1. Al tercer día.
[ La fiesta de bodas de Caná,
Juan 2: 1-12. Ver mapa p. 206; diagrama p. 220;en cuanto a los milagros, las pp.
198- 203.] Se trata de un modismo común en hebreo y en griego, que significa "al
segundo día" (cf. Luc. 13: 32; ver t. 1, pp. 191-193; t. V 239-241); en este
caso, el segundo día después del hecho de Juan 1: 43-51. Jesús salió de las
proximidades de Betábara (ver com. cap. 1: 28), viajó ó el resto del día
mencionado en el cap. 1: 43, todo el día siguiente y la mayor parte del "tercer
día", una distancia de unos 105 km. El relato del cap. 1 continúa sin
interrupción. Si el bautismo de Cristo se realizó aproximadamente por el tiempo
de la fiesta de los tabernáculos (ver com. Mat. 3: 13), esto habría acontecido
por el mes de diciembre. Habían pasado unos dos meses desde que Jesús había
salido de Nazaret (ver DTG 118-119).
Unas bodas.
Gr. gámos ,
"boda", "fiesta de boda". Por lo general, se realizaban en el hogar del novio y
continuaban durante varios días (DTG 119-120; Mat. 25: 1-13).
Caná.
Desde los tiempos de Bizancio se identificó con Kafr Kanna, a unos 6 km
al noreste de Nazaret, pero ahora se piensa que se trata de Kirbet Qana, a unos
13 km al norte de Nazaret (ver mapa p. 208). Caná significa "el lugar de cañas".
Abundan las cañas en pantanos cerca de Kirbet Qana, y allí se han encontrado
fragmentos de alfarería que datan de los tiempos romanos. Tiglat Pileser III de
Asiria (745-727 a. C.) dice haber conquistado una ciudad galilea de nombre Qana.
Natanael era de Caná (cap. 21: 2). Aquí el noble encontró a Jesús
aproximadamente un año después (cap. 4: 43-54).
La madre de Jesús.
Juan nunca se refiere a María por nombre (cap. 2: 12; 6: 42; 19: 25).
Sin duda, para entonces José ya había muerto (ver com. Luc. 2: 51). Acerca de
María como la madre de Jesús, ver com. Mat. 1: 23; Luc. 1: 27-28.
2. Jesús.
Había sabido de la boda e
indudablemente entonces volvió a Galilea a fin de estar presente (DTG 118).
Sus discípulos.
Eran cinco: Juan, Andrés, Pedro, Felipe y
Natanael (cap. 1: 40-45). Quizá eran amigos o parientes de las dos familias. De
lo contrario, recibieron su invitación cuando aparecieron en Caná como
acompañantes de Jesús. Su presencia daba testimonio de que Jesús había comenzado
su obra como maestro. Ver com. cap. 1: 37, 40.
3. Faltando el vino.
Habiendo ayudado en los preparativos
de la fiesta (DTG 120), María se sintió responsable de que se, supliera la
falta, y procuró evitar la situación embarazosa que de otra manera se
provocaría.
Es digna de destacarse la confianza de María al recurrir a
Jesús con el problema. Como hijo respetuoso, Jesús siempre había estado atento a
los deseos de ella y había resuelto debidamente cada problema. Por el relato, no
se sabe claramente si María esperaba que Jesús realizara un milagro que no había
hecho hasta entonces (ver com. Luc. 2: 52), o que remediara la falta de otra
manera (cf. DTG 119-120).
4. ¿Qué tienes
conmigo?
Literalmente " ' "¿Qué a mí y a ti?" ', semitismo bastante
frecuente en el AT, Juec. 11: 12; 2 Sam. 16: 10; 19:23; 1 Rey. 17: 18" (Nota de
pie de p. de la BJ). Ver también 2 Rey. 3: 13; 2 Crón. 35: 21; Mat. 8: 29; Mar.
