INTRODUCCIÓN.-
EL Sal. 38 es una oración de arrepentimiento (ver Sal. 6, y la pág. 629) en la cual el salmista narra su intenso sufrimiento, tanto físico como mental. Describe cómo su cuerpo es atormentado por el dolor, y su mente es angustiada, en parte porque se siente condenado, y en parte porque teme a sus enemigos. Los sufrimientos se intensifican al ver que los que debieran ser sus amigos lo han abandonado cuando más los necesita. Este salmo consta de tres partes, cada una de las cuales comienza con un ruego a Dios. En los vers. 1-8 el salmista describe la magnitud de su sufrimiento; en los vers. 9-14, su paciencia, y en los vers. 15-22 está su plegaria en busca de ayuda para que los impíos no tengan oportunidad de gloriarse de su calamidad. En este salmo abundan formas verbales poco comunes, nítidos paralelismos, juegos de palabras y ritmos cuidadosamente equilibrados.
Con referencia al sobrescrito, ver págs. 622, 633.
1. No me reprendas.
Cf. Sal. 6: 1.
EL Sal. 38 es una oración de arrepentimiento (ver Sal. 6, y la pág. 629) en la cual el salmista narra su intenso sufrimiento, tanto físico como mental. Describe cómo su cuerpo es atormentado por el dolor, y su mente es angustiada, en parte porque se siente condenado, y en parte porque teme a sus enemigos. Los sufrimientos se intensifican al ver que los que debieran ser sus amigos lo han abandonado cuando más los necesita. Este salmo consta de tres partes, cada una de las cuales comienza con un ruego a Dios. En los vers. 1-8 el salmista describe la magnitud de su sufrimiento; en los vers. 9-14, su paciencia, y en los vers. 15-22 está su plegaria en busca de ayuda para que los impíos no tengan oportunidad de gloriarse de su calamidad. En este salmo abundan formas verbales poco comunes, nítidos paralelismos, juegos de palabras y ritmos cuidadosamente equilibrados.
Con referencia al sobrescrito, ver págs. 622, 633.
1. No me reprendas.
Cf. Sal. 6: 1.
2. Tus saetas.
Símbolos del castigo divino (ver Sal. 7: 13).
Ha descendido tu mano.
Ver Sal. 32: 4.
3. Nada hay sano.
Isa. 1: 6. Los síntomas que aquí se describen, y el abandono, por parte de sus amigos, que sufre el enfermo (ver vers. 7, 11), trasmiten la idea de que la enfermedad era sumamente repulsiva.
No hay paz.
El sufrimiento no cesaba.
A causa de mi pecado.
El salmista cree que el sufrimiento es un castigo por su pecado. Todo sufrimiento es consecuencia de la entrada del pecado en el mundo, y muchas veces el sufrimiento de una persona es una consecuencia directa del obrar mal. " "Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará" " (Gál. 6: 7). El Señor no obra milagros para impedir que la gente sufra las consecuencias de la violación de las leyes naturales (ver CRA 33). Si Dios protegiera a los pecadores de los desastrosos resultados de su mal proceder, ellos se envalentonarían en su iniquidad.
Sin embargo, no todo sufrimiento es resultado directo del pecado cometido por el que sufre. Entre los antiguos, muchos consideraban que toda aflicción era castigo de alguna mala acción ya fuera del que sufría o de sus padres (ver Juan 9: 2). Juzgaban el grado de culpabilidad por la intensidad del sufrimiento. "Satanás, el autor del pecado y de todos sus resultados, había inducido a los hombres a considerar la enfermedad y la muerte como procedentes de Dios, como un castigo arbitrario infligido por causa del pecado" (DTG 436). A causa de este concepto erróneo consideraban que el Padre celestial era un severo y exigente ejecutor de justicia.
Muchos cristianos comparten esta idea equivocada. A pesar de las lecciones contenidas en el libro de Job y en las enseñanzas de Jesús (ver Luc. 13: 16; Hech. 10: 38; cf. 1 Cor. 5: 5; 2 Cor. 12: 7), consideran que Dios es el originador de la enfermedad.
En el siguiente pasaje se encuentra la verdadera filosofía del sufrimiento: "El sufrimiento es infligido por Satanás, pero . . . Dios predomina sobre él con fines de misericordia" (DTG 436). La razón por la cual Dios no siempre libra a sus hijos de la enfermedad y el sufrimiento es que, si lo hiciera, Satanás lo acusaría -como lo hizo en el caso de Job- de ser injusto por tender un cerco protector alrededor de los suyos (Job 1: 10). Dios permite que Satanás aflija a los justos para que al fin pueda demostrarse que no tienen fundamento todas las acusaciones de injusticia que se lanzan contra Dios.
La persona que sufre puede consolarse pensando que, aunque un "mensajero de Satanás" la abofetee (2 Cor. 12: 7), Dios está por encima de todo para cumplir los propósitos de su misericordia, y que hará que la 735 aflicción resulte para el bien del afligido (ver Rom. 8: 28).
4. Mis iniquidades.
Se destaca el sentido del vers. 3.
