el mundo. En este contexto de vivencia amorosa,
Jesús extendió el famoso llamado de Mateo 28:18 al 20, donde encomendó a sus
discípulos que fueran por el mundo. Este mandato no era simplemente un llamado
a la misión, sino un llamado a enseñar, a hacer discípulos y a compartir el
amor de Dios que cada discípulo había experimentado personalmente. No somos
llamados a participar de la misión de Dios hasta que no hayamos tenido la
oportunidad de conocerlo y experimentar su amor. Solo entonces tendremos algo
que valga la pena compartir.
Otra parte importante de las Escrituras que es útil leer en relación
con la manera de compartir al Dios de amor es el libro de los Hechos. Aunque
nuestra Biblia llame “Hechos de los apóstoles” a este libro, sería más exacto
titularlo “Hechos del Espíritu Santo”. El libro está lleno de asociaciones
entre el Espíritu Santo y los agentes humanos. Al igual que en los evangelios,
encontramos personas que han tenido una experiencia maravillosa con Jesús, que
no están dispuestas a guardársela para sí y que reciben el poder del Espíritu
Santo para compartir este amor en todos lados.
Como se mencionó en una lección anterior, la misión es siempre una vía
de doble sentido, en la que todos los implicados pueden aprender algo de los
demás. El libro de los Hechos nos recuerda que los seres humanos no ocupamos el
lugar de Dios. Dios, mediante el Espíritu, va a todas partes delante de
nosotros.
Esta verdad bíblica ofrece un par de inferencias que sería prudente
contemplar.
En primer lugar, si el Espíritu avanza delante de nosotros, debemos esperar ver alguna
manifestación del Espíritu una vez que lleguemos. Pedro experimentó esta
realidad en su encuentro con Cornelio (Hech. 10; 11:1-18). Como resultado, el
apóstol se dio cuenta de que Dios no solo ya estaba allí antes de que él
llegara, sino además tenía algo que aprender de Cornelio acerca del amor de
Dios. En muchoS sentidos, la historia de Pedro y Cornelio se enfoca tanto en el
crecimiento continuo de Pedro en su comprensión de Dios, como en Cornelio y su
familia. Cuando salimos a participar de la misión de Dios, no debemos hacerlo
presuntuosamente, como si no tuviéramos nada que aprender de quienes vienen a
nosotros en busca de iluminación. Más bien, salimos con la esperanza de ver que
el Espíritu ya está actuando en formas con las que podemos colaborar.
En segundo lugar, tenemos algo que compartir. Aunque el Espíritu va delante de
nosotros, también se asocia con nosotros. Cada uno de nosotros tiene una
historia única o un testimonio sobre su experiencia con Jesús. Necesitamos
compartir nuestras historias. En el proceso, mediante nuestras historias,
podemos encender en el corazón de alguien una nueva visión acerca de Dios o
propiciar un nuevo deseo de seguir al Salvador. Estas reacciones surgen a
partir de nuestra demostración del amor de Dios mediante palabras y acciones.
Dado que las relaciones sanas son el núcleo de lo que Dios quiere para
nosotros, él a menudo espera, o limita su revelación, hasta que un seguidor
suyo está presente para compartir las buenas nuevas. Por lo tanto, nos incumbe
reconocer este privilegio, sintonizar en oración con aquellos con los que Dios
ya está obrando y tratar de compartir la historia de Dios con ellos en toda
oportunidad.
APLICACIÓN A LA VIDA
Si bien los dirigentes de la iglesia a menudo intentan motivar a la
gente para la misión, es crucial reconocer que hay algunas cosas sencillas que
cada uno de nosotros puede hacer para autoevaluarse y analizar la capacidad de
nuestras iglesias locales para participar de la misión de Dios. Estas cosas
sencillas, cuando se hacen intencionadamente, pueden transformarnos de manera
radical para que adoptemos una actitud de humildad y hagamos cambios en la
iglesia que nos lleven a centrarnos más en las necesidades del mundo en
general.
De manera individual, debemos dedicar periódicamente tiempo a la
autorreflexión. Este acto requiere una inmensa dosis de honestidad propia, con
la que todos luchamos habitualmente. Cada uno de nosotros debe preguntarse: ¿He
experimentado últimamente el amor de Dios? Si la respuesta es no, ¿por qué? Si
la respuesta es sí, hazte la siguiente pregunta: ¿He compartido ese amor del
que estoy disfrutando con el resto del mundo? Estas sencillas preguntas, cuando
se formulan con sinceridad, pueden ser muy reveladoras.
De manera colectiva, la iglesia puede hacerse las mismas preguntas. ¿Es
la iglesia un lugar donde la comunidad experimenta a Dios? Y si Dios se
vivencia en la comunidad, ¿comparte la iglesia esa realidad con la sociedad
circundante en general? Una vez que la iglesia evalúa la situación, puede
elaborar planes de seguimiento para avanzar hacia una nueva experiencia con
Dios o para compartir activamente lo que ha experimentado con la comunidad en
general. Es esencial recordar periódicamente (mediante sermones, historias para
niños, libros y artículos) las necesidades del mundo. Al igual que Jesús hizo
con sus discípulos, Dios hace hoy lo mismo con nosotros. Dios desea que seamos
ciudadanos del mundo que piensen más allá de sus propias necesidades. Debemos
anhelar que el amor de Dios se comparta con toda la humanidad, y debemos buscar
activamente formas de hacerlo posible. Para algunos, esta verdad implica
desviar parte de sus recursos financieros hacia una misión concreta. Para
otros, esta verdad significa abrirse a un llamado de Dios que posiblemente
implique trasladarse a un nuevo lugar, ya sea en su mismo país o al otro lado
del mundo.
¿Por qué? Porque Dios nos ha pedido a cada uno de nosotros que
compartamos nuestra historia y nuestros talentos con personas que necesitan
desesperadamente ver una demostración del amor de Dios. No importa lo que Dios
te esté llamando a hacer, recuerda que debes estar abierto a recibir
bendiciones mientras compartes, y que Dios ya está allí antes de que llegues
Comentarios
Publicar un comentario