1: 24; Luc. 8: 28; etc. Esta expresión implica que aquel a quien se la dirige ha
traspuesto los límites que le corresponden. Por las instrucciones que María dio
a los que servían, es evidente que ella no entendió la respuesta de Jesús como
una negativa (Juan 2: 5). Se conformaba con que Jesús satisficiera la necesidad
a su debido tiempo y en la forma que a él le pareciera. Durante toda su vida
privada en Nazaret, Jesús había respetado la autoridad de su madre. En realidad,
siempre había sido un hijo respetuoso dentro del círculo de acción del hogar,
donde prevalecía esa relación correcta (cap. 19: 26-27); pero ahora no actuaba
más en forma privada, y María no comprendió plenamente que su autoridad sobre
Jesús estaba limitada al no tratarse del círculo del hogar. Quizá creyó que
tenía por lo menos algún derecho de dirigirlo en su misión (ver com. Mat. 12:
46-50). Por eso, con esas nítidas y corteses palabras, Cristo procuró hacerle
clara la distinción entre su relación con ella como Hijo del hombre y como el
Hijo de Dios (DTG 120). No había cambiado su amor por ella; pero de aquí en
adelante debía trabajar día tras día bajo la dirección de su Padre celestial
(ver DTG 178; com. Luc. 2: 49).
Como en el caso de María y de Jesús, con
frecuencia a los padres de hoy día les resulta difícil ceder y finalmente
despojarse de su autoridad sobre sus hijos a fin de que éstos puedan ganar
experiencia para hacer frente a los problemas de la vida por sí mismos y
aprendan a aceptar responsabilidades por sus decisiones. Sabios son los padres y
afortunados los hijos cuando ese traspaso de autoridad se efectúa naturalmente y
sin fricciones.
Mujer.
En el Cercano Oriente éste era un trato
común y respetuoso (cap. 19: 26; DTG 120). El que había ordenado a los hombres
que honraran a sus padres (Exo. 20:12; cf PP 381) era un ejemplo viviente de
este principio. Durante 30 años había sido un hijo amante, obediente y atento
(ver com. Luc. 2: 51-52; cf. DTG 120) y a pesar de su nueva misión, no dejaría
de serlo.
Mi hora.
Cf. cap. 7: 6, 8, 30; 8: 20; etc. Es evidente
que María esperaba que en esa ocasión Jesús se proclamara como el Mesías (DTG
118), pero no había llegado el tiempo para que hiciera esa declaración (ver com.
Mar. 1: 25). Había un tiempo señalado para cada acontecimiento de la vida de
Cristo (DTG 414; ver com. Luc. 2: 49). Tan sólo cuando estaba por terminar su
ministerio, Jesús anunció públicamente que era el Mesías (ver com. Mat. 21:
1-2), y fue crucificado debido a esa afirmación (Mat. 26: 63-65; Luc. 23: 2;
Juan 19: 7; ver com. Mat. 27: 63-66). Tan sólo cuando llegó la noche de la
traición, Jesús dijo: " "Mi tiempo está cerca" " (Mat. 26: 18; cf. Juan 12: 23;
13: 1; 17: 1).
5. Los que servían.
Gr. diákonos , de donde proviene nuestra palabra "diácono". Es evidente
que los siervos recurrieron a María como quien tenía la responsabilidad de que
hubiera más vino, pues aun el "maestresala" todavía no sabía que faltaba (DTG
121).
6. Tinajas de piedra para agua.
Al parecer las tinajas de piedra eran preferibles a los cacharros
comunes como recipientes de agua para la purificación (cf. Mishnah Kelim 10. 1;
Talmud Shabbath 96a). El agua conservada en esos recipientes sin duda era para
usar en alguna ceremonia o rito.
La purificación.
Es decir, el
lavado ceremonial de las manos antes y después de las comidas (ver com. Mar. 7:
2-5) , y quizá también de los diversos utensilios necesarios para la preparación
y consumo de los alimentos en la fiesta.
Los judíos.
Es evidente
que Juan escribía para los que no eran judíos. La explicación aquí dada no
hubiera sido necesaria para lectores judíos.
Dos o tres cántaros.
"Medidas" " (BJ). Se piensa que el "cántaro" (o "medida") que era el
equivalente del "bato" del AT (ver t. 1, p. 176; t. V, p. 52), y por lo tanto
representaría unos 22 lt. Cada tinaja habría contenido por lo menos 44 lt, lo
que daría un total mínimo de 264 lt. Debe haber habido una gran cantidad de
invitados en la fiesta de bodas.