Se han agravado.
El repentino cambio de la figura de lenguaje que describe las iniquidades que, dice el salmista, "se han agravado sobre mi cabeza" como olas del mar, al mencionar que el pecado es "como carga pesada ... sobre mí" , podría insinuar una confusión de ideas, quizá como resultado de la enfermedad (ver com. vers. 8, 10).
6. Ando enlutado.
Cf. Job 1: 20; 2: 8; Sal. 35: 14.
7. Llenos de ardor.
Los síntomas sugieren algún proceso inflamatorio y una enfermedad repulsiva.
Nada hay sano.
Ver com. vers. 3.
8. Estoy debilitado.
O, "entumecido" (BJ)
Gimo.
El hebreo usa un vocablo que significa "rugido" (cf. Sal. 22: 1). La voz expresa la más profunda angustia del alma. Con este versículo el salmista concluye la parte principal de la descripción de los síntomas físicos de su sufrimiento.
9. Delante de ti.
El salmista reconoce que Dios es consciente de su deseo de obtener el perdón y la curación, y que no hay ninguna necesidad de repetir su plegaria. Debe dejar su caso en las manos de Dios, quien oye la más débil oración. Dios no nos escucha porque hablemos mucho, sino porque conoce nuestros íntimos intentos y sabe cuándo estamos enteramente consagrados a él. "La verdadera oración requiere las energías del alma y afecta la vida" (3TS 386).
Este versículo constituye el único rayo de consuelo en los vers. 1-14. Al salmista le basta darse cuenta de que puede desahogarse con Dios, quien lo cuida y lo conoce.
10. Mi corazón está acongojado.
Entre las complicaciones de la enfermedad se encuentran: palpitaciones del corazón, debilidad y ceguera parcial. El doliente está exhausto por la agonía de su sufrimiento, y se encuentra prácticamente al borde de la muerte.
11. Mis amigos.
Cf. Sal. 31: 11. Los amigos no quieren acercarse al enfermo, quizá por miedo de contagiarse (ver Job 19: 13-20). Tal vez este distanciamiento sea una de las saetas del vers. 2.
Plaga.
Heb. nega !, "azote" , "plaga" . Se emplea este vocablo para describir una calamidad o castigo (ver Gén. 12: 17; Exo. 11: 1). El salmista deja de pensar en el sufrimiento que le causa su estado físico y mental, y considera su sufrimiento, agravado por la conducta de sus amigos que lo han abandonado y de sus enemigos que complotan contra él.
13. Sordo.
El salmista no hace caso de las calumnias de sus enemigos y permanece en silencio a pesar de la persecución.
15. En ti.
Por tercera vez el salmista se dirige a Dios (ver vers. 1, 9).
18. Confesaré.
El salmista confiesa enteramente su pecado. No oculta nada. El sufrimiento ha sido saludable (ver com. vers. 3). Ahora siente la satisfacción del verdadero arrepentimiento.
19. Porque mi enemigos.
Está perplejo porque sus enemigos prosperan y gozan de buena salud.
20. Por seguir yo lo bueno.
La causa de la conducta de sus enemigos es una: el salmista es bueno y hace el bien. El pecado no puede tolerar lo bueno. La depravación total aborrece injusticia (ver 1 Juan 3: 12).
21. No me desampares.
Ver Sal. 22: 11, 19.
22. Mi salvación.
Ver Sal. 27: 1. En las palabras finales del salmo se nota el efecto saludable del sufrimiento del salmista. Las pruebas lo obligaron a clamar fervientemente a Dios, a quien reconoce como su única esperanza de salvación.
CBA T3
Símbolos del castigo divino (ver Sal. 7: 13).
Ha descendido tu mano.
Ver Sal. 32: 4.
3. Nada hay sano.
Isa. 1: 6. Los síntomas que aquí se describen, y el abandono, por parte de sus amigos, que sufre el enfermo (ver vers. 7, 11), trasmiten la idea de que la enfermedad era sumamente repulsiva.
No hay paz.
El sufrimiento no cesaba.
A causa de mi pecado.
El salmista cree que el sufrimiento es un castigo por su pecado. Todo sufrimiento es consecuencia de la entrada del pecado en el mundo, y muchas veces el sufrimiento de una persona es una consecuencia directa del obrar mal. " "Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará" " (Gál. 6: 7). El Señor no obra milagros para impedir que la gente sufra las consecuencias de la violación de las leyes naturales (ver CRA 33). Si Dios protegiera a los pecadores de los desastrosos resultados de su mal proceder, ellos se envalentonarían en su iniquidad.
Sin embargo, no todo sufrimiento es resultado directo del pecado cometido por el que sufre. Entre los antiguos, muchos consideraban que toda aflicción era castigo de alguna mala acción ya fuera del que sufría o de sus padres (ver Juan 9: 2). Juzgaban el grado de culpabilidad por la intensidad del sufrimiento. "Satanás, el autor del pecado y de todos sus resultados, había inducido a los hombres a considerar la enfermedad y la muerte como procedentes de Dios, como un castigo arbitrario infligido por causa del pecado" (DTG 436). A causa de este concepto erróneo consideraban que el Padre celestial era un severo y exigente ejecutor de justicia.
