Lección 1 | Domingo 25 de junio
PABLO, EVANGELISTA EN ÉFESO
¿Qué hace Pablo en su primera visita a Éfeso, al final de su segundo viaje misionero? (Hech. 18:18–21).
Hch 18:18 Mas Pablo, habiéndose detenido aún muchos días allí, después se despidió de los hermanos y navegó a Siria, y con él Priscila y Aquila, habiéndose rapado la cabeza en Cencrea, porque tenía hecho voto.(A)
Hch 18:19 Y llegó a Efeso, y los dejó allí; y entrando en la sinagoga, discutía con los judíos,
Hch 18:20 los cuales le rogaban que se quedase con ellos por más tiempo; mas no accedió,
Hch 18:21 sino que se despidió de ellos, diciendo: Es necesario que en todo caso yo guarde en Jerusalén la fiesta que viene; pero otra vez volveré a vosotros, si Dios quiere. Y zarpó de Efeso.
Éfeso era una de las ciudades más grandes del Imperio Romano, con una población de unos doscientos cincuenta mil habitantes. Era la capital de una de las provincias más ricas del Imperio, la provincia de Asia, que abarcaba gran parte de lo que hoy se conoce como Asia Menor. En los días de Pablo, la provincia disfrutaba de un período de crecimiento y prosperidad. Al ser una ciudad portuaria, Éfeso también estaba en la encrucijada de importantes rutas terrestres. Si bien la gente de la ciudad adoraba a muchas deidades, Artemisa, considerada la diosa protectora de la ciudad, era suprema. La adoración a Artemisa era el centro de las ceremonias cívicas, los juegos deportivos y las celebraciones anuales. (Los romanos denominaban Diana a Artemisa; ver Hech. 19:24, 35).
Posteriormente, Pablo regresa a Éfeso en su tercer viaje misionero (Hech. 19:1–12) y se queda allí “por tres años” (Hech. 20:31). El apóstol dedica un tiempo sustancial a Éfeso, con la intención de dar un fundamento sólido al cristianismo allí.
¿Qué acontecimiento extraño genera una reverencia generalizada por el “Señor Jesús” en Éfeso? (Hech. 19:13–20).
Hch 20:13 Nosotros, adelantándonos a embarcarnos, navegamos a Asón para recoger allí a Pablo, ya que así lo había determinado, queriendo él ir por tierra.
Hch 20:14 Cuando se reunió con nosotros en Asón, tomándole a bordo, vinimos a Mitilene.
Hch 20:15 Navegando de allí, al día siguiente llegamos delante de Quío, y al otro día tomamos puerto en Samos; y habiendo hecho escala en Trogilio, al día siguiente llegamos a Mileto.
Hch 20:16 Porque Pablo se había propuesto pasar de largo a Efeso, para no detenerse en Asia, pues se apresuraba por estar el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalén.
Discurso de despedida de Pablo en Mileto
Hch 20:17 Enviando, pues, desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia.
Hch 20:18 Cuando vinieron a él, les dijo:
Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia,
Hch 20:19 sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos;
Hch 20:20 y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas,
Lucas comparte la extraña historia de siete exorcistas judíos itinerantes en la ciudad. Entremezclar los nombres de Jesús y de Pablo en sus encantamientos decididamente es una iniciativa desafortunada para estos exorcistas. Cuando la noticia recorre las calles de la ciudad, “el temor se apoderó de todos, y magnificaban el nombre del Señor Jesús” (Hech. 19:17). El acontecimiento también tuvo un profundo impacto en algunos de los que ya eran creyentes, quienes quemaron públicamente sus costosos manuales de artes mágicas y, “sacando la cuenta de su precio, hallaron que era de cincuenta mil denarios (cincuenta mil días de trabajo)” (Hech. 19:19). Junto con los demás residentes de la ciudad, los creyentes aprenden que la adoración a Jesús no debe diluirse con ninguna otra adoración.
¿Qué implicó el hecho de que quemaran sus propios libros, incluso a un costo económico tan grande para ellos? ¿Qué nos dice eso acerca de asumir un compromiso total con el Señor?

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