7.
Llenad
estas tinajas.
Todo lo que el poder humano podía realizar debía ser
hecho por manos humanas (ver p. 199). Estaba por revelarse el poder divino, pero
debía ser acompañado por un concienzudo esfuerzo humano. Dios nunca hace por los
hombres lo que ellos puedan hacer por sí mismos, pues eso los convertiría en
debiluchos espirituales. A semejanza de Moisés (Exo. 4: 2), la viuda (2 Rey 4:
2) y los mismos discípulos de Jesús (Mat. 15: 34), debemos utilizar plenamente
los recursos de que disponemos si esperamos que Dios añada su bendición.
8.
Maestresala.
Gr. arjitríklinos, literalmente
"gobernante de los tres sofás para recostarse". En ocasión de las fiestas
sociales, los invitados se recostaban en sofás inclinados colocados en tres
lados de una mesa baja, el cuarto lado quedaba libre para servir la mesa. Esta
disposición de la mesa y de los canapés era llamada un triklínion (ver com. Mar.
2: 15).
9. Vino.
Este era "jugo
puro de uva" (DTG 123). Jesús procedía de acuerdo con los principios revelados a
anteriores escritores de la Biblia (ver Prov. 20: 1; 23: 29-32; cf. 1 Cor. 3:
16-17; 6: 19; com. Mat. 26: 27).
Sacado el agua.
Parece que el
agua continuó siendo agua mientras estuvo en las tinajas, pues se dice que era
"agua" cuando los siervos la sacaron. Quizá se convirtió en vino mientras la
sacaban. Cf. com. Mar. 6: 41.
Llamó al esposo.
"Al novio" (BJ).
En los países orientales se esperaba fue el novio, o su familia, proveyeran todo
lo necesario para la fiesta de bodas.
10. Todo hombre.
El "maestresala" quedó abochornado ante lo
que parecía ser la transgresión de una práctica usual y temió que los invitados
lo culparían de haber quebrantado una costumbre. Al recurrir al novio, procuró
aclarar que la responsabilidad no era suya.
Bebido mucho.
Una
vez que los hombres habían "bebido mucho" sus sentidos se embotaban, y no podían
distinguir la calidad de los sabores.
Buen vino.
Este vino era
superior a cualquier otro que el mayordomo de la fiesta hubiera jamás probado
(DTG 121). Los invitados también apreciaron la calidad del vino -una prueba de
que no habían "bebido mucho" hasta ese momento- y preguntaron acerca de su
origen (DTG 122). El cielo siempre da al final lo mejor que tiene para los que
esperan con paciencia.
11.
Este principio.
El primer milagro fue realizado aproximadamente una semana después de
que fueran llamados los primeros discípulos (vers. 1). El segundo milagro que se
registra fue hecho también en Caná, en ocasión de la siguiente visita de Jesús,
aproximadamente un año más tarde (cap. 4: 43-54).
Sus discípulos creyeron.
Este milagro proporcionó a los primeros
discípulos la evidencia inicial y visible del poder divino que operaba mediante
Cristo, los fortaleció contra la incredulidad y la antipatía de los dirigentes
judíos, y les brindó su primera oportunidad de testificar de la fe recién
recibida. Honró la confianza de María, y de una manera práctica expresó la
simpatía y el interés de Jesús en la felicidad humana.
12. Después de esto.
Gr. Metá tóuto , frase que usa Juan
para indicar el transcurso del tiempo (cap. 11: 7, 11; 19: 28) en una secuencia
estrictamente cronológica, sin especificar la longitud del intervalo de tiempo.
Descendieron a Capernaúm.
Saliendo de Caná, en plena zona
montañosa de Galilea, literalmente "descendieron" a Capernaúm a orillas del mar
de Galilea, a unos 208 m bajo el nivel del Mediterráneo (ver com. Mat. 4: 13).
No se indica el propósito de esta visita.
13. La pascua de los judíos.
[ Primera pascua: primera
limpieza del templo, Juan 2: 13-25. Cf. com. Mat. 21: 12-17. Ver mapa p. 207;
los diagramas de las pp. 219-221.] Esta pascua, la del año 28 d. C., fue la
primera del ministerio de Jesús (ver pp. 183, 238). Si Juan hubiera estado
escribiendo para lectores judíos, sencillamente habría dicho "la pascua". Acerca
de la fiesta de la pascua, ver com. Exo. 12: 3-15; Lev. 23: 5; Deut. 16: 1-2.
