INTRODUCCIÓN.-
EL Sal. 39 es una elegía penitencial o de arrepentimiento, considerada por algunos como "la más hermosa de todas las elegías del Salterio". Es la conmovedora expresión de un alma que al comienzo no puede hablar de su tristeza. Como no puede reprimir indefinidamente sus emociones, el salmista finalmente se desahoga con Dios. En todo este salmo hay sólo una vislumbre de luz, que se expresa en esta profesión de fe: "Mi esperanza está en ti" (vers. 7). Como a Job, al salmista le preocupa que exista el sufrimiento bajo el gobierno de un Dios bondadoso.
Con referencia al sobrescrito, ver págs. 622, 633.
1. Yo dije.
David resolvió no pecar con sus palabras (ver Sant. 3: 2; cf. Job 2: 10).
Freno.
Heb. majsom , "bozal" (Deut. 25: 4. Cf. Sant. 3: 2-4).
Delante de mí.
El salmista no quería que su queja fortaleciera la hostilidad de los impíos para con Dios (ver Sal. 73: 13). Estos tergiversan nuestras dudas y las emplean maliciosamente.
2. Enmudecí.
Cf. Sal. 38: 13.
Se agravó.
Las emociones reprimidas pueden agravarse (ver Jer. 20: 9); cuando se expresan hay alivio.
3. Proferí.
El fuego de sus emociones reprimidas por fin estalla en llamas y termina el silencio. Los vers. 1-3 constituyen la introducción a los sentimientos del salmista, expresados en los vers. 4-13.
4. Mi fin.
La esencia de los turbados pensamientos del salmista se encuentra en la primera frase de este versículo. El desea tener una comprensión acertada de la brevedad e incertidumbre de la vida humana, a fin de 737 que pueda descansar seguro, consciente del cuidado de Dios.
Cuán frágil soy.
Cf. Job 3.
5. Término corto.
Literalmente, "has hecho mis días como palmos", obviamente pocos y cortos. El palmo era una de las medidas lineales más cortas; equivalía a 1/6 de codo, o sea 7,4 cm (ver t. I, pág. 174).
Edad.
Heb. jéled, la duración de la vida. Cf. Sal. 90: 4-6.
Es completa vanidad.
La vida es tan corta, y es tan poco lo que logramos realizar en ella, que resulta natural que en algún momento todos nos preguntemos por qué Dios nos ha hecho así.
Selah.
Ver pág. 635.
6. Como una sombra.
Heb. tsélem , "imagen", en contraposición con lo que es real y duradero.
En vano se afana.
El ser humano es inquieto, activo y lleno de ansiedad. No obstante, ¿qué puede lograr? (ver Sant. 4: 13, 14).
Amontona riquezas.
El salmista contempla esos fantasmas llamados hombres, que gastan la mayor parte de su energía amontonando riquezas a sabiendas de que, después de muertos, no dispondrán de su fortuna (ver Job 27: 16-19; Ecl. 2: 18, 21).
7. Y ahora.
Hay una repentina transición, de la consideración de la vanidad de la vida actual al pensamiento de Dios como fuente de la esperanza humana. Este es el único rayo de luz en esta elegía.
8. Mis transgresiones.
El salmista cree que el perdón lo librará de su angustia, porque considera que sus dificultades han surgido por causa de su transgresión.
Insensato.
Heb. nabal , "insensato" , "necio" " (2 Sam. 3: 33; Sal. 14: 1; 53: 1; etc.). El salmista es celoso del honor de Dios. Cree que si éste no lo libra, será ridiculizado por los impíos, quienes se regocijarán de ver una prueba patente de que Dios no se preocupa por la humanidad.
9. Enmudecí.
Cf. vers. 2.
Porque tú lo hiciste.
El salmista intentó resolver su problema sometiéndose ciegamente a la voluntad de Dios. Muchos procuran resolver de la misma manera el problema del sufrimiento. Tratan de convencerse de que, si Dios envía el castigo, éste debe ser justo y bueno. Como el salmista, no comprenden la verdadera filosofía del sufrimiento (ver com. Sal. 38: 3). En vez de reconocer que Satanás
es el verdadero autor de la enfermedad y de la aflicción, y que Dios es quien supera los ardides del enemigo para bien del que sufre (ver DTG 436), consideran que la enfermedad y la muerte tienen su origen en Dios y que se aplican en forma arbitraria como castigo por la transgresión.
10. Quita.
Es correcto pedir que sea quitado el azote del enemigo (ver 2 Cor. 12: 8), pero el que pide debería someterse plenamente a la voluntad divina (ver Luc. 22: 42). Sólo Dios puede juzgar cada caso a la luz de todo lo que está implicado en el gran conflicto. Nuestra parte consiste en quitar cualquier impedimento para que Dios pueda realizar en nosotros lo que él desea, y luego hemos de dejar los resultados con él. Si la plaga no desaparece, debemos decir con Pablo: " "De buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo" " (2 Cor. 12: 9).
Plaga.
Heb. nega' (ver com. Sal. 38: 11).
11. Con castigos.
Ver com. Sal. 38: 3.
Como polilla.
Ver Isa. 51: 8; Ose. 5: 12.
Selah.
Ver pág. 635.
12. Mis lágrimas.
En los vers. 12 y 13 se presenta el ruego final del salmista.
Forastero.
Cf. Gén. 15: 13; Exo. 2: 22.
Advenedizo.
Heb. toshab , el que se establece por un tiempo en un país pero que no es ciudadano de él (ver 1 Crón. 29: 15).
Todos mis padres.
Ver Gén. 47: 9; Heb. 11: 13-15.
13. Déjame.
Literalmente, "aparta tu mirada de mí". Es un ruego para que Dios no lo siga afligiendo. En contraste con la oración habitual para pedir que Dios lo mire y le proporcione ayuda, el salmista le ruega que aparte de él lo que considera como una mirada castigadora.
Tomaré fuerzas.
Heb. "me alegraré".
Perezca.
Cf. Sal. 6: 5; Job 14: 1-12.
El salmo concluye con una nota de profunda tristeza, lo cual mantiene casi intacta la unidad de pensamiento de la elegía (ver vers. 7).
CBA T3

Comentarios
Publicar un comentario