Muchos cristianos comparten esta idea equivocada. A pesar de las lecciones contenidas en el libro de Job y en las enseñanzas de Jesús (ver Luc. 13: 16; Hech. 10: 38; cf. 1 Cor. 5: 5; 2 Cor. 12: 7), consideran que Dios es el originador de la enfermedad.
En el siguiente pasaje se encuentra la verdadera filosofía del sufrimiento: "El sufrimiento es infligido por Satanás, pero . . . Dios predomina sobre él con fines de misericordia" (DTG 436). La razón por la cual Dios no siempre libra a sus hijos de la enfermedad y el sufrimiento es que, si lo hiciera, Satanás lo acusaría -como lo hizo en el caso de Job- de ser injusto por tender un cerco protector alrededor de los suyos (Job 1: 10). Dios permite que Satanás aflija a los justos para que al fin pueda demostrarse que no tienen fundamento todas las acusaciones de injusticia que se lanzan contra Dios.
La persona que sufre puede consolarse pensando que, aunque un "mensajero de Satanás" la abofetee (2 Cor. 12: 7), Dios está por encima de todo para cumplir los propósitos de su misericordia, y que hará que la 735 aflicción resulte para el bien del afligido (ver Rom. 8: 28).
4. Mis iniquidades.
Se destaca el sentido del vers. 3.
Se han agravado.
El repentino cambio de la figura de lenguaje que describe las iniquidades que, dice el salmista, "se han agravado sobre mi cabeza" como olas del mar, al mencionar que el pecado es "como carga pesada ... sobre mí" , podría insinuar una confusión de ideas, quizá como resultado de la enfermedad (ver com. vers. 8, 10).
6. Ando enlutado.
Cf. Job 1: 20; 2: 8; Sal. 35: 14.
7. Llenos de ardor.
Los síntomas sugieren algún proceso inflamatorio y una enfermedad repulsiva.
Nada hay sano.
Ver com. vers. 3.
8. Estoy debilitado.
O, "entumecido" (BJ)
Gimo.
El hebreo usa un vocablo que significa "rugido" (cf. Sal. 22: 1). La voz expresa la más profunda angustia del alma. Con este versículo el salmista concluye la parte principal de la descripción de los síntomas físicos de su sufrimiento.
9. Delante de ti.
El salmista reconoce que Dios es consciente de su deseo de obtener el perdón y la curación, y que no hay ninguna necesidad de repetir su plegaria. Debe dejar su caso en las manos de Dios, quien oye la más débil oración. Dios no nos escucha porque hablemos mucho, sino porque conoce nuestros íntimos intentos y sabe cuándo estamos enteramente consagrados a él. "La verdadera oración requiere las energías del alma y afecta la vida" (3TS 386).
Este versículo constituye el único rayo de consuelo en los vers. 1-14. Al salmista le basta darse cuenta de que puede desahogarse con Dios, quien lo cuida y lo conoce.
10. Mi corazón está acongojado.
Entre las complicaciones de la enfermedad se encuentran: palpitaciones del corazón, debilidad y ceguera parcial. El doliente está exhausto por la agonía de su sufrimiento, y se encuentra prácticamente al borde de la muerte.
11. Mis amigos.
Cf. Sal. 31: 11. Los amigos no quieren acercarse al enfermo, quizá por miedo de contagiarse (ver Job 19: 13-20). Tal vez este distanciamiento sea una de las saetas del vers. 2.
Plaga.
Heb. nega !, "azote" , "plaga" . Se emplea este vocablo para describir una calamidad o castigo (ver Gén. 12: 17; Exo. 11: 1). El salmista deja de pensar en el sufrimiento que le causa su estado físico y mental, y considera su sufrimiento, agravado por la conducta de sus amigos que lo han abandonado y de sus enemigos que complotan contra él.
13. Sordo.
El salmista no hace caso de las calumnias de sus enemigos y permanece en silencio a pesar de la persecución.
15. En ti.
Por tercera vez el salmista se dirige a Dios (ver vers. 1, 9).
18. Confesaré.
El salmista confiesa enteramente su pecado. No oculta nada. El sufrimiento ha sido saludable (ver com. vers. 3). Ahora siente la satisfacción del verdadero arrepentimiento.
19. Porque mi enemigos.
Está perplejo porque sus enemigos prosperan y gozan de buena salud.
20. Por seguir yo lo bueno.
La causa de la conducta de sus enemigos es una: el salmista es bueno y hace el bien. El pecado no puede tolerar lo bueno. La depravación total aborrece injusticia (ver 1 Juan 3: 12).
21. No me desampares.
Ver Sal. 22: 11, 19.
22. Mi salvación.
Ver Sal. 27: 1. En las palabras finales del salmo se nota el efecto saludable del sufrimiento del salmista. Las pruebas lo obligaron a clamar fervientemente a Dios, a quien reconoce como su única esperanza de salvación.
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