14. El templo
Gr. hierón , el
templo con sus atrios, pórticos y edificios adyacentes, no el naós, el edificio
principal, como en el vers. 20 (ver com. Mat. 4: 5). En Juan 2: 21 Jesús usa
naós refiriéndose a su cuerpo. El atrio externo, o atrio de los gentiles, era el
escenario del tráfico profano aquí descrito.
Los que vendían.
Esta fue la primera limpieza del templo que hizo Jesús, su primer acto
de importancia nacional. Al realizarlo Cristo declaró su derecho a manejar los
asuntos del templo y anunció su misión como el Mesías. La segunda limpieza
aconteció tres años más tarde, en ocasión de la cuarta pascua (ver pp. 901 183,
238; diagrama 5, p. 219; com. Mat. 21: 12-17) como un recordativo de que el
derecho de Cristo todavía era válido.
15. Un azote.
O "látigo" (BJ). Jesús no golpeó en realidad a la gente. El látigo
simbolizaba su autoridad, y el blandirlo en el aire era suficiente para que su
intención fuera clara. No se menciona un látigo en relación con la segunda
limpieza.
16. La casa de mi Padre.
El templo
era el lugar donde moraba Dios entre los hombres (Exo. 25: 8). Vez tras vez los
judíos criticaron a Jesús porque hablaba de Dios como su Padre (Juan 5: 17-18;
8: 18-19, 38-39; 10: 30- 33). Ellos también afirmaban que Dios era su Padre
(cap. 8: 41), pero se daban cuenta de que Jesús lo hacía en un sentido más
excelso. Percibían que en esas palabras Jesús exponía un derecho incondicional a
la divinidad. En la segunda limpieza Jesús habló del templo como "mi casa" (Mat.
21: 13), y, al día siguiente, cuando los dirigentes rechazaron su exhortación
final, él se refirió al templo como "vuestra casa" (Mat. 23: 38).
Casa
de mercado.
Es decir, un lugar de comercio, de transacciones comerciales
comunes. En la segunda limpieza, él usó la expresión " "cueva de ladrones" (Mat.
21: 13). Los que hoy día, concienzudamente, procuran hacer de la casa de su
Padre una "casa de oración" (Mat. 21: 13), evitarán convertirla en un lugar de
pensamientos, palabras o acciones comunes. Desearán entrar en la casa de Dios
con respeto y reverencia, conscientes de su santa presencia, con el corazón y la
mente elevados en oración y alabanza (ver Juan 4: 23-24; cf. Sal. 96: 9).
17. Celo.
Gr. z
los , "ardor", "indignación", "celos". Esta es una cita de Sal. 69: 9 (ver allí
el comentario). Jesús fervientemente deseaba que la casa de su Padre se usara
exclusivamente para el propósito para el cual había sido delicada (ver com. Exo.
25: 8-9; Mat. 21: 13).
Me consume.
"Me devorará" (BJ). La
lealtad a Dios era en Jesús una pasión que lo consumía. Así debiera ser en
nuestro caso.
18. Los judíos.
Una
forma característica de Juan para designar a los dirigentes religiosos de la
nación.
Señal.
Gr. s méion (ver p. 198; com. Isa. 7: 14; Mat.
12: 38-39). Los dirigentes exigían una prueba de que Jesús tenía derecho a tomar
la dirección de los asuntos del templo. Su proceder significaba un desafío
directo a las autoridades de ellos, algo que no podían pasar por alto (cf. com.
Juan 1: 19, 25). Como de costumbre, el pedido de una "señal" de la clase que
pedían esos censores, no halló respuesta (ver com. Mat. 12: 38-39; Luc. 23: 8).
19. Destruid este templo.
La
palabra que aquí se usa para templo es naós , el santuario propiamente dicho
(ver com. vers. 14). Con estas palabras Jesús insinúa por primera vez la suerte
que le aguardaba al fin de su peregrinación terrenal. Ya los judíos estaban
tramando su muerte (DTG 136). Cuando fue juzgado, esta declaración fue
tergiversada y convertida en la acusación de que se proponía destruir el templo,
e hicieron de dicha acusación la excusa para el cumplimiento de esta profecía de
Cristo (cf. Mar. 14: 58; ver com. Mat. 26: 61).
La analogía entre el
templo literal y el cuerpo de Cristo no es tan lejana como podría parecer al
principio. El santuario, y después el templo, tuvieron el propósito de ser la
morada terrenal de Dios (ver com. Exo. 25: 89). Allí, por encima del
propiciatorio, aparecía el símbolo glorioso de la sagrada presencia permanente
de Dios (ver com. Gén. 3: 24; Exo. 25: 17). Pero, como ya lo hizo resaltar Juan
(ver com. Juan 1: 14), esa misma gloria divina moró en el tabernáculo de carne
humana en la persona de nuestro Señor. Cf. 1 Cor. 3: 16.
Lo levantaré.
Jesús se refirió a su
resurrección (ver com. cap. 10: 18). Pero los judíos, no comprendieron
plenamente la importancia de la declaración, y pensaron en la estructura del
templo literal. Que finalmente discernieron la verdadera importancia de las
palabras de Jesús se ve por Mat. 27: 63-64.
20. Cuarenta y seis años.
Ver pp. 233-234. Aplicándose
literalmente al templo, la observación de Jesús- evidentemente figurada-
resultaba absurda. Siempre los judíos rehusaron ver más allá del significado
superficial de las palabras de Jesús, ni quisieron ver en él nada más que el
hombre común que parecía ser (cap. 7: 15, 20, 33-36; ver com. cap. 5: 17-18; 8:
52-59; 9: 29; etc.). Esta interpretación de la vida y de las enseñanzas de Jesús
ha sido típica del judaísmo hasta el día de hoy.
22. Por tanto, cuando.
Es
decir, cuando la predicción se había cumplido (cf. com. Mat. 17: 9). Sólo
abarcando el ministerio de Jesús en su conjunto, los discípulos podían entender
el significado más profundo de algunas de sus palabras y actos. Después de la
resurrección, el Espíritu Santo los guió para que tuvieran una comprensión más
perfecta del significado de sus palabras y acciones (Juan 14: 26; 15: 26; 16:
13).
La Escritura.
Juan parece tener en cuenta algún pasaje
particular de las Escrituras, quizá Sal. 16: 10, ó 69: 9, citado en vers. 17.
Podría referirse en general a todas las profecías mesiánicas del AT, cuya
importancia los discípulos entendieron más plenamente después de la resurrección
(cf. com. Luc. 24: 25-27, 44; Juan 12: 16).
23. Muchos creyeron.
Este es el primer informe de una respuesta
pública al mensaje de Jesús. Repetidas veces Juan hace notar que, en varias
ocasiones, "muchos creyeron" (cap. 4: 39; 11: 45; 12: 42; ver com. cap. 1: 12).
Esto señala el comienzo del ministerio en Judea, el cual continuó durante muchos
meses y formalmente terminó en la pascua de 29 d. C. (ver Nota Adicional com.
Luc. 4; diagrama p. 220; com. Mat. 4: 12).
Las señales.
"Los
milagros" " (VM). Este es el único registro de "señales" (o "milagros") durante
el período del ministerio en Judea. El único milagro que se menciona
específicamente es el que señaló la terminación de esta etapa: la curación del
hombre en el estanque de Betesda (cap. 5: 1-9).
24. No se fiaba.
O "no confiaba" . Es decir, no tenía
confianza en aquellos que aparentaban creer en él (vers. 23). Sabía que muchos
de los que ahora estaban tan ansiosos de aclamarlo -a semejanza de la gente de
Galilea dos años después-, lo abandonarían y no estarían más con él (cf. cap. 6:
66). Conocía la velocidad del corazón humano, y cuántos conversos en tiempo de
bonanza eran superficiales o hipócritas (ver cap. 6: 64; com. cap. 7: 2-9).
25. Lo que había en el hombre.
Con
frecuencia Jesús leía los pensamientos de los hombres, dándoles así una
evidencia de su divinidad (ver com. Mar. 2: 8).
CBA